martes, 23 de abril de 2019
Economía/ Creado el: 2019-02-11 08:49

Teruel, el bonito municipio huilense que está cambiando su caficultura

En esta población del Huila la situación es tan difícil que muchos cafeteros han tenido que endeudarse con sus empleados para poder operar. Amén de las vicisitudes los productores aseguran que su trabajo no será en vano.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 11 de 2019

Por: Germán Enrique Nuñez

Luego de dejar la calurosa y casi insoportable ciudad de Neiva en donde el sol parece tener una sede en esas planicies casi igníferas del Alto Magdalena, partimos al cafetero y hermoso municipio de Teruel conocido como “Capital Cafetera del Huila” y más recientemente denominado “El paraíso cafetero del Huila”. Este organizado, impecable y amable pueblo de 23 grados centígrados de temperatura logró afianzarse como un jugador importante en la producción de café especial, pero los embates del mercado internacional no lo dejaron libre de la calamidad y hoy el próspero lugar atraviesa por una difícil crisis.

Hay que decir que el arribo a Teruel se dio sobre las once y treinta de la mañana, justo cuando el sol iluminaba con toda su intensidad y esos 23 grados en promedio subieron a 28 o 30 grados, el calor era sofocante y lo más anhelado era una bebida helada, buena sombra y un ventilador potente para esperar a la líder cafetera, Luz Dary Epia, una valiente mujer nacida en el inmejorable entorno del café y promotora de la producción bajo esquemas de asociatividad.

A Teruel se llega por una vía totalmente pavimentada y en buenas condiciones desde Neiva, el recorrido que dura una hora en promedio es muy agradable sobre todo al salir de Palermo en donde el paisaje bucólico muestra una estancia afable porque hay estribaciones, pero igual pequeñas llanuras en donde prosperan unos ganados muy bien cuidados. Se nota que hay trabajo genético porque aparte de los ganados cebú, pastaban en los verdes y fértiles suelos de Teruel unos cruces o F-1 de inmensa calidad. El café crece y potencia su sabor en unas fincas ubicadas a prudente distancia del casco urbano.

El camino gris por el pavimento tiene a sus orillas árboles de sombra, arbustos y unos prados en donde sin prisa caminan unas reses repletas de pasto, buscando un palo de sombra para echarse y disfrutar su rumiar.

Este espectacular viaje tuvo como objetivo canalizar las inquietudes de los caficultores para mostrarle al país desde el Huila que la realidad cafetera es muy apremiante por esa posición intransigente de los señores de los precios en Nueva York que bajo la comodidad que brinda la opulencia, mangonean con las cotizaciones, así éstas lleven ruina, quiebra y hambre a los países cafeteros.

El amargo momento de los teruelenses es el mismo de los caficultores de Brasil, de Costa Rica y toda Centroamérica así como es similar la lóbrega situación de los caficultores de Asia y África. En ese sentido en Teruel se aplaude y se respalda el llamado de la institucionalidad cafetera a la unión y a esa gestión del Gerente General de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, Roberto Vélez Vallejo, quien insiste en un trabajo en bloque para recuperar la rentabilidad y una remuneración justa y digna.

Pasadas las doce del mediodía llegamos a la casa del caficultor, Álvaro Barragán Barrera, que como en los buenos tiempos de la caficultura estaba rodeado por sus amigos del café que se acercaban apesadumbrados y lo observaban con ojos de lamento ya que yacía yerto en su ataúd de fina madera. En la casa de los entristecidos Barragán estaban los productores y al verlos cabizbajos y visiblemente golpeados por el luto que produce el adiós a los grandes amigos y amorosos familiares, la escena semejaba un velorio adicional, sí, el de la caficultura.

