Fernando Bermúdez Ardila.
Escritor e historiador.
Nominado premio Nobel de Paz 2010

La decisión de las empresas qué prestan los servicios de redes sociales de suspender las cuentas del hoy expresidente de los Estados Unidos Donald Trump, debe ser entendido por todas las personas que hacen mal uso de ellas.

La redes sociales se han prestado para todo, pero más para lo malo que para lo bueno. Los llamados Influencers unos muy buenos hay que aceptarlo, otros regulares, los hay malos y también pésimos, pero su gran mayoría utilizan las redes para incitar al vandalismo, la anarquía y la destrucción.

Usan calificativos grotescos e insultantes para referirse a quienes no les agradan, amenazas de muerte contra médicos y servidores de la fuerza pública, jueces, fiscales, políticos, gobernantes, líderes sociales, políticos que invitan a la destrucción del país sin sonrojarse; apostando a que al país le vaya mal, para que a ellos les vaya bien, la masiva difusión de noticias falsas, y un gran número de etcéteras.

Como podemos ver, las agresiones por la redes sociales se han convertido en una amenaza palpable y latente. Y aunque existe legislación de qué las personas deben responder civil y penalmente por lo que publican, también es cierto qué es un hilo demasiado largo en el que todos participan, por lo que judicializar a los transgresores es
una tarea larga, pero que debe hacerse.

Hace unos días vi una noticia donde se judicializaba a una persona que invitaba a matar el presidente Duque en su cuenta de Facebook, el periodista que daba la noticia le restaba importancia a este hecho argumentando qué quien lo hacía tenía solamente 100 o 200 seguidores, que fácil se olvida que los grandes hechos de la historia y las grandes
guerras han iniciado con una sola chispa.

Para que tengamos una idea clara de la responsabilidad de lo que decimos, les daré un ejemplo: la organización de aviación civil internacional (OACI) que hace parte de la ONU, le da el tratamiento de terrorista a cualquier persona que en un avión en vuelo pronuncia la palabra “BOMBA” en voz alta, esta persona debe ser detenida al llegar a su
lugar de destino y procesada dándosele el tratamiento que anteriormente expuse.

Así las cosas, se tiene que ser responsable con lo que se dice, escribe y publica en las redes. La regulación de las redes sociales y su manejo no solamente deben ser responsabilidad de las empresas prestadores del servicio, sino que la justicia y el gobierno debe entrar a reglamentar su uso.

El derecho a opinar se debe hacer con responsabilidad, la libertad de prensa debe ser objetiva y la democracia siempre es buena, pero el exceso de democracia nos lleva a la anarquía total.