Por: Anibal Charry González

Un editorial que leí en el periódico de Pereira EL DIARIO, acerca de la justicia, que se interrogaba frente a la pavorosa inseguridad y criminalidad que nos asuela a lo largo y ancho de la geografía nacional, sobre qué ciudadano se atrevía a poner un denuncio o a testimoniar en  contra de un delincuente,  si sabe que al día siguiente se lo va a encontrar en la calle cometiendo las mismas fechorías, me inspiró este artículo sobre el tema, que yo he replanteado preguntándome qué clase de justicia es la que tenemos, agregándole con relación al proceso que se le adelanta al exsenador Álvaro Uribe, que cómo era posible que un solo funcionario politizado y de menor rango en la insólita administración de justicia que tenemos con dos sistemas en materia penal,  terminara pidiendo la preclusión pasándose por la faja las mismas pruebas que le habían servido a  nuestro máximo tribunal de la justicia ordinaria, que actuó en forma unánime para llamar a indagatoria y detener a Uribe en una providencia de más de 1500 folios.

Lo anterior para significar que nuestra justicia es un verdadero circo sin credibilidad alguna en materia penal donde campea la impunidad,  porque los delincuentes de todo pelaje saben que tenemos un sistema penal hecho a su medida,  que por supuesto ha desbordado la capacidad del Estado para meterlos en cintura garantizando la seguridad ciudadana, hoy inerme y aterrorizada por su demencial embate y dispuestos a matar para obtener sus protervos resultados, convencidos plenamente de que aun sorprendidos en flagrancia,  más se demoran corriendo riesgo de muerte nuestras autoridades en detenerlos, que los jueces dejándolos en libertad para que sigan delinquiendo a sus anchas,  incluso con otras condenas y brazaletes que no sirven en absoluto para disuadirlos de no delinquir,  porque saben de las bondades del laxo sistema que les garantiza seguir delinquiendo impunemente.

Y es que todos los días nos abruman con noticias de que los delincuentes cometen toda clase de fechorías y siguen gozando de libertad y lo que es todavía más aberrante, a convictos peligrosísimos  les dan permisos de salida para que cometan masacres como ocurrió el año pasado en el Quindío, demostrativo de la lenidad de nuestro sistema penal garantista pero con el criminal para que siga delinquiendo, sin que nadie se atreva a proponer su reforma para que tengamos un solo sistema penal y penitenciario que responda a nuestra idiosincrasia delincuencial, que no permita además que los mismos procesados como ocurre con los aforados escojan el sistema penal que se ajuste   a sus propósitos de impunidad escogiendo los jueces de su bolsillo, que nos obliga a preguntarnos insistentemente, que clase de justicia es la que tenemos.

Escolio. Viendo el deplorable  estado en que se encuentra el Cementerio Central,  que más parece un tugurio,  cuando en otras partes son monumentos históricos, resulta urgente que sus administradores asuman su recuperación, para que por lo menos los vendedores de flores tengan un sitio decente  para que los deudos puedan visitar y honrar a sus muertos.