Diario del Huila

“Resplandor de vida eterna” (II)

Feb 26, 2022

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DIARIO DEL HUILA, REFLEXIONES

Por: Mons. Libardo Ramírez Gómez*

Nos pasea, antes, Dante, por “paraísos terrenos”, entre los privilegiados humanos que han tenido o van teniendo años de indecible gozo en limpio servicio terreno a Dios, como preparación a los goces celestes.

Hace un mes reflexionaba con benévolos lectores sobre luminoso tema resaltado por el Papa Francisco, al tratar en forma sorprendente, a las iluminadas páginas Dante Alighieri, en la “Divina Comedia”. “Candor Lucis Aeternae”, tituló el Papa este vibrante escrito en el que tildó al autor de “profeta” de la esperanza y “teólogo de sed infinita” (23-03-21). En medio de mis limitaciones físicas dedique tiempo para recoger frases que invitaban a un maravilloso caminar por sendas después de la muerte según haya sido nuestro comportamiento en la vida presente.

Dimos pasos con el iluminado Dante por los predios horrorizantes del infierno, “ciudad del llanto”, y el duro panorama del “Purgatorio”, aliviado por la seguridad de pasar luego a la gloria sempiterna del Paraíso. Fuimos encontrando soberbios, como Lucifer en la primera, y también sembradores de odio entre los humanos, a la vez que apegados a títulos terrenos y bienes perecederos hasta liberarse de ellos en las penas del Purgatorio.

Nos pasea, antes, Dante, por “paraísos terrenos”, entre los privilegiados humanos que han tenido o van teniendo años de indecible gozo en limpio servicio terreno a Dios, como preparación a los goces celestes.  Este punto, da ánimo de avanzar en soñadores pasos por el Paraíso con nuestro poeta acompañante, pero con la advertencia del converso de Damasco que: “ni el ojo vio, ni el oído oyó, lo que Dios ha preparado para los que lo aman” (I Cor. 2,16). Dedica, luego, Dante, 33 cantos para tratar de dar al menos una vislumbre de lo existente en la morada de Dios, en donde, ya sin sobresaltos, viven los eternamente salvados.

En esta visión maravillosa, cual luminarias resplandecientes, van destacando la gloria del Ser Supremo, de grandeza infinitamente superior a la naturaleza creada, realidades cuyo nombre va dictando la fe. Allí está incandescente y maravilloso como es el “amor”, o “caridad”, tan exaltado por S. Pablo, y que S. Juan identificó con la misma divinidad (I Jn. 4). Ilumina, luego, el cielo, la esplendente luz de la “verdad”, y marca estabilidad cuanto ilumina la “justicia”, dando especial decoro a vidas y ambiente la “castidad” fielmente vivida.

Encantadora, y en ambiente de infinito gozo, cada época, catalogada con número de cielo, marcado por grandes benefactores del bien como Justiniano, Constantino, Papa Agapito, Carlo Magno. Esplendoroso el espacio que destaca la presencia de JESUCRISTO, Hijo de Dios, cumpliendo su misión en la tierra. Especialísimo ambiente de gozo y alegría, en donde se respira la ciencia y santidad, como el 4º. Cielo, de santos, como Alberto Magno, Tomás de Aquino, Agustín de Hipona, Benito, Anselmo y Francisco de Asís. Pasando a nuevas maravillosas realidades celestes que no se quisieran dejar, están los coros de Ángeles y Arcángeles, cantando la gloria de Dios, en exultante alegría. Solo le quedó referirse al aporte glorioso a la mima divinidad de la Virgen María, que respondió al llamado divino de ser madre y esposa del mismo Dios como: “la humilde esclava del Señor”. Solo para vivir, luego, eternamente, en esa vida gloriosa de inconmensurable Paraíso vale haber venido a esta tierra.

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