viernes, 10 de julio de 2020
Regional/ Creado el: 2015-01-04 03:17

El hijo bastardo de las Farc

El frente Ricardo Franco, autor de la masacre de 164 combatientes entre hombres, mujeres y niños sería el fruto de dos hombres formados al interior del partido comunista y luego en las filas de Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc).

Escrito por: Redacción Diario del Huila | enero 04 de 2015

Aristides, excombatiente y uno de los comandantes del bloque sur del M-19, desde su humilde vivienda construida en tabla  en medio de las montañas que circundan al municipio de San Agustín y en la puerta de entrada al Macizo Colombiano rompió su silencio frente a un acto de barbarie que cuando llega al recuerdo origina repudio por la crueldad con la que sucedió: la matanza de Tacueyó, ocurrida entre diciembre de 1985 y enero de 1986, en el municipio de Toribío, en el departamento del Cauca, perpetrada por disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), frente Ricardo Franco.

En torno a un café y el calor de un fogón de leña, Aristides contó que por el tiempo que sucedieron estos hechos el frente sur del M-19 inició un desplazamiento desde el municipio de Belén de los Andaquíes en el Caquetá hasta Corinto, en el Cauca, con fin de realizar una reunión de tropas que había ordenado el comandante de ese grupo guerrillero, Carlos Pizarro.

“Fue casi un mes de travesía, días y noches enteros de caminar por terrenos escarpados, éramos unos 85 combatientes, bajo el mando de Gustavo Arias Londoño, el comandante Boris. Durante el recorrido buscamos a toda costa evitar contacto armado con las fuerzas militares”, señala.

 

Amarrados y torturados

Recuerda como si fuera hoy que cuando cruzaban por las montañas del municipio de Toribío un grupo que integraba la avanzada del frente guerrillero descubrió que había hombres, mujeres y niños amarrados de pies y manos a árboles con visibles signos de tortura.

“Los descubrieron porque escucharon quejidos y lamentos en medio de la noche. Sigilosamente los comandos del M-19 se acercan para ver qué pasa y encuentran inicialmente dos jóvenes amarrados con sus manos atadas a los troncos de los árboles”.

Lo que describen los integrantes de la avanzada era la presencia de un campo de concentración para realizar las más aberrantes torturas. En la masacre de Tacueyó fueron encontrados cuerpos que les habían abierto el pecho, aún con vida, para sacarles el corazón; algunos tenían marcas por estar amarrados. A unos tres cadáveres de mujeres embarazadas les fueron abiertos sus vientres y los fetos sustraídos, varios cuerpos presentaban signos de haber sido enterrados con vida y casi la mayoría tenían mutilaciones.

“En una operación de guerra el M-19, en el mayor silencio y sigilo de la noche rescató dos guerrilleros que iban a ser ajusticiados por el Ricardo Franco”.

Señala cómo uno de los dos subversivos liberados les cuenta que había pertenecido al M-19 pero por razones económicas debido a que Javier Delgado, comandante del frente Ricardo Franco, les pagaba sueldo por eso había desertado y se había integrado a esta columna móvil.

“Fueron ellos los que les contaron con detalles lo que estaba pasando al interior del frente Ricardo Franco por determinación de sus comandantes, el señor Javier Delgado y Hernando Pizarro, que para nuestra desgracia era hermano de Carlos, comandante del M-19”.

 

Paranoia de los comandantes

Los hombres liberados de la tortura y de la muerte, con terror les relataron que en ese frente los estaban matando a todos, acusados de ser infiltrados, en un acto de paranoia de los comandantes, quienes al parecer se habían vuelto locos, obsesivos y con la infiltración justificaban la masacre de 164 de sus combatientes. Dijeron los sobrevivientes que Javier Delgado casi no dormía y se la pasaba fumando marihuana.

Ante los terroríficos relatos, Otty Patiño, quien militaba en el M-19, denunció ante la Procuraduría, y las Fuerzas Armadas de Colombia lo que estaba pasando para frenar la masacre.

“Se informó cómo en las montañas de Tacueyó, Javier Delgado y Hernando Pizarro estaban asesinando a todos los combatientes del Ricardo Franco”.

 

Justificación de la masacre

Aristides también cuenta que el comandante del frente Ricardo Franco, Javier Delgado, con la realización de eventos mediáticos quiso justificar la matanza convocando a periodistas de diferentes medios nacionales.

“Les dijo que iba a fusilar seis sapos, evento mal logrado para él, porque los periodistas no quisieron presenciar, menos registrar el fusilamiento. Algunos de los sentenciados confesaban que eran del B2 pero eran confesiones arrancadas como en la inquisición bajo tortura y una persona cuando está siendo torturada al extremo hace lo que sea y ruega para que la maten, paro no prolongar el suplicio”.

Conocida la masacre y provocado el rechazo de la opinión pública en todos los círculos del territorio colombiano, los comandantes Javier Delgado y Hernando Pizarro buscaron el exilio desde donde inician una campaña tratando intrigar a los comandantes del M-19 y de las Farc en el sentido que al igual que el frente Ricardo Franco, habían sido infiltrados.

“Cuando se supo cómo en un mes había asesinado de la forma más cruel a 164 sapos, como decía el señor Javier Delgado, para el país eran personas entre niños, mujeres y hombres de más de 200 que hacían parte de este frente guerrillero, se sabía que iban a quedar sus dos dementes comandantes, por eso ni el M-19 o las Farc se les hizo caso”.

 

“Péguese un tiro”

Aristides aclara que el “Monstruo de los Andes” como fue calificado Javier Delgado, y Hernando Pizarro León Gómez comandantes del frente Ricardo Franco desde jóvenes integraron la Juventud Comunista, y con el paso del tiempo llegaron a ser cuadros de las Farc, guerrilla que fue la encargada de su formación política, ideológica, operacional  y es de sus filas de  donde desertaron para integrar su propia columna guerrillera, la misma que con sus manos aniquilaron.

“Las Farc parieron un hijo bastardo: el frente Ricardo Franco, porque ellos lo parieron, ellos formaron a Javier Delgado y a Hernando Pizarro y muchos de los combatientes de este frente, ellos son los responsables de ese engendro para la historia colombiana”.

Hernando Pizarro desde su exilio, le envió un telegrama a su hermano Carlos Pizarro que él compartió con algunos combatientes entre ellos Aristides. El telegrama decía, “hermano yo sigo siendo un revolucionario, el peso de mi conciencia no me deja caminar recíbame en el M-19 yo quiero integrar esa fuerza… perdóneme hermano. Y Carlos le respondió: hermanito, si le queda un tris de dignidad, péguese un tiro”.