lunes, 22 de abril de 2019
Opinión/ Creado el: 2019-04-13 11:08

Resocializacion y crimen

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | abril 13 de 2019

Siempre hemos pregonado la urgencia de una reforma judicial clara y precisa que se corresponda con una política criminal donde todos los caminos que se han abierto para la abolición de las medidas privativas de la libertad, sean consecuentes con una realidad social y política que combata de raíz las formas de corrupción que se han apoderado de todas las instituciones de ésta república del Sagrado Corazón de Jesús.

Nuestra urgencia por rescatar de las garras de la inmoralidad, de la falsa ética, de la falsa moral y de los condicionamientos sociales a nuestra rama judicial, sigue siendo un absoluto equívoco, cuando se han perdido los caminos que conducen necesariamente a la formación integral de los profesionales del Derecho y que efectivamente el Gobierno Nacional sea consecuente con la necesidad de aplicar correctivos que hagan viable y posible, los postulados mínimos consagrados como DERECHOS FUNDAMENTALES en la carta magna.

Pero la impunidad y el crimen, crecen en forma alarmante día a día. Es caótico encontrar un sistema penitenciario colombiano salpicado de la peor manera por las formas de complacencia con el crimen y con el enriquecimiento ilícito, para convertirse en formas que se repudian y se dan a conocer a cada instante por la gran desigualdad en el tratamiento de lo que tiene que ser esas medidas de aseguramiento, esa privación efectiva de la libertad, para unos y para otros, en la medida en la que el hacinamiento carcelario y las grandes dádivas que se mueven, dejan entrever privilegios y tratos desiguales que no se compadecen con los fines de la pena.

Si a todo lo anterior se suma como se viene observando, la reincidencia por parte de quienes son detentadores del beneficio de tener la casa por cárcel o de aquellos que según el grado de peligrosidad portan un collar electrónico para ser controlados en su restricción a la libertad, labor que no está en capacidad de asumir el Instituto Penitenciario Colombiano, y que se escuche como lo advertía un agente de la policía, de que los delincuentes con esta garantía legal no están siendo resocializados, sino que por el contrario, siguen dando ejemplo de sus avezadas formas delictivas, es cuando tenemos que entender que hemos perdido el ejercicio de éstas formas de mera liberalidad para seguir perdidos en ese camino que nunca se ha de encontrar, como es el de la resocialización de los delincuentes en Colombia.

Nuestra política criminal ha fracasado. Nuestro Congreso de la República ha dado palos de ciego y lo que es peor, toda la rama judicial, ha sido tan generosa y perversa que las medidas de aseguramiento se aplican, no con el rasero lógico del tipo penal, sino con las arandelas de la corrupción y de la imagen o de la supuesta personalidad del delincuente, para negociarse una privación efectiva de esa libertad, aún, con interpretaciones que dejan mucho que desear y que no son de recibo para una sociedad que perdió la brújula de su elemento fundamental de convivencia ciudadana y de control social.

La JUSTICIA, sigue siendo un sueño, sigue siendo un imposible, y cada día que amanece y encontramos en los principales titulares de prensa, ese elemento dinamizador de la información referido, relacionado y únicamente dedicado a pregonar los acasos con el infortunio, con las muertes, con los asesinatos, con los delitos, es cuando tenemos que considerar que ya no podemos confiar en los medios de comunicación que se encargaron de engrandecer y difundir la falsa imagen de que delinquir si paga, y que quienes saben delinquir por lo alto, son los más beneficiados del establecimiento, por cuanto sus procesos se dilatan, se conceden libertades y se bendicen sus actos en un circo que solo beneficia la inmoralidad y la pérdida de fe creciente en todo nuestro Estado Social de Derecho.

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