El vocablo “perrhijo” fue acuñado, por primera vez, en 2011, y lo que se pretendía era combinar, en una misma palabra, el concepto perro e hijo, y evidenciar una nueva tendencia: dar trato de niños dentro del núcleo familiar a una mascota.  Traigo este tema a mi columna de opinión, a propósito del revuelo que causó la semana pasada, un mensaje expresado por el Papa Francisco, durante la primera audiencia nacional del año. En este, el pontífice tildó de “egotistas” a aquellas personas que prefieren tener mascotas en lugar de hijos. También señaló que negarse a la maternidad y paternidad,  “quita la humanidad” a las personas, y además genera en la población del planeta, lo que el denomino “invierno demográfico”.

Según la revista Empresarial & Laboral, los estudios de la industria  para mascotas en Latinoamérica, revelan que en Colombia, esta industria ha tenido un crecimiento anual promedio del 13%, ocupando el 4º lugar, después de Brasil, México y Chile. Las causas de este crecimiento tienen que ver  con el cambio de percepción  de las mascotas, pues según el estudio dejaron de ser animales y se han convertido en un “miembro más de la familia”,   acompañado de un fenómeno social denominado el “síndrome del nido vacío”, el cual está relacionado con las parejas jóvenes que no tienen hijos y que llenan la necesidad de dar afecto y protección con un animal doméstico.

En Colombia se han logrado avances legislativos fundamentales en materia de protección de los animales. Se puede decir sin lugar equivocarse, que hoy dia, en nuestro país los animales gozan de especial atención, e incluso se habla que tienen “agenda legislativa propia”. En el Congreso se debaten temas como  la prohibición de la tauromaquia y la creación de un código donde aglutine toda  la norma  de protección y bienestar animal.

 

Hecho este recuento de antecedentes, celebro el fortalecimiento de las normas que propenden por el cuidado y respeto por los animales,  y de igual forma me manifiesto en total acuerdo con lo expresado por el Papa. Creo que no deberíamos humanizar a nuestras mascotas, creyendo que con esto los queremos más. Recordemos que cuando asumimos comportamientos antinaturales quebrantamos el equilibrio del universo, el maltrato también lo causamos cuando alternaos  el comportamiento y el ámbito natural de los animales.  Ni tan cerca que lo queme, ni tan lejos que no lo alumbre.