Diario del Huila

Prospectiva de la economía colombiana

Ene 1, 2022

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DIARIO DEL HUILA, ESPECIAL

Por: Luis Alfonso Albarracín Palomino

Si el balance de 2019 giró alrededor del positivo crecimiento de Colombia en comparación con el estancamiento latinoamericano, este año el coronavirus a pesar de su impacto negativo que ha tenido la dinámica productiva del país, espera recuperar el tiempo perdido durante el año anterior.

El 2020 será recordado tanto por la pandemia de covid-19, como por la profunda crisis económica. El 2021, lo recordaremos como el año de la recuperación de la más profunda crisis social y económica, que padeció la economía colombiana. El comportamiento de la economía colombiana durante estos 21 meses, no se puede entender, sin el choque generado por la lucha contra el coronavirus. La pandemia de covid-19 impulsó por todo el mundo fuertes medidas sanitarias que paralizaron casi la totalidad de la actividad económica global. El año anterior el PIB decreció un 6,8%. Este año, los expertos monetaristas estiman que el crecimiento estará alrededor del 8%.

Si el balance de 2019 giró alrededor del positivo crecimiento de Colombia en comparación con el estancamiento latinoamericano, este año el coronavirus a pesar de su impacto negativo que ha tenido la dinámica productiva del país, espera recuperar el tiempo perdido durante el año anterior. La fotografía de la actividad productiva colombiana del arranque del año es muy distinta a la presentada en la vigencia 2020. El repunte que se ha presentado durante los últimos trimestres perfila un año dinámico que superaría el crecimiento del 2019.

En el año anterior, por segunda vez en 44 años, la economía colombiana, caracterizada por su resiliencia y su estabilidad, cayó en una recesión. Este año es sinónimo de recuperación. Por más de cinco meses el país experimentó en el 2020, cuarentenas y cierres, en varios grados e intensidades, que desplomaron las actividades económicas a niveles nunca visto. La economía colombiana tocó fondo en abril, con una caída histórica del ISE del 20,5 por ciento. Aunque basados en las recomendaciones científicas, los confinamientos generalizados destruyeron más de 5 millones de puestos de trabajo y desnudaron profundas inequidades sociales, digitales, regionales, de género y laborales dentro de la sociedad colombiana.

El choque de la pandemia impactó no solo el empleo y el dinamismo del sector privado, sino que también agudizó los desafíos fiscales que ya venía sufriendo el Gobierno. Tanto la respuesta de salud pública contra el Covid, como el financiamiento de billonarios programas de ayudas monetarias a hogares y empresas impulsarán el déficit fiscal colombiano este año al 8,9 por ciento del PIB y el nivel de endeudamiento público al 60 por ciento del PIB. Una de las más duras herencias económicas de la crisis de 2020, generó la aprobación de la Ley de Inversión Social (Reforma Tributaria) durante el presente año, para intentar llenar el hueco en las finanzas públicas.

Hay que destacar el gran logro del gobierno nacional para buscar un consenso para fijar el salario mínimo legal mensual para la próxima vigencia. Se logró un acuerdo histórico entre las centrales obreras, los gremios de la producción y el gobierno nacional para establecerlo, el cual regirá a partir del 1 de enero próximo. Se fijó con un incremento del 10,07%. Este aumento nominal también se verá reflejado en el incremento del auxilio de transporte que quedó definido en $117.172. Ha sido considerado un aumento justo, dada la situación social y económica en que se encuentra sumida la sociedad colombiana provocada por la pandemia del Covid desde hace 21 meses.

Muchos expertos de la opinión pública consideran que es una jugada maestra del primer mandatario de los colombianos, dado su nivel bajo de su imagen que ha venido presentando en los diferentes sondeos que han realizado periódicamente las empresas encuestadoras. Con ello se busca recuperar el tiempo perdido provocado por las erradas decisiones en materia de política económica, tomadas anteriormente.

Igualmente, se prevé que la tasa de inflación de la actual vigencia bordeará el 6%, con lo cual, la sociedad colombiana, deberá prepararse para pagar con estos aumentos, la escalada de subida de precios en los servicios esenciales de la canasta familiar, que tiene diferentes categorías: alimentos, transporte, vivienda, educación, salud, recreación, multas de tránsito, copagos del Soat, servicios públicos y algunos bienes de consumo, entre otros, que incrementan su precio iniciando cada año. El creciente costo de los alimentos impacta más a los hogares vulnerables y enrarece la reactivación.

La sociedad colombiana está soportando durante el segundo semestre del presente año, un incremento de los precios de bienes y servicios, que se han visto reflejado en los indicadores que mensualmente promulga el Dane sobre el estado de la inflación en nuestro país. Algunos factores exógenos están ocasionando estas alzas en todos los renglones de las actividades económicas. Alza del precio de la divisa norteamericana que actualmente bordea los $4.000, la crisis de los containers provocada por el represamiento de mercancías en los principales puertos del mundo, generando una profunda crisis global en la distribución y comercialización de èstas, que no han podido llegar a sus destinos. Los diferentes sectores de la economía se han vistos afectados por la escasez de rutas de transporte, con fletes que se han multiplicado por cuatro, incidiendo en la disponibilidad y los costos de los productos.

Este fue un año que empezó muy bien para el sector productivo del país. La industria tuvo un primer trimestre muy bueno con un aumento en la demanda, que en general, creció todo el año. Con el paro, salió afectada y todavía está sufriendo las consecuencias. Se han incrementado los costos de energía, logísticos y de transporte, que junto con la reforma tributaria aprobada hace tres meses, se trasladan al mercado de bienes y servicios. Los precios se están incrementando al consumidor, generando un aumento de la inflación.

Y para completar la crisis, la cabalgata inflacionaria que experimenta la economía no es exclusiva de Colombia; el mundo vive una auténtica resurrección del costo de la vida ocasionado por la destorcida postpandemia de los precios de las energías, la demanda de containers y la disparada de los fletes de transporte. Las tarifas altas no son buenas para nadie, ni para los productores, ni para los consumidores; es una tendencia que parece se va a instalar hasta bien entrado el primer trimestre del próximo año, situación que obligará a los bancos centrales a subir las tasas de interés para ir desinflando la variación al alza de los precios. El elevado costo de vida, medido por las canastas familiares o las cestas de precios, está protagonizado especialmente por los alimentos que dependen de materias primas, abonos, químicos, fungicidas y transporte para ser producidos.

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