Deshojando Margaritas

Tuvimos la oportunidad con mi esposo de recibir la primera dosis de la vacuna contra el Covid 19. Una experiencia increíble, sentir que empezamos a inmunizarnos contra un virus que es como el demonio, que aterroriza por la posibilidad de ser mortal. De nuestra EPS Medimás nos llamaron y dieron la cita para las 10 am. Yo todavía no tengo 70 años, pero me pidieron que me presentara por si acaso. Y funcionó. Nos aplicaron la dosis de Pfizer a la 2 pm, la segunda será en 21 días. Es duro esperar 4 horas al rayo del sol, pero como se dice en el argot popular “el que quiere marrones aguanta tirones”. Me decepcionó la actitud de los que estaban en la fila, bastante desesperados, afanados y hasta maleducados. Muchos tratando de burlar los turnos, casi nula cultura ciudadana. Los mayores, que deben dar ejemplo, hablaban a gritos. Como dijo una enfermera: “Esto parece una plaza de mercado”. El personal de salud estaba incómodo por la actitud poco cívica de algunos “viejitos cascarrabias”. Sus acompañantes, gente joven, volteaban la mirada a otro lado, avergonzados. Mal la EPS por el desorden, nos habían citado a una hora e hicieron pasar primero a otros espontáneos que aparecieron sin cita. A las 12 meridiano nos dijeron que el personal de vacunación tenía que salir a almorzar y regresaba a la 1 pm. “Vayan y vuelvan”, nos insinuaron. No faltó el acelerado que vociferó furioso. “Nosotros somos seres humanos”, dijo la enfermera quien entre otras cosas contó que hay días que han vacunado 120 personas. En la EPS Medimás por ser privada tienen menos personal que en las públicas. Una sola persona reseña los grupos de seis, que son las dosis que contiene cada frasco. Toma datos personales, temperatura, oxigenación, pulso y tensión. Después, los seis pasan a otro salón sobre el andén, encerrado en una lona blanca, donde confirman datos personales. Viene luego el paso a otro despacho donde proceden a vacunar. Ayayay dije yo, pero no duele, es más el susto. Nos tomaron de nuevo la tensión y solicitaron esperar media hora sentados para descartar cualquier problema. Chao, vuelvan el 4 de mayo para la segunda dosis. A pesar de las pequeñas incomodidades estamos felices, como si nos hubieran quitado un piano de encima.