El Papa Francisco ha convocado un trabajo eclesial llamado sínodo. Es como una gran consulta que ordinariamente se hace a los obispos de todo el mundo. En esta ocasión quiere que la consulta sea mucho más amplia y por eso la promoverán las diócesis de todo el mundo, las parroquias, las congregaciones religiosas y los movimientos laicales. Seguramente también se escuchará a personas de otras iglesias y religiones. La idea es que todos los miembros de la Iglesia sientan que la misión y suerte de esta comunidad creyente es asunto de todos y no solo de unos pocos.
El momento histórico que vive hoy en día la humanidad es complejo, confuso, a veces violento.

Existe una sensación generalizada de incertidumbre, de desesperanza. La suerte del planeta no se ve muy brillante en el inmediato futuro. Pobres y migrantes están siendo cada vez más notables en el desorden mundial. Lo espiritual está luchando para no ser marginado de las sociedades. Todo esto y muchas cosas más le plantean a la Iglesia, y quizás a todas las grandes instituciones, interrogantes enormes sobre la forma y el contenido de su misión. La Iglesia va a entrar en una tarea amplia de preguntarse cómo está haciendo su trabajo, qué hay que mejorar, qué nuevas formas de evangelizar hay que promover y qué errores hay que corregir de una vez para siempre. Tratándose de una comunidad tan grande y dispersa por el orbe entero, la consulta tomará tiempo, pero vale la pena.

Sería interesante que toda clase de personas que hacen parte de la Iglesia y otras que no, se propusieran hacer llegar a través de sus parroquias o del clero o de las religiosas, sugerencias para la buena marcha de la Iglesia en todo el mundo. En realidad, nuestra Iglesia ha sido orientada sobre todo por los obispos y sacerdotes y sin duda entre todos los laicos hay numerosas ideas y sugerencias que pueden ayudar a rejuvenecer la misión de la comunidad fundada por Jesús. En la sociedad colombiana es prácticamente imposible no tener contacto con la Iglesia pues su campo de acción es muy grande a nivel de los barrios, la educación, la salud, la caridad, las instituciones de diverso orden. Y muy posiblemente todos los que ven esta presencia quisieran decir algo importante para que la Iglesia siga siendo una realidad luminosa entre nosotros.

El punto de referencia para todo este ejercicio de escucha siempre será la idea original de Jesús al instituir la Iglesia: una comunidad que, en nombre él, lleve la buena nueva del evangelio a todo el mundo y que invite sin cesar a la conversión de todas las personas. Y, siempre, que presente al Dios de la misericordia a la humanidad. Se oyen sugerencias católicas, pero también desde otros ámbitos, para que el don del Espíritu siga llegando a todos los que con sincero corazón buscan a Dios.