miércoles, 18 de septiembre de 2019
Regional/ Creado el: 2015-07-06 03:33

Emgesa desalojó a los últimos habitantes de Veracruz

Emgesa procedió a desalojar a don Francisco Cabrera y Ángela Trujillo, última familia de la vereda Veracruz en el municipio de Gigante. La multinacional previamente había aplazado el proceso por no llegar a una conciliación. Hoy sería demolida la vivienda donde residían.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 06 de 2015

“Emgesa vino hoy a la casa y dijo que me sacaban. Mañana piensan destruir la vivienda”, expresó don Francisco, un humilde pescador artesanal y quien fuera hasta ayer el último habitante de la vereda Veracruz de Gigante. La zona donde su vivienda de halla hace parte de las áreas que la compañía pretende inundar por la hidroeléctrica.

Y es que el pasado 1 de julio las esperanzas estaban puestas en los anhelos de esta familia, quien hoy espera soluciones inmediatas y exige el cumplimiento de las condiciones establecidas en el marco de la licencia ambiental.

El camino jurídico de don Francisco

Dos memoriales radicados por los abogados de don Francisco, obligaron a suspender el procedimiento de desalojo por parte de Emgesa. El primero de ellos fue radicado el viernes 26 de junio, como recurso de reposición a dicho desalojo. Después, con base en esa diligencia, otro memorial fue radicado en un juzgado, un día antes de la fecha prevista para el proceso, y donde se expresaba que el proceso de desalojo no podía ser efectuado porque don Francisco hace parte de un proceso de reasentamiento y por el cual él firmó un acta.

“La licencia ambiental dice que la compra directa y por ende el proceso de expropiación judicial solo procede si la gente renuncia al derecho de reasentamiento. Como en este caso don Francisco nunca renunció al proceso de reasentamiento y aún más tiene un acta firmada en este aspecto, por ende no se hizo el desalojo. Realmente Emgesa suspendió la diligencia porque la jueza tenía que correr traslado de ese recurso y por obligación debió ser aplazado”, indicó uno de sus abogados.

Compromisos sin cumplir

Luego de iniciado el llenado del Quimbo, se evidenció que la compañía no cumplió con más del 80% de los compromisos estipulados en las actas firmadas entre Gobierno Departamental, como también las que se encuentran en la licencia ambiental, en los aspectos sociales, ambientales y económicos. Uno de esos compromisos es la modificación de los asentamientos humanos, hoy ilegales, que no cuentan con las condiciones necesarias para recibir a quienes han sido desalojados de sus viviendas. En este aspecto, don Francisco exige una modificación a los planes de ordenamiento territorial (POT), pues las personas se encuentran allí bajo la figura de comodato, es decir, en préstamo de uso y por ende sin un título de propiedad. Cabe anotar que en este tema, la compañía posee dos procesos sancionatorios por no darle cumplimiento a ese compromiso.

Montea, el predio a donde quiere ser trasladado don Francisco, posee problemas sanitarios. Uno de ellos es la presencia de un enorme lago producto de las tuberías de la petrolera Emerald Energy y que agravan las condiciones físicas y el bienestar de quienes se encuentran allí. Además, según él, tampoco le permitirá retomar su actividad productiva, la misma por la cual sobrevivió toda su vida: la pesca artesanal. “A mí me quisieron dar un proyecto de ganadería, pero yo qué hago con cinco vacas si toda la vida me he dedicado a la pesca artesanal”, manifestó don Francisco, reiterando también que esa ha sido una de sus mayores peleas, junto con la solicitud de la entrega de un terreno de cinco hectáreas y un título de propiedad que le permita tener su propia vivienda.

Una valiente historia de vida

Junto con su esposa doña Ángela Trujillo, don Francisco pasó toda la vida en su casa ubicada  en Veracruz, municipio de Gigante. Él, con pintura roja, se decidió a escribir mensajes en las paredes que la componen, en un acto simbólico contra la presencia de la multinacional en la zona, pero principalmente, contra el desalojo al que algún día llegaría a ser sometido. Esa acción le mereció un reconocimiento convirtiéndolo en símbolo de resistencia.

Su esposa, a la que ha cuidado incasablemente desde que están juntos, padece ceguera y tuvo que ser trasladada el pasado mes de mayo a la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital San Vicente de Paul de Garzón, pues la presión de desalojo le agravó su estado de salud.

Hoy don Francisco se encuentra en Ríoloro, vereda del municipio de Gigante, en compañía de algunos amigos y familiares. “Yo en últimas cedí al desalojo por mi esposa, por su estado de salud, yo lo único que quiero es que me devuelvan mi actividad productiva para poder sobrevivir de aquí en adelante, no sé qué vaya a pasar conmigo, no sé qué va a hacer Emgesa con mi situación, pero espero que todo sea favorable”, manifestó. “Yo quisiera ir hasta mi casa antes de que la destruyan, no permitiré que lo hagan hasta que no me cumplan con lo que ellos se comprometieron a darme y lo que están en la obligación de cumplir, no solo a mí sino a más personas”, concluyó.