DIARIO DEL HUILA, HISTORIA

Por: Hernán Galindo

Pedro Páramo Quintero lleva dedicado más de 37 años a la docencia. Estudió ingeniería química en la Universidad Nacional y química y biología en la Distrital. Hoy, es licenciado en matemáticas y física, profesor y rector.

Pedro Páramo Quintero estudió secundaria en el Colegio Nacional Santa Librada de Neiva. Se graduó en 1975. De la institución, dice, que tiene grandes recuerdos por las enseñanzas que los profesores les dejaron a él y a sus compañeros, “hermosa huella que marcó mi vida”.

Recuerda, entre otros, a María Olaya, al pastuso ‘Mascarita’, Nicolás Yepes, Rafael Pino y a la profesora Gladys Matiz.

Cursó 5 semestres de ingeniería química en la Universidad Nacional y al mismo tiempo estudiaba biología y química en la Distrital, en Bogotá.

“De la Nacional me retiré a raíz de tanto paro, era una época muy convulsionada en el país y se hacían paros muy prolongados. Eso me desilusionó, se perdía el ritmo de estudio, que tanto me apasionaba”, cuenta.

De la Distrital salió por un accidente al rodar por una escalera. “El sector en donde queda la institución es en la zona de Los Cerros, muy empinada. Casi me mato”, explica, y ríe.

Regresó a Neiva

Retorna a Neiva y en 1984 recibe el grado de licenciatura matemática y física en la Surcolombiana. Ese mismo año fue nombrado maestro en el Colegio La Asunción, en Tello. Fue el despegue de su carrera como docente en lo público. Antes ya había laborado en lo privado, mientras terminaba sus estudios.

“Antes de graduarme ya era profesor del colegio Latinoamericano, ya comenzaba a tener experiencia”, señala, con alegría, mientras hace memoria.

Luego pasó al colegio Liceo Santa Librada y fue también docente en el nocturno José Eustasio Rivera, donde duró 19 años con gratos recuerdos en el barrio El Jardín. “Mi pasión por la enseñanza ha sido desde tiempo de estudiante en el bachillerato”, confirma.

Fue profesor de matemáticas en la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) desde 2007; profesor en   la Uniminuto y desde 2011, por concurso que ganó, rector, inicialmente en Pedernal, Teruel, y desde 2013, en Pacaraní, Tesalia.

Del Pedernal, recuerda que era una institución pequeña, con 120 alumnos, casi todos indígenas, con nombres y apellidos extraños. Fue otra bonita experiencia académica, que aprecia con cariño.

Actualmente es rector, combinando la parte administrativa y la docencia. ´Yo mezclo los dos campos. Soy rector en Pacarní, plaza que me gané igualmente por concurso. Allí laboro de lunes a viernes y sábados y domingos soy profesor de la ESAP”.

Reflexiona y dice que lo de las ingenierías se dio porque en el bachillerato siempre fue un estudiante sobresaliente en química y matemáticas.

Su nombre no deja de ser curioso, Pedro Páramo, personaje central de una de las novelas del escritor Juan Rulfo.

“Me reconocen quienes han leído y tengo una anécdota que siempre recuerdo. En una visita del ex presidente Samper a Neiva, para dictar una conferencia en una fundación que tiene, yo me presenté, Pedro Páramo, dije. Cuando todo terminó me llamó, Juan Rulfo, Juan Rulfo, y soltó la carcajada. Así estuve a su lado todo el tiempo.

A continuación, dice que su nombre no tiene nada que ver con el personaje de la novela, personaje de la revolución mejicana, de violencia, de un padre perdido y desconocido: “Mi padre me bautizó en homenaje a un tío de él que tenía el mismo nombre. Lo quería mucho”.

De ese tío abuelo hay una historia muy bonita del colegio Santander de Girardot, en Cundinamarca. Siendo un hombre autodidacta, sabía latín, francés y fue quien le dio el título honoris causa a Julio César Turbay Ayala, pues estudió hasta noveno en esa institución y luego fue presidente de Colombia.

El entorno familiar siempre ha sido fundamental en su vida. Su mamá, Zoila Quintero, fue quien les enseñó a leer y a escribir a once hijos. Cuando entramos a estudiar al colegio estábamos adelantados, ya sabíamos, además, sumar, restar, multiplicar y dividir. El papá era constructor.

“Mi madre, con las hojas de los bultos de cemento, nos hacía cuadernillos y allí nos enseñaba a leer a escribir y las operaciones básicas de matemáticas. Era una persona maravillosa y muy inteligente. Sabía la importancia del estudio”, asegura.

Ella estudió en primaria con Olga Duque de Ospina, en La Presentación, con la hermana Nora y una señora vecina en Campo Núñez, de nombre Amira Moreno, que todavía vive.

Años maravillosos

Pedro Páramo vive hoy con la tranquilidad que dan los años, junto a su señora, Consuelo Bernal Tovar, quien es la que lo ha cuidado toda la vida. Llevan 42 años de casados y comparten con tres hijos, Gina Catherine Páramo Bernal abogada, Pedro Paramo Bernal   salud ocupacional Mónica Alexandra Páramo Bernal, ingeniera ambiental con maestría.

Dice que cree en el Dios de Espinosa, “es el de la vida, el de la alegría. Mi papá tenía una frase que puede ser repetitiva, pero que aplico: “Él que no vive para servir no sirve para vivir”.

Es la historia de Pedro Páramo, neivano apasionado por la enseñanza, “con amor y devoción”, por eso, no extraña que en la actualidad esté escribiendo un libro sobre la historia de las matemáticas.

Pedro Páramo, toda una vida entregada a la educación

En la I.E Pacarní aplicando nuevas metodologías con alumnos de grado tercero.