martes, 25 de septiembre de 2018
Contexto/ Creado el: 2018-03-11 09:10 - Última actualización: 2018-03-11 09:12

Políticas del asbesto en Colombia: hacia una “prohibición blanca”

Resulta imposible que un proyecto de esta naturaleza sea ajeno al debate científico, a pesar del alto contenido político que maneja.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | marzo 11 de 2018

Por Guillermo Villamizar, Pte Fundación Colombia Libre de Asbesto (FundClas)

Avanza en el Congreso el proyecto de prohibición del asbesto en Colombia, liderado por la senadora Nadia Blel. En esta ocasión el proyecto se aprobó en la comisión VII del Senado y se prepara su presentación ante la plenaria para que la misma exprese su voluntad.

Resulta imposible que un proyecto de esta naturaleza sea ajeno al debate científico, a pesar del alto contenido político que maneja, y aunque se sabe que el sector que emplea el asbesto en Colombia hace gala permanente de un fuerte lobby ante las instancias correspondientes, las estrategias de la prohibición del asbesto tampoco son ajenas al movimiento de intereses que trascienden la noble iniciativa de la prohibición.

En una Acción Popular que cursa en el Juzgado Administrativo No. 39 de Bogotá, el abogado Ramiro Bejarano (en representación de Eternit) reveló la posible participación de la oficina de abogados representada por el doctor Humberto de la Calle, en acciones encaminadas a prohibir el asbesto en Colombia.

Esta oficina de abogados representa los intereses del grupo Etex en Colombia, quienes operan actualmente bajo el nombre de Skinco – Colombit, empresa que utilizó asbesto hasta el 2002 en su planta de Manizales.

Cuando se revisa el historial del debate sobre el asbesto en Colombia, los cacaos de la política y la economía salen a relucir, jugando cada uno, desde diferentes escenarios, sus propios intereses con respecto al complejo tema de la interdicción de este mineral en Colombia.

El actual dueño de Eternit es el grupo Elementia, de México, que tiene en su lista de accionistas nada más ni nada menos que a Carlos Slim, y cuenta para su defensa con el abogado ya mencionado Ramiro Bejarano.

Incolbestos tiene en su nómina a la oficina de abogados DLA Piper Martínez Neira, del actual fiscal general de la Nación, y su propietario es el reconocido empresario Nayib Neme.

Por su parte, Skinco-Colombit pertenece a la multinacional Etex con presencia en más de 40 países alrededor del mundo, y propiedad de la familia Emsens de Bélgica. Todas estas empresas estuvieron agremiadas en Ascolfibras, el lobby del asbesto en Colombia, pero cuando Colombit dejó de utilizarlo para migrar a tecnologías limpias, empezó una guerra silenciosa entre aquellos que ya no utilizan el asbesto y aquellos que afirman que el asbesto, empleado en condiciones de “uso seguro” garantiza la salud de los trabajadores.

El Proyecto de Ley tuvo modificaciones después de su tránsito por la Comisión VII y algunas proposiciones introducidas por el senador Jesús Alberto Castilla sin duda lo fortalecen. Hace pocos días se dio cumplimiento a una audiencia pública donde se discutieron –de nuevo- diferentes puntos de vista alrededor del tema. Quiero aclarar que la senadora Nadia Blel, quien preside la comisión, no me permitió hacer uso de la palabra pese a que le manifesté mi intención de hacerlo. Por parte de la industria intervinieron Jorge Hernán Estrada y Javier Parga, y un representante de la ANDI, quien a todas luces dejó entrever su apoyo al sector empresarial que utiliza el asbesto en Colombia.

Del sector que respalda la prohibición intervinieron Greenpeace, Juan Pablo Ramos de la Universidad de los Andes y sectores del Gobierno y los Ministerios, especialmente Salud, encabezado por la doctora Adriana Estrada, quien exhibió una defensa con argumentos de peso en favor del proyecto de ley. Del mismo modo, la doctora Gianna Henríquez, del Instituto Nacional de Cancerología (INC), hizo una exposición lúcida y con autoridad en pro de su interdicción, lo que le aporta un piso sólido, desde una institución tan seria e importante para los colombianos al debate sobre la prohibición del asbesto en Colombia.

En un trabajo conjunto entre la Fundación Colombia Libre de Asbesto, la Universidad Nacional, la Fundación Universitaria Juan N. Corpas y la Universidad de Drexel (EE.UU.) hicimos un acercamiento con 102 trabajadores de la industria del asbesto en Colombia, y gracias al apoyo y experiencia de los doctores Arthur Frank y Gabriel Bustillo, detectamos a 14 trabajadores positivos por exposición al asbesto. Una cifra bastante preocupante, especialmente cuando en nuestro país el conocimiento de las enfermedades relacionadas con el asbesto es poco claro para las autoridades y el cuerpo médico colombiano.

La ruta diagnóstica de este tipo de enfermedades no aparece concentrada en una institución que ofrezca suficientes garantías a la hora de identificarlas y en la mayoría de casos, son los médicos generales quienes en principio entran en contacto con los pacientes eventualmente afectados.

La tos, la disnea, los roncus y las sibilancias pueden estar asociados como síntomas a diferentes tipos de enfermedades pulmonares, sin que en la mayoría de los casos se establezca algún tipo de relación con los antecedentes laborales de exposición a sustancias peligrosas, como lo es el asbesto.

El paso dos del médico general consiste en ordenar la valoración por neumología y ahí se inicia un transcurso impreciso para la determinación del diagnóstico. Las gatiso neumo para enfermedades pulmonares recomiendan que aquellos que efectúen diagnósticos a partir de placas de rayos x, estén debidamente entrenados en la guía desarrollada por la OIT como lectores B.

Y aquí surge la pregunta ¿Cuántos expertos tenemos en el país con tal nivel de experiencia? No más de tres a lo sumo, y si existieran tan siquiera 10, no son ellos precisamente quienes leen e interpretan las imágenes de este tipo, sino radiólogos y neumólogos con poca experiencia en el tema, especialmente para estadios tempranos que van de lo normal a lo anormal y que la guía clasifica de 0 a 1.

De nada vale que mañana prohibamos el asbesto, si no se amplía el horizonte de la discusión a niveles críticos como el tema del diagnóstico, y si a esto le agregamos que quienes lideran el debate en el Senado ejercen sutiles formas de control al discurso, poco será el espacio para enriquecer el debate.

Es por ello que el país necesita avanzar en la prohibición, pero esta ley debe tener unos principios integrales que logren dar cuenta de los diferentes enfoques que hacen parte del problema.

La identificación de una ruta diagnóstica sólida y su aplicación deben ser parte fundamental de esta iniciativa. El proyecto pretende dejar en manos de una comisión de transición muchos de estos temas, pero personalmente dudo bastante de que contemos con el interés y conocimientos necesarios para entender todo el espectro de esta problemática, especialmente desde las instancias oficiales que se mueven con los vientos coyunturales que traen los ministros de turno.

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