Por: Froilan Casas

Una de las características de una tiranía, de una dictadura es cuando el gobernante se perpetúa en el poder. Si hay algo propio de una democracia es la alternancia de los partidos en el poder. El gobierno del pueblo y en favor del pueblo, no de un grupo del pueblo, se caracteriza por el libre juego de los partidos en la elección de sus gobernantes. Valerse del pueblo, aprovechando su ignorancia, su necesidad de empleo, de trabajo, de pan, de satisfacción de las necesidades básicas para manipular sus conciencias, es la más aberrante esclavitud. Institucionalizar un partido, es un atentado a la democracia, para decir lo menos.  En México, por ejemplo, bajo el sofisma de distracción de la palabra revolución, se institucionalizó la revolución y se sofocaron y masacraron los partidos políticos, fue una dictadura de partido, por setenta años, imagínese: nadie podía pensar lo contrario, se le calificaba de anti revolucionario. En Colombia se ha pretendido, por fortuna no ha durado mucho, calificar a la democracia como “república liberal”, ¡qué contrario a la democracia! Qué pena, Colombia no le pertenece a ningún partido político. Una de las características de la democracia es el pluralismo; la diferencia, bien manejada, enriquece la política. Un gobernante debería casarse con la calidad, no con un partido político. El criterio para seleccionar a los funcionarios debe ser la calidad humana, profesional y ética, no los pergaminos políticos. No es por ser varón o mujer, indígena, mestizo o afrodescendiente para seleccionar a un funcionario: es su calidad. Evitemos esos revanchismos de índole sexual o étnica. Es la persona lo que cuenta, no sus orígenes. En el fondo de muchos existe una mentalidad monárquica: darle sello de dirigencia a los hijos y descendientes de los  líderes políticos. La calidad no se hereda en la sangre, se hereda y se muestra en la conducta. Cuántos descendientes de los otrora dirigentes son una piltrafa. Por favor, superemos esos complejos de inferioridad y esa actitud servil. Qué triste que en la “Santa Rusia” el gobernante actual se perpetúe en el poder: ¡qué contrario a la democracia! Es una nueva forma de dictadura de partido. De hecho, dentro de la filosofía marxista es la dictadura del proletariado, una clase social, la que se perpetúa en el poder y se aplasta cruentamente cualquier disidencia. En las mal llamadas “democracias comunistas”, es la dictadura de partido la que gobierna por décadas a una república. El famoso trípode de la revolución francesa: LIBERTAD, FRATERNIDAD E IGUALDAD, se hace funcional y operativo en los regímenes democráticos. Todo monopolio es nefasto: en la política, en la economía, en la religión, en la ciencia, en el deporte, etc. El monopolio en la política es el más nefasto de todos. Muchos partidos y movimientos políticos proclaman a todos los vientos el pluralismo cuando están en la oposición, pero cuando llegan al poder, se vuelven los más crueles tiranos. ¡Cuidado! No hay peor verdugo que aquél que ha sido esclavo. Los resentidos sociales son los más peligrosos en el poder; la sed de venganza con que llegan a él, no tiene límites. Y esto en todos los campos.