Recientemente en esta Casa Editorial, expresábamos la preocupación por la indisciplina social que ha venido caracterizando a la sociedad colombiana, porque no se han respetado estrictamente los protocolos de bioseguridad, para evitar la propagación de este virus mortal. A medida que avanza la jornada nacional de vacunación contra el Covid, se empieza a presentar un nuevo rebrote de contagios en algunas regiones del país, que empieza a preocupar a las autoridades sanitarias, porque se ha vuelto a presentar un desbordamiento en el uso de las UCI, que empieza a amenazar seriamente el sistema de salud.

No podemos confiarnos en la vacunación que está adelantando el gobierno nacional, que a la fecha apenas han superado los 3,5 millones de personas vacunadas. La mayoría de las ciudades capitales del país. Es cierto que estamos cansados de esta tragedia sanitaria que ha provocado durante los últimos 12 meses por este diminuto virus mortal. Pero muchos sectores poblacionales, empiezan a comportarse como si todos estuviéramos vacunados.

El relajamiento ocurrido en la Semana Santa está pasando factura. El coronavirus, todavía sigue deambulando por el ambiente. No forma todavía parte de la historia. Sigue latente en medio de nosotros, por lo cual, el desbordamiento del número de contagios y fallecimientos, se están acercando peligrosamente a los picos presentando a finales del año anterior en el país.

La responsabilidad es de nosotros. Es inaudito que algunos desadaptados sociales estén pensando en estos momentos de crisis sanitaria que estamos viviendo, en participar en fiestas y aglomeraciones. Es la falta de conciencia social de estos irracionales, que no utilizan tapabocas, ni el lavado de manos, contribuyendo a la masificación de los contagios y fallecimientos que tienen amenazado al sistema nacional de salud.

Es evidente que el país esté presentando una reactivación del covid-19 en algunas ciudades en las últimas semanas, y es latente el riesgo de un nuevo ascenso en la curva epidémica nacional para las próximas semanas y de lo que no escapa el territorio huilense. Esta dimensión devastadora ha empeorado ostensiblemente, lo que genera la necesidad de empezar a analizar con urgencia las variables que definen el panorama epidemiológico nacional. Es hora de comenzar a hablar con rigor del impacto de las nuevas variantes del virus, la duración de la inmunidad natural, las reinfecciones y los verdaderos niveles de seroprevalencia, que hasta hace poco, daban algún piso de tranquilidad.

No se trata, de ninguna manera, de estigmatizar la reapertura de las actividades económicas o de oponerse a su necesaria reactivación, por la generación de ingresos que se ha venido presentando. Por el contrario, lo que se pretende es mantenerlas vivas y activas, pero con las medidas requeridas para evitar contratiempos mayores.