Creo que nadie en Colombia tiene duda que debemos como Nación hacer un cambio. Cambio en el modelo económico que a pesar del supuesto crecimiento económico que hay para las grandes empresas, para el pueblo, el resultado ha sido solo desempleo, hambre, falta de oportunidades y la inseguridad que campea por todo el territorio nacional.

Cambio en el modelo social, se necesita un estado que defienda y beneficie a su pueblo y no a unos pocos, por ejemplo, terminar de aplicar de una vez por todas la Ley de salud, que a pesar de haber sido aprobada, no se aplica porque beneficia más al personal de la salud, y a la comunidad que a las EPS.

Cambios en el modelo educativo, de un lado por un modelo que propendan por la investigación, por la formación en valores, y que opte por conocimientos más acordes con las necesidades reales de la sociedad actual, de otro, ya la pandemia demostró que la cobertura de internet era infinitamente menor en el territorio nacional de lo que cacareaba el Ministerio de las Comunicaciones, y para colmo está lo de la desfachatez de los 70 mil millones.

El más difícil de todos, cambios en el modelo político. El cambio si se quiere más importante y estructural, pues es allí en lo político donde se incuban las causas de la gran mayoría de problemáticas que hoy tenemos.

Pero ¿qué hacer? En la coyuntura actual, hay en teoría múltiples opciones, están la derecha y ultraderecha, representadas por los candidatos del Centro Democrático, partido de la U, Conservadores, Liberales, Cambio Radical y Mira. Del lado de la izquierda y los movimientos alternativos está El Pacto Histórico que aglutina a 16 partidos y/o movimientos políticos, siendo los más reconocidos El Polo democrático, la UP, Mais, entre otros, y finalmente están los partidos y movimientos que se denominan de centro, entre los que se encuentran el Partido Verde, Dignidad, la Alianza Social Indígena ASI, y Colombia Renaciente.

Con este panorama se podría pensar que la democracia está muy fortalecida, y que entre tantas posibilidades, el ejercicio de elegir será muy dinámico y enriquecedor, sin embargo, la realidad es que la elección a la que estamos abocados como pueblo, es a elegir entre: La vida y la muerte, entre la riqueza de unos pocos y la pobreza de muchos o la posibilidad de construir oportunidades para todos y todas, entre un modelo Neoliberal que asume el capital como su fin último y un modelo de capitalismo social, en el cual su fin último es la gente, la sociedad. En tal sentido solamente debería haber dos opciones, la de las maquinarias, es decir la derecha y la ultraderecha, que al final se unirán en torno al candidato que les ordene el ex presidente Uribe, y los otros, ya sean centro, alternativos o izquierda, quienes deberíamos unirnos, construir consensos, buscar construir en las diferencias, y aprovechar esta multiplicidad de propuestas para a partir de ellas construir la mejor, sólida y fuerte opción que podamos presentar, de lo contrario no habrá futuro.