Cada vez estamos más cerca de las próximas elecciones presidenciales, de Congreso, Asambleas departamentales y Concejos municipales y, desde ya, se comienzan a perfilar los potenciales candidatos, alianzas y estrategias. Sin embargo, al margen del frenesí político que genera todo proceso electoral existe un asunto que ha ganado relevancia por sus implicaciones democráticas y económicas, me refiero a la obligatoriedad del voto.

En nuestro país, el ejercicio del voto no es obligatorio, pues de acuerdo con el artículo 258 de nuestra Constitución, “el voto es un derecho y un deber ciudadano”. Se llega a decir que somos un país tan garantista en materia democrática, que hasta los muertos pueden y han llegado a votar. Pero bueno, al margen de todo esto, lo llamativo del asunto, es que a pesar de garantizarse el derecho al voto y de hacerse considerables inversiones para la disposición de la infraestructura y de los elementos necesarios para las votaciones, existe una marcada e invariable tendencia hacia el abstencionismo. Al revisar el comportamiento de las cifras sobre abstención en las elecciones que han tenido lugar desde el año 2000 en adelante, sorprende el hecho de que se han mantenido sobre el 50%.

Frente a este panorama no han sido pocas las iniciativas que han buscado modificar la Constitución, con el fin de implementar la obligatoriedad del voto. De estas iniciativas vale la pena destacar los proyectos No. 194 y 345 de la Cámara de Representantes, los cuales fueron acumulados y buscan erradicar el abstencionismo de las urnas colombianas. La fórmula que se propone para lograr esta finalidad es bastante sencilla: se dispone que el voto será obligatorio y se establece la imposición de una sanción pecuniaria para quienes no voten.

Ahora bien, a pesar de que estoy a favor de que las personas ejerzan su derecho al voto, tampoco considero que sea adecuado que las personas voten por votar y para evitar multas o sanciones. Considero que el voto debe ser la expresión de un proceso reflexivo, así como la intención de querer aportar a la construcción de un mejor país. Es por esto, que considero que debería complementarse la obligatoriedad del voto, con la implementación de cursos escolares y abiertos a todo público sobre política y democracia colombiana.