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martes, 25 de julio de 2017
 
OPINIÓN/ 2017-03-16 09:34

Las noticias

Diógenes Díaz Carabalí

Escrito por: Erick Rojas | marzo 16 de 2017

Estamos llenos de noticias desastrosas. El morbo periodístico matiza los espacios noticiosos de todos los medios, como si los periodistas disfrutaran del crimen, de los desfalcos, del narcotráfico. El cuento de que en este país los buenos somos más, es un cliché para vender prensa; la verdad es que por donde miremos, de donde avistemos o escuchemos noticia, los malos son la mayoría. Lo único que constituye hechos publicables en Colombia son los delitos, cuando tantos acontecimientos positivos se producen y tantas personas, como mecenas, realizan actividades en favor de sus semejantes.

A ello agreguemos la parrilla de programación televisiva, novelas que hace apología al delito, los protagonistas son bandidos reconocidos, viciosos, gente del bajo mundo, que los ciudadanos comunes y corrientes sólo conocemos a través de este medio; y las películas de origen americano, las ganadoras de “Oscar”, donde los bandidos, el malo del cuento es un mexicano, un colombiano o un cubano. Es decir que estamos rodeados por mensajes podridos, que de ninguna manera representan la realidad de nuestra sociedad, conformada por gente humilde, trabajadora, estudiosa, inquieta, tranquila, hasta espiritual.

Nos han enmarcado en generalizaciones enfermizas. Según esa visión superficial de los medios todos somos corruptos, somos jibaros, somos perezosos, somos ladrones, cuando  la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos viven del trabajo honrado, incluso en las labores más humildes que desempeñan con lujo de detalles. Lo que vemos en las calles es que a personas honradas les confían vehículos para prestar servicios de transporte, les confían las cajas de los negocios, la comercialización de productos, la elaboración de productos artesanales, la venta de alimentos, la producción de elementos de maquila y esas personas en su vida se ven involucrados en problemas por atentar contra bienes y servicios.

  Y claro, no son noticia la entrega de armas de la guerrilla, el hecho de que más de diez mil hombres armados se estén desmovilizando. Tampoco es noticia que cientos de jóvenes compitan por cupos a la universidad en un estado donde las condiciones de ingreso son aleatorias; que deportistas por su propio esfuerzo compitan y ganen en la esfera mundial sin contar con apoyo estatal o que la literatura se haya puesto en el nivel de las mejores del mundo ni que nuestros científicos marquen huella en las más prestigiosas instituciones del mundo de las ciencias. Claro, eso no es noticia. Tampoco que nuestros empresarios compitan en un mundo globalizado, y ni siquiera los avances alcanzados por los gobernantes aún en medio de limitaciones presupuestales.

Algo tiene que ver la formación de los comunicadores sociales, la profesionalización de los periodistas, pero también la relación laboral de los profesionales de la información con los dueños de los medios, pues su inmediatismo se debe a la necesidad de impactar más que con la noticia, con la propaganda, para dejarnos un mundo vacío, sin ideas, para mentalidades fáciles, donde lo importante son los modelos preestablecidos de belleza y bienes a los que lleva la econometría de papel que padecemos.