Diario del Huila, Crónica

Por: Juan Manuel Macias Medina

Diana Salinas es la hija de quien, según ella, trajo el mercado de la ropa usada, desde hace cerca de 20 años, a la ciudad de Neiva. Para ella, la labor que realizan es fundamental en la capital, pues allí acuden decenas de personas cada mes, a buscar ropa de calidad pero con descuentos de hasta el 90%.

No es para menos, una camiseta que en el mercado habitual tiene un precio de $100.000, en estas compraventas de ropaje, se consigue hasta por $10.000. Ahorrar dinero y vestirse bien, es la premisa con la que gente de todos los estratos, llegan a estos almacenes de ropa usada.

“Aquí la gente viene, primero, porque la ropa es buena, y segundo, porque es mucho menos costosa que nueva en un almacén. Con eso se visten bien y se ahorran un dinero”, dijo Diana Salinas, la propietaria y asesora de un local de ropa usada, ubicado en la carrera Primera H, pleno centro de la capital opita.

“Nosotros traemos ropa americana que muchas veces no venden aquí en Neiva, la gente que tiene dinero es la que conoce este tipo de ropa y ellos vienen porque se les hace muy barato comprar acá, en comparación a una tienda que vende nuevo”, sostuvo la comerciante.

¿Los pobres son más vanidosos?

El “qué dirán”, es según los comerciantes de ropa usada o “de segunda”, como la llaman ellos, el motivo por el cual las personas que menos reciben ingresos económicos, no frecuentan este tipo de establecimientos, en donde una muda de ropa, fácilmente puede costar cerca de 40 mil pesos.

Zapatos, jeans y camisas “de segunda”, se comercializan en pleno centro de Neiva.

“La gente pobre es la más vanidosa”, fueron las palabras que utilizó Diana Salinas, para describir a las personas que, aun con bajos recursos, frecuentan almacenes de ropa nueva y fina.

“Las personas pobres, que no tienen capacidad económica son las que van a comprar ropa a los mejores lugares precisamente porque son más vanidosos, en cambio, los que tienen dinero y conocen de ropa, vienen acá. Vienen de la Gobernación, de la Alcaldía, de empresas reconocidas a comprar”, indicó Salinas, mientras derrumbaba, con sus palabras, aquel mito de la vestimenta.

Aunque Salinas reconoce que a su local llegan personas de reconocimiento, también llegan personas de escasos recursos que se ven obligadas a comprar la ropa que tuvo, antes de estar en los mostradores del centro, otra persona.

“Nosotros respetamos, las personas pueden tener los gustos que quieran, hay gente que viene porque le gusta, otra porque quiere ahorrar, otra porque no tiene para comprar ropa nueva, hay de todo, y todo es respetable”.

El que viene una vez sigue viniendo

En el centro de la ciudad se pueden encontrar distintos locales que ofrecen este tipo de productos, en Los Comuneros, Dora Sánchez también ofrece ropa usada. La señora de unos 60 años de edad, lleva cerca de 15 años ofreciendo este producto, y coincide con los otros establecimientos; “Cuando un cliente viene por primera vez, sigue viniendo”.

Electrodomésticos usados, también se pueden encontrar en el centro de la capital opita.

“Yo tengo clientes de hace más de 10 años, y la mayoría de los clientes que vienen por primera vez, siguen viniendo, no sé porqué pero así es”, dijo Sánchez, refiriéndose al extraño suceso.

A pesar de que consideran que la recurrencia de la mayoría de los clientes sucede por cuestiones desconocidas, los beneficios de utilizar estos atuendos “de segunda” pueden acercarlos un poco a la realidad; es ropa de finas marcas y a precio inigualable.

¿Quién vende la ropa?

Diferentes son los motivos por los que las personas acuden a estos sitios a vender la ropa que algún día estrenaron. La situación económica y la renovación de atuendos, son las principales razones por las que una persona vende lo que algún día se colocó a un precio muy bajo.

