Los ministros de comercio y agricultura deben revisar la aplicación de cláusulas de salvaguardia de los TLC, para evitar que se importen productos lácteos subsidiados de Europa y Estados Unidos, para no mencionar la papa ni el café que viene de Vietnam, país que no tiene TLC y nos desbancó del segundo puesto como exportadores de café. MacDonalds cambió de usar café de Juan Valdez (nacional) por Nestlé, generalmente importado de Vietnam. La agricultura debe ser prioridad si queremos avanzar. El país pasó de ser exportador a importador de arroz (de pésima calidad) y algodón, sin que los ministros de agricultura de muchos años chistaran.

El Presidente habló recientemente de la necesidad de controlar la deforestación. El manejo del medio ambiente es algo de lo que mucho se habla, pero no se adoptan medidas eficaces. No es sembrando arbolitos aquí ni allá, ni siquiera consiguiendo familias que cuiden los bosques porque no hay quien las controle, como se logran esos objetivos. En el documento Conpes 4021 se habla de once núcleos de alta deforestación en 150 municipios y se dice que hay que “fortalecer los sistemas de monitoreo y seguimiento para una administración eficiente del recurso forestal” pero no se mencionan los mecanismos. Los drones capaces de volar más de cuarenta horas, de los que los militares dicen tener ya prototipos operativos, servirían para vigilar las selvas y permitir la llegada rápida de militares en helicóptero cuando se observe que ha empezado una deforestación, y serían una herramienta eficaz. Y servirían además para evitar la minería ilegal. Además, hay que responsabilizar a gobernadores y alcaldes de lo que suceda en sus jurisdicciones en esta materia. Y, por favor, señor Presidente, no vaya a ratificar el Acuerdo de Escazú si no quiere acabar de un plumazo con el desarrollo del país. Bastante tenemos con el daño que hacen los autodenominados ambientalistas, que se oponen al fracking y a la fumigación aérea, sin esa herramienta.

Tampoco es con bolsitas de colores como vamos a evitar la contaminación de los plásticos. Hay que separar los residuos reciclables en la fuente, pero también fortalecer a los recicladores. Y obligar a que los rellenos sanitarios instalen plantas eléctricas para quemar los residuos no reciclables, que son la mayoría.

La lucha contra los cultivos ilegales debe ser fortalecida. Y para ello no hay más que la fumigación aérea, con todas las medidas de seguridad como los vuelos a poca altitud. Esa batalla hay que ganársela a los “ambientalistas” y a la Corte Constitucional.

Por supuesto, hay que pensar en los mecanismos para lograr las reformas necesarias. El Congreso no se va a prestar fácilmente para que se reduzca el número de parlamentarios o se les rebajen las prebendas de que disfrutan. Así que habrá que acudir a un mecanismo de votación popular como una constituyente o un referendo como el que ha propuesto el presidente Uribe, cuyo grupo parece ser el único (a veces acompañado por el partido conservador y los cristianos) que se preocupa de verdad por los intereses nacionales.

Los gastos que se hicieron en 2020 y hay que seguir haciendo este año para combatir el covid-19, no permiten malgastar los impuestos y no se puede esperar que los colombianos paguemos más. Por consiguiente, hay que bajarlos. El primero y mayor es la burocracia estatal. Pero si la reducimos, hay que crear más y mayores empresas que reenganchen a la gente que salga del gobierno.

Ojalá se estudiaran estas y otras ideas.