DIARIO DEL HUILA, CIUDAD

Por: Hernán Galindo

Hace aproximadamente un mes, en la edición del 6 de marzo, Diario del Huila denunció el pésimo estado de la calle octava de Neiva, en doble sentido, invadida por huecos, el mal estado y casi abandono del Municipio desde hacía varias semanas, con el descontento de vecinos y conductores de toda clase de vehículos, y hasta de pasajeros.

La nota se tituló ‘Huecos en la calle octava reclaman solución’. Destacaba que la situación en la ciudad, en general, “es grave para la normal movilidad, por los daños a las máquinas, pero, principalmente, por la cantidad de accidentes que provocan algunos de los ‘cráteres’ que asechan en el asfalto y que ya han cobrado varías víctimas, algunas de ellas fatales”.

Y se recordó, por ejemplo, el caso del joven universitario Jean Sebastián Montero Torres, de 18 años, quien perdió el control de la moto en la que se movilizaba por cuenta de un enorme hueco en la avenida Circunvalar, ruta diaria de gran número de vehículos. La tragedia sucedió finalizando el pasado mes de enero.

Queja y respuesta

Este medio entonces atendió la queja de la comunidad de barrios directamente implicados o vecinos a la calle octava, como Calixto Leyva, La Gaitana, Prado Alto y, en general, de los conjuntos residenciales del oriente y de habitantes de Las Palmas, que utilizan el corredor, así como propietarios de almacenes, distintas clases de negocios y actividades comerciales que se sentían directamente afectados y perjudicados.

“No es difícil encontrar huecos en una vía en deterioro, unos más grandes que otros o en proceso de ‘parcheo’ con cemento, tierra o pavimento artesanal”, contó una quejosa.

Hace unos días inició la respuesta de la Administración Municipal que decidió ‘meterle’ mano a la vía, trabajar en la rehabilitación y recuperación. “No se cumple con el máximo objetivo que es acabar con todos los baches y reparar el pavimento levantado o cueteado, pero se reconoce el esfuerzo”, dijo Peter Tierradentro, de una veterinaria.

Efectivamente, el Municipio se encargó en principio de tapar o cubrir los huecos más grandes, los más profundos, que estaban dañando los rines y llantas de los carros porque no se veían en la oscuridad o a veces era imposible evitarlos por el tráfico y el rápido desplazamiento, comentó Heiner Toloza, taxista, que acostumbra estacionar en el Centro Comercial Santa Lucía para “coger carreras”.

“No sé cuántos huecos se taparon. Fueron muchos, unos más grandes y peligrosos que otros. Todavía quedan”, respondió uno de los operarios que laboran en la reposición.

Y explicó que entiende que se aprovechó el verano para hacer la gestión, pues en invierno resultaba imposible, que estuvo crítico antes de Semana Santa.

Posterior a la Semana Mayor empezó la segunda fase. Levantar completamente el pavimento en algunos tramos, los más críticos, que ya estaban al borde del colapso total.

Cuadrillas de varios trabajadores, con maquinaria pesada, se han venido encargando de las obras que ya evidencian resultados. Se siente satisfacción en los usuarios de la vía. “Por fin se le puso atención a la calle. Ya era penosa y grave la situación. Unos familiares que me visitaron en vacaciones quedaron aterrados de lo dañada que estaba”, opinó Saúl Cerquera, montado en una camioneta de cabina.

“Los carros, grandes y pequeños, bajan la velocidad tratando de esquivar lentamente cada hueco, y otros conductores menos pacientes dan paso a la orquesta de pitos, para ver quién cruza de primero los semáforos. Unos no tienen la suerte de verlos, en medio de la congestión, hasta que caen en la trampa, con la consecuente grosería y protesta contra la Administración Municipal”, había dicho Diario del Huila.

Otros no quedan muy conformes con lo que se está haciendo. Son más exigentes. “La tarea se limita a remendar. La calle queda llena de remiendos. Tapan huecos y en otros pedazos se quita el pavimento y se echa uno nuevo. No es una rehabilitación total”, dice Juliana Torres, conductora de moto, impulsadora de un producto de belleza, mientras espera seguir en un semáforo.

Y tiene razón, pero lo que no sabe es que la malla vial de la ciudad tiene una deuda histórica de recuperación de varias décadas. Cambiar a totalidad del pavimento cuesta más de 300 mil millones de pesos.

“Es una inversión imposible de hacer, de comprometerse, cuando hay tantas necesidades en otros sectores. Hay también fallas en colegios, hospitales, servicios públicos. Entonces, se hace lo que se puede”, explica Gumersindo Riascos, operador de una volqueta, de las asignadas a la reposición.

Queda faltando

En el recorrido de acompañamiento a la comunidad de la octava, a los usuarios de la vía y en la verificación de los trabajos, Diario del Huila encontró que está muy bien que se atienda, pero quedan problemas planteados.

En algunos sectores, desde hace años el pavimento no fue bien aplicado. “Hay turupes junto a los andenes, muy peligrosos para quienes venimos en moto o viajan en bicicleta, porque son como resaltos”, protesta Mirna Solano.

En la parte de abajo, apenas iniciando la loma, el andén o adoquín está levantado, no existe, está dañado, siendo un riesgo para los peatones.

En otros lugares en el separado central no hay alcantarillas o tapas exponiendo huecos que son una amenaza para el público, para los neivanos

“Cuando llueve no se ve nada. Y en la oscuridad peor. Muy bien que arreglen la carretera, pero que no olviden a nosotros los transeúntes”, pide Bonifacio Martínez, un adulto mayor que vive en La Gaitana, mientras no señala la evidencia.

Qué pasa si un carro cae en un hueco

Las consecuencias dependen de la velocidad del carro y la profundidad del hueco. La primera son las llantas y los rines, que sufren imperfecciones como ‘chichones’ o ‘huevos’, afectando la alineación y balanceo, que se nota con la vibración del volante.

Puede generar daño en los soportes del motor, que el chasis se desplace, impactar el sistema de suspensión, los amortiguadores se comprimen totalmente, componentes como las tijeras y rótulas se ven afectados.

Todo lo anterior, se traduce en la depreciación del carro. Significa que perderá valor que se evidenciará a la hora de la venta.