Debido a que Dora Sánchez, no cuenta con un local con las mismas dimensiones que Diana, tiene como proveedores personas particulares que por algún motivo, deciden ir a vender sus prendas de vestir.

“Aquí vienen personas que tienen problemas económicos, entonces uno les compra la ropita y ellos se van a pagar los recibos, o a llevar comida para la casa”, manifestó Sánchez, propietaria de una compraventa de ropa en el Centro Comercial Los Comuneros.

Por su parte, Diana Salinas cuenta con proveedores de otras características, pues empresas estadounidenses que se dedican a la venta de ropa usada, contactan a Salinas cuando tienen un “viaje” de atuendos.

Vestimentas finas son importadas de Estados Unidos y comercializadas con un 90% menos de su valor de fábrica.

“Nosotros tenemos proveedores de Estados Unidos, ellos nos contactan cuando tienen varios viajes y cuadramos con ellos, pero también tenemos varias personas que vienen y venden la ropa, revisamos que todo esté en buen estado, lo compramos y lo exhibimos”, aseguró la joven comerciante.

Yo me visto con ropa usada

Ni los dueños del establecimiento se escapan de las enormes ofertas que trae consigo, adquirir prendas usadas, según Diana, ella y su hijo, se visten con ropa que otra persona usó en algún momento, pues no se justifica pagar cifras exorbitantes por una prenda, cuando tienen cientos de éstas traídas del exterior.

“Mi hijo y yo nos vestimos con ropa usada, la que traemos está en perfecto estado, no vamos a pagar una millonada solo por colocarnos algo nuevo”, dijo entre risas Salinas.

La ropa está libre de contagio

Frente al Covid-19, los comerciantes que trabajan con este tipo de productos, dicen que los atuendos son sometidos a un proceso de higienización, antes de ser exhibidos, pues los elementos que se traen, podrían ser, según ellos, transportadores del virus.

“Para tranquilidad de todas las personas que vienen al negocio y todos los clientes que se llevan una prenda, toda la ropa que llega del exterior y la que compramos a personas particulares, pasa un por un proceso de desinfección, nosotros somos muy cuidadosos con eso”, dijo la mujer de 30 años de edad.

Personas de bajos recursos económicos, encuentran en la venta de su ropa, una salida a la crisis.

Electrodomésticos “de segunda”

Almacenes de electrodomésticos usados abundan en el centro de la ciudad, las razones de venta y compra de estos artículos, no están muy distantes a las de la vestimenta. Divorcios y mala situación económica, son las principales razones por las que los neivanos van a vender lo que les ha servido durante años.

“Vienen muchas personas porque se divorcian, entonces quedan con las cosas y no saben qué hacer, en vez de que se pierdan, pues vienen y las venden aquí. La gente que compra viene porque los electrodomésticos en los almacenes de cadena son muy costosos, una lavadora que tiene un precio de $2.000.000, acá la consiguen en $500.000”, indicó Gloria Ortegón, comerciante de electrodomésticos de segunda.

 

Hay garantía

Los comerciantes de este tipo de productos, reconocen que lo nuevo es nuevo, por lo que han adoptado garantías para los clientes que acceden a cualquier producto que se ofrezca en estos sitios.

“Nosotros acá vendemos vitrinas, enfriadores, neveras, lavadoras y otras cosas, todo lo que hay acá es de segunda, entendemos eso y damos tres meses de garantía. No es lo mismo comprar nuevo, pero las cosas que se venden acá están revisadas técnicamente”, expresó Ortegón.

Así mismo, indicó que tienen todas las facturas de compra de los electrodomésticos que allí se ofrecen, pues muchas veces no se sabe la procedencia de los mismos.

Lo cierto es que el mercado de los artículos “de segunda”, abundante pero silencioso, es la salvación de algunos que ven en estos una opción para salir de dificultades, y una estrategia para otros, que, aunque con buenos ingresos económicos, deciden comprar lo que estrenaron otras personas, para ahorrarse algunos pesos.