Diario del Huila

Tamales con fórmula secreta

Mar 23, 2021

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DIARIO DEL HUILA, CRÓNICA

Por: Hernán Galindo

El tamal es un plato tradicional que se prepara en diferentes lugares de Colombia. Es parte integral de la gastronomía de todos los estratos, con muchas variaciones según la región donde se ofrezca.

Por eso, no extraña encontrar a Inés Murcia en una esquina del barrio Villa Milena de la ciudad de Neiva, sector popular que se encuentra ubicado en cercanías al Batallón Tenerife, el centro comercial San Juan Plaza y en inmediaciones de los barrios Cámbulos, Los Molinos y Prado Norte.

‘La mona’, como la conocen sus clientes, todos los sábados, después de mediodía, se instala en la esquina de la carrera 16 con 32, junto a una olla en la que cocina 100 o 120 tamales, que ofrece a la clientela fija y a transeúntes ocasionales.

“Si bien es un producto que tienen muchas calorías, por los ingredientes, como papa y maíz, también tienen beneficios a la salud, porque tiene proteínas como carnes, huevo, verduras, siempre y cuando no se abuse diario de su consumo para evitar el sobre peso o la obesidad”, comenta con una sonrisa.

Esta mujer, de contextura mediana, tez blanca, ojos color miel, cabello castaño claro, que pinta algunas canas, aprendió desde temprana edad la preparación de este plato de comida criolla. Es una herencia familiar que siguió por necesidad y gusto.

En principio, los hacía solo por encargo y pasó a ofrecerlos en un punto de venta. A veces termina temprano y en otras oportunidades los que quedan se venden el domingo en las horas de la mañana. La mayoría se los llevan para consumo en las casas, cuenta.

La preparación y la fórmula secreta, que no revela, la aprendió de su mamá, doña Helena Caviedes, que, como ella ayudaba a su padre, Urbano Murcia, empleado del entonces Ministerio de Obras Públicas a sacar adelante a sus seis hermanos y a ella. Con nostalgia, cuenta que sus progenitores ya fallecieron.

“Mi madre preparaba los tamales y nos mandaba en pequeños canastos a ofrecerlos en los barrios vecinos como Campo Núñez, el Quirinal y Chapinero, que tenían muchos residentes en casas de familia. Con la que mejor me iba vendiendo tamales era con mi hermana Nancy, que hoy en día es educadora. Así le fui cogiendo gusto al trabajo y aprendí a preparar los tamales”.

Hay comensales en el lugar, pero la mayoría lleva tamales para sus casas

Hay comensales en el lugar, pero la mayoría lleva tamales para sus casas

Con fórmula secreta

El trabajo se inicia los miércoles con la compra del grano; el jueves se hace el mercado de galería y el viernes se adquiere la carne y el pollo. Se deja todo preparado en la noche y se madruga el sábado a cocinarlos. Con buena leña y una olla de buen tamaño.

Aunque tiene su fórmula secreta, que no ha querido contar, sí anticipa que el tamal que hace es básicamente como el que se preparaba en el Tolima Grande: se le pone masa de maíz, pollo, carne, tocino, zanahoria, papa, huevo y hogao. Se envuelve en hoja de plátano, se amarra y a cocinar.

Vive en una casa de dos pisos que están terminando de construir en compañía de su esposo, Benito Medina, vigilante y auxiliar de maquinaria pesada, con quien se casaron hace 38 años y criaron dos hijos, Jefferson y Juan David. El mayor es técnico en aires acondicionados y el menor está haciendo once. Quiere ser futbolista profesional.

Ya es abuela de dos pequeños que son su adoración, Matías y Maximiliano, de 6 y 4 años, a los cuales espera verlos crecer y ser hombres de bien como le enseñaron a ella sus padres. “A ser responsable, trabajadora para mantenerse y honesta”, dice con orgullo.

Le hubiera gustado ser administradora de empresas como profesional, aunque lo ha sido de manera empírica, pues siempre ha tenido negocio del cual encargarse. Antes vendía comidas rápidas; también tuvo un restaurante chino.

Los tamales le han permitido crecer, tiene créditos con Mundo Mujer, que paga cumplidamente. Y el ser buena paga le mantiene abiertas las puertas para seguir adelante con este emprendimiento que ya lleva 35 años.

Dice que no se quiere aplicar la vacuna contra el Covid-19, le da miedo, por tanto, comentario y las noticias negativas que llegan de otros países. “Voy a esperar a ver cómo evoluciona el tema, pero por ahora no estoy pensando”. Eso sí, todos los días se encomienda a Dios, como creyente que se declara, para que le vaya bien en el trabajo y no tener enfermedades.

Así como ‘la mona, son cientos de mujeres y familias las que cada fin de semana o por razón de fiestas especiales salen a ofrecer este platillo para comerlo con pan y chocolate. “Es una costumbre muy neivana: sábado por la noche o domingo en la mañana comer o desayunar con tamal”, asegura.

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