Por: Yefer Vega

 

Hace unas semanas se hundió el proyecto de ley que pretendía extender los períodos del presidente, los congresistas y otros servidores públicos para facilitar, en teoría, la unificación de los períodos electorales. Aunque se trata de una propuesta fallida es importante que, en los departamentos, como es el caso del Huila, nos tomemos en serio el asunto pues es un tema que tiene un impacto en las reglas democráticas y el futuro de la región.

En el país, la unificación de períodos electorales se ha intentado varias veces por sectores políticos por medio de la prolongación del mandato de algunos gobernantes. La primera vez que se formuló una propuesta en esta dirección fue en el año 2003, pero fue tumbada en la Corte Constitucional. Posteriormente, en el 2018, en el Congreso se tramitó un proyecto que apenas logró ser aprobado en el primer debate en la Cámara. Por último, tenemos la propuesta que se radicó hace poco menos de un mes y que, en medio de fuertes cuestionamientos y luego de la intensa presión ciudadana, terminó hundida.

Este tipo de propuestas resultan problemáticas ya que, además de alterar el equilibrio que debe existir entre los diferentes poderes públicos, tienden a perpetuar de manera abusiva a los gobernantes en el poder. Esta situación afecta las dinámicas de participación ciudadana y la oxigenación que es sana, de manera especial, en los cargos y las corporaciones compuestas por personas elegidas popularmente. Sobre este punto, la jurisprudencia de la Corte Constitucional ha sido enfática en mostrar que es inadmisible y contrario a la idea de un Estado de Derecho que se extienda a dedo el período de mandatarios, particularmente, cuando están en el cargo pues esto resulta, además, desleal con los votantes quienes eligieron a sus candidatos para un período determinado.

Adicionalmente, para el caso colombiano, en donde la descentralización territorial sigue siendo una promesa incumplida de la Constitución de 1991, este tipo de propuestas encaminadas a unificar elecciones y períodos electorales impacta negativamente las democracias y las dinámicas regionales. Por una parte, de concretarse una propuesta en este sentido, las discusiones y los debates nacionales terminarían imponiéndose sobre los asuntos y las prioridades locales en época de elecciones. Por otra parte, la unificación de períodos electorales aumentaría sustancialmente las posibilidades de que las fuerzas políticas que resulten vencedoras en el escenario nacional se impongan también a nivel local y departamental generando así un contexto donde resultarían inexistentes contrapesos locales a esas fuerzas políticas nacionales.

A todo lo anterior se suma algo que contemplaba el último proyecto de reforma electoral: la inclusión en la propuesta de los períodos de los organismos de control. Es evidente que una situación semejante supondría una inadmisible sustitución de la parte orgánica de la Constitución. Nuestro régimen democrático busca especialmente que las funciones de los órganos de control sean ejercidas con independencia de los demás poderes del Estado y una unificación de períodos de estos órganos con los períodos electorales supondría una cooptación del Estado por las fuerzas políticas que en cada proceso electoral resulten triunfantes, lo cual no es sano ni deseable para ninguna democracia.

Es importante que en departamentos como el Huila estemos atentos a este tipo de propuestas y discusiones, pues para el desarrollo de la región es necesario que se respeten las reglas dirigidas a garantizar, a través de la alternancia, una participación democrática local que permita que los asuntos del departamento puedan ser tramitados y que las prioridades locales, al momento de elegir nuestros gobernantes, no sean invisibilidades por las coyunturas e intereses del orden nacional.