Por: Luis Alberto Albarracín Palomino

El próximo sábado 6 de marzo, cumplimos el primer aniversario de la presencia del Covid en Colombia, cuando se detectaron los dos primeros contagios en Cartagena y que provocó el más cruel confinamiento a partir del 26 de marzo del año anterior, para contrarrestar el avance de esta mortal pandemia que ha ocasionado 56.166 muertes de acuerdo con el Boletín proferido por el Ministerio de Salud el día anterior.

Los efectos adversos para la sociedad mundial habían empezado a generar la más profunda tragedia epidemiológica, social y económica del presente siglo en todos los países del planeta. Afectó la dinámica productiva a nivel global, que se vio reflejada en la segunda recesión económica mundial de las últimas décadas, obligando a los gobernantes sin excepción a decretar cuarentenas estrictas, que impidieron la libre movilización y la semi parálisis de las grandes factorías de las empresas multinacionales, como nunca visto en la historia de la humanidad.

El origen de la pandemia fue en China que obligó al país más poblado del planeta y considerada la segunda potencia económica mundial, a la aplicación de estrictas medidas del Gobierno de Pekín, como la cuarentena regional y otras restricciones de la movilización, que terminaron paralizando las actividades de fábricas y plantas de producción por el país. Estas decisiones provocaron un colapso en la balanza comercial de este gigante chino.

En Colombia, el precio del dólar superó por primera vez en la historia, la barrera de los 3.800 pesos y el precio del barril del petróleo Brent, se redujo a 30 dólares el barril. Igualmente, las bolsas mundiales presentaron una significativa baja. Mientras las economías globales se resintieron por los efectos de las medidas para contener el Covid-19 y, al mismo tiempo, los precios del petróleo se desplomaron por la guerra de precios impulsada por la OPEP, producto de la baja demanda de los combustibles.

Pare Colombia ha sido funesto la expansión del Covid durante este periodo. Tuvimos la recesión más grave de toda la historia republicana que se reflejó negativamente en los indicadores económicos, afectando el bienestar de las familias colombianas. Es urgente que se revisen las expectativas macroeconómicas, para estructurar estrategias de política económica coherentes con la reactivación económica en los próximos años. No podemos seguir improvisando. Actualmente tenemos un preocupante panorama futuro de las finanzas públicas nacionales y de los entes territoriales. Todas presentan un abultado déficit fiscal.

Están siendo acompañados de una alta tasa de desempleo, que está permeando negativamente el bienestar de las familias colombianas. Es incierto el panorama. Todavía no se visualiza en el corto plazo, una luz al final del túnel para salir de esta tragedia que hemos estado viviendo y soportando, así el equipo económico del alto gobierno exprese lo contrario. Existe una crisis general de ingresos en todo el país y especialmente en el Huila. Durante los primeros diez meses del año anterior, de acuerdo con el boletín proferido recientemente por el Dane, se cerraron 10.863 micronegocios de los 35.813 que tenía antes de la pandemia. Es un dato muy significativo, que obliga a las entidades gubernamentales, a replantear todas sus estrategias para reactivar la economía regional.