Por: Armando Saavedra Perdomo

El pasado 8 de marzo se conmemoró el día internacional de la mujer, de nuevo hubo flores en las calles, dedicatorias en las emisoras, frases “hechas” muy bonitas, y las redes sociales se encendieron que si es “celebración o conmemoración”, que si “las felicitamos o les damos una muestra de nuestro apoyo”, en fin, otro día en el que el comercio salió a hacer su negocio, pero en realidad nada nuevo.

Como he dicho en muchas ocasiones, nos vamos por lo superficial, por lo formal, por lo inmediato, así es cuando hablamos de cambio climático, así es en lo político y así es y tristemente parece que seguirá siendo cuando hablamos de equidad de género, o de igualdad de derechos, o de la importancia innegable de la mujer en la sociedad.

Celebramos o conmemoramos otro día internacional de la mujer, pero las cifras de feminicidio siguen al alza, de acuerdo con las cifras oficiales, las cuales varían de una fuente a otra, en 2020, hubo en Colombia 359 feminicidios, según vicepresidencia y/o 519 mujeres asesinadas, según medicina legal. Se registraron 9.652 exámenes medico legales por presunto delito sexual, de los cuales el 85% es decir 8.252 casos fueron mujeres, adolescentes o niñas; se registraron 279 suicidios de mujeres, con razón probable asociada a conflictos de pareja, violencia física, psicológica o sexual.

De acuerdo con las naciones unidas, cerca del 60 % de las mujeres de todo el mundo trabajan en la economía informal, ganan menos, ahorran menos y corren un mayor riesgo de caer en la pobreza; las mujeres que trabajan perciben un 23% menos que los hombres; ocupan apenas el 24% de los escaños parlamentarios y representan menos del 7 % de la dirigencia mundial. Lo que es peor, 1 de 3 mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual.

Estas cifras deben variar. Esa realidad la tenemos que transformar. Esos comportamientos los necesitamos modificar. Por las mujeres todas: la madre, la hermana, la novia, la esposa, la hija, la amiga o, la   compañera de trabajo, es decir el 51 % de la población mundial.

La nueva realidad que debemos construir no es solamente de grandes titulares, ni de regalar flores un día al año, ni mucho menos enfrascándonos en discusiones anodinas y sin sentido en términos de significados. Es modificando nuestro comportamiento diario, nuestra forma de pensar, de caminar y de actuar como vamos a transformar esa realidad tan dura, desigual y violenta como vemos y tratamos a las mujeres, esa nueva manera de ser, pensar y actuar, generará las nuevas dinámicas tipo efecto domino, que mejoren a todo nivel esta sociedad en que vivimos.

Empecemos por valorar y compartir el trabajo doméstico, tengamos una charla en familia y compartamos las responsabilidades, alentemos a nuestros hijo niños y niñas a compartir equitativamente las tareas del hogar, evitemos frases de cajón como “el lugar de la mujer es la cocina”, “las niñas son más delicadas”, o, “es que así son las mujeres”; valoremos a las mujeres desde la infancia, inculcándoles su fortaleza y capacidad transformadora en donde sea se desempeñen.

Finalmente hacer un ejercicio de “consumo responsable”, pues está demostrado que las grandes fluctuaciones climáticas y los desastres naturales, afectan con mayor fuerza a las mujeres.

Para reflexionar: ¿Somos consumidores responsables?