Diario del Huila, Historia

Por: Juan Manuel Macías Medina

Coplas cantadas que muestran en cada una de sus líneas el sentir de los huilenses, esas son las rajaleñas, la música autóctona del departamento del Huila que, desde hace décadas, ha dejado entrever en las fiestas sampedrinas el legado cultural de los abuelos.

Omar Cuéllar, fundador del grupo Aires de Rumichaca, contó detalles de cómo nació la agrupación folclórica desde hace 30 años en la ciudad de Neiva, según indicó, todo inició cuando José Antonio Cuéllar, un folclorólogo del departamento, se paseaba por las calles del barrio Las Granjas con un tambor, mientras los más jóvenes del sector lo acompañaban, eran épocas en donde, según cuenta Omar, todo el mundo destilaba folclor y San Pedro.

“En mayo cumplimos 30 años, todo inicia cuando en el año 1990 muere José Antonio Cuéllar Meléndez ‘Rumichaca’. Decidimos, en homenaje a él, en 1991 crear el grupo de rajaleñas para no dejar perder la tradición. José Antonio fue un folclorólogo que rescató la rajaleña y la llevó a diferentes partes para que no se acabara la tradición, ahí inició todo con la Escuela Departamental de Rajaleñas ‘Rumichaca’. Nosotros hemos hecho investigación de las diferentes tonadas que existen dentro del rajaleña y tenemos nuestra propia tonada”, resaltó el fundador de la agrupación.

La historia continúa

Y fue el mismo barrio Las Granjas, el escogido por el grupo de fundadores para que fuera la casa de Rumichaca, una de las agrupaciones folclóricas más reconocidas del departamento del Huila. Niños, jóvenes y adultos hacen parte hoy de Aires de Rumichaca, sin embargo, cuando todo inició los pequeños eran los mismos hijos de Omar, un hombre decidido a que sus pequeños fueran los encargados de no dejar perder la tradición y también de darle continuidad al folclor.

“Todo inició en el barrio Las Granjas, fuimos varias personas las que comenzamos a hacer la investigación desde hace mucho. Por ‘Rumichaca’ han pasado diferentes generaciones, el trabajo con los niños inició con los hijos de nosotros cuando tenían más o menos cuatro años, el mayor de ellos hoy tiene 35 años. Las generaciones van a continuar, en estos momentos tenemos un nieto de cinco años”, aseveró.

 

¿Cómo se enseña la rajaleña?

En Neiva, pocas personas están capacitadas para enseñar la rajaleña, y una de ellas es Omar, pues desde que andaba detrás de don José Antonio Cuéllar, inició a adentrarse en el melódico mundo de las coplas llenas de picardía que han enarbolado desde hace décadas las fiestas más importantes de la región, el San Pedro.

“La idea es que los niños y niñas lleguen a la escuela de formación para que conozcan desde pequeños todo lo que tiene que ver con la rajaleña y la música campesina del departamento del Huila, queremos que se enamoren de ella. Hay varias personas que han pasado por acá y hoy están en otros países cantando y realizando cosas que tienen que ver con la música”, agregó.

Para Omar Cuéllar, lo más importante, además de aprender a tocar el tiple, tambor o esterilla, es mantener viva la huilensidad, por eso, además de interpretar dichos instrumentos, en Rumichaca se aprende todo sobre la rajaleña, desde su historia, hasta subirse a una tarima.

“Todas las personas que hacen parte de la agrupación tienen que aprender a tocar todos los instrumentos típicos del Huila que son el tambor, chucho, esterilla, cien pies, instrumentos de cuerda, luego pasan a voces, a componer rajaleñas y después se hace el montaje de las diferentes tonadas y a identificarlas, y el porqué del rajaleñas”, enfatizó.

Cada región tiene su manera de cantar las coplas, y eso es la rajaleña, la música que, a través de la picardía, la crítica, el amor y demás vertientes, ha logrado llevar por años el estandarte de la cultura opita.

“Se pueden componer rajaleñas para el amor, para la naturaleza, para criticar, para protestar y todo tipo de cosas, ese es el enfoque pedagógico que se hace desde la agrupación. Hay tonadas tradicionales que son de cada una de las regiones del departamento, por ejemplo, de Peñas Blancas, de Teruel, de Fortalecillas, Santa María, Campoalegre, Aipe y demás, cada una de ellas tiene sus especificaciones y diferencias”, añadió.

A mantener viva la rajaleña

Son tres décadas las que, este año, completa la agrupación Aires de Rumichaca haciendo sonreír a los propios y visitantes en el mes de junio. “Hay que mantener viva la rajaleña y el folclor”, es el mensaje de Omar, pues sabe que ya se está perdiendo, al punto de asegurar que hay municipios del Huila en donde las nuevas generaciones no conocen este bello arte.

“El aporte de la agrupación es grandísimo, hay que resaltar que acá falta mucho fomento para que los jóvenes se interesen por el rajaleña, era para que desde hace rato fuera patrimonio cultural de los huilenses, es la música más autóctona del departamento. Hay regiones en donde ya el rajaleña no se conoce, en la parte del sur desconocen esta música, por eso hay que masificarlo a través del trabajo que nosotros hemos realizado”, detalló.

De igual manera, hizo un llamado a las autoridades departamentales y municipales para que se “coloquen la camiseta” con el legado cultural de los huilenses, según él, aunque estos parámetros musicales de la copla cantada se encuentran en diferentes regiones del país, ninguna es como la rajaleña.

“Falta mucho apoyo, fomento e incentivos al folclor huilense, sería importante que en cada municipio hubiera por lo menos cinco grupos de rajaleña. Es importante mantener el rajaleña porque no se encuentra sino en esta región, cada una tiene su copla cantada, en la costa tienen la piquería, en Antioquia tienen la trova y acá tenemos la rajaleña, es importante mantener vivas nuestras tradiciones”, indicó.

De igual manera, el llamado es a los padres de familia para que inculquen las tradiciones, que cada vez se pierden más, en cada uno de sus hijos.

“Es bueno que los padres de familia incluyan a sus hijos en todos estos escenarios culturales que hay, ellos también merecen estar de cerca a las tradiciones que los más adultos tuvimos la oportunidad de presenciar desde que éramos niños”, concluyó.

Omar Cuéllar contó detalles de cómo ha sido el trabajo para no dejar que las tradiciones opitas se pierdan en el tiempo.