Allí, acompañando al recordado difunto y amparados del terrible sol por dos enormes carpas instaladas para socorrer de los rayos del astro rey a los dolientes y entristecidos visitantes que reposaban en sillas plásticas, tuvimos la oportunidad de hablar con los caficultores, esos que tienen unas fincas en zonas alejadas de Teruel en vista que el productor aprovecha la altura de las montañas que hacen parte de la cordillera central para sembrar a unas alturas que ofrecen grano óptimo y de gran demanda dentro y fuera del país.

Algunos con profunda tristeza afirmaron que don Álvaro, como muchos caficultores, había partido al viaje sin retorno con el pesar de no presenciar la recuperación cafetera y el retorno de los precios insuperables. De todas maneras los amigos del desaparecido hombre de las montañas cafeteras lo acompañaron a su última morada con el respeto y la lealtad de siempre, no así al café del que dicen no abandonarán, por lo menos en esta generación.

Palabras de un caficultor

El caficultor, Héctor Barragán habló con Diariolaeconomia.com, y manifestó que la preocupación no es poca ya que los precios internos de compra no cubren ni siquiera los costos de producción que alcanzan los 800.000 y hasta los 900.000 pesos, valores que no compensan los 730.000 pesos que pagan hoy por una carga de café de 125 kilos.

“Estamos trabajando a pérdida y como no tenemos otra opción pues nos toca vender barato el café porque las deudas no dan espera. Aquí estamos quebrados y perdiendo plata todo el tiempo“, indicó el productor.

Este caficultor cuenta con tres hectáreas y demuestra que Teruel como la gran parte de la caficultura se desarrolla en pequeñas extensiones de tierra cultivable. En este momento la angustia es toda porque hay deudas con el Banco Agrario, otras entidades financieras y lo que resulta peor, con el nefasto sistema Gota a Gota.

Las deudas igual están en las tiendas porque el bajo ingreso impactó la calidad de vida y en este instante muchos productores tienen que fiar los alimentos y pagarlos de a poco con los tacaños precios del café. Como si fuera poco hay acreencias con los almacenes de agro insumos porque igual no hay liquidez para comprar fertilizantes y otros productos que demanda el cultivo.

“Necesitamos un gobierno que sea amigo y se comprometa con la ruralidad de este país porque desde hace mucho tiempo al campo lo tienen en el total olvido en vista que unas moronas o migajas no pueden tomarse como un gran presupuesto para un gran sector, ese que da de comer”, declaró el agricultor.

Estimó determinante hacer del agro un negocio para todos y no una fortuna exclusiva para cinco intermediarios o para esos arrogantes negociantes de la Bolsa de Nueva York que finalmente se quedan con la utilidad del sufrido cafetero.

Este labriego debe trabajar muy duro pues de él dependen tres hijos y su esposa. La tristeza es doble porque sus hijos mayores no quieren saber del campo y menos del café ya que ven que los precios tan solo le llevan dolor y angustia a su hogar. Una tendencia es que los caficultores están migrando a la ganadería y a otros cultivos.

Prestamos increíbles para apagar incendios financieros

A su turno el señor Franklin Pérez, propietario de tres hectáreas afirmó que la caficultura está dando mucho más que pérdidas en vista que no hay un buen panorama a futuro ni una esperanza que avive los alicaídos ánimos.

El colmo de la crisis de este cafetero la vivió hace unos días cuando se vio obligado a pedirle prestado a un trabajador para poder operar, mejor dicho, el recogedor de café dio plata para que le pagaran su salario, lo que hacía falta.

“Hoy estamos muy desmoralizados y tristes porque la plata no alcanza, el café no remunera el esfuerzo y seguimos empeñados en todo lado pues la carne y la comida en general hay que pedirla para pagarla en unos días cuando llegue el café, pero una vez se va la cosecha todo se paga y la ganancia no se vio pues no queda dinero ahorrado para la siguiente cosecha, esto es de pesadilla”, dijo Pérez.

Los caficultores tienen que pagar todo y ayudas o incentivos no hay, muchos están aburridos porque el trabajo, duro de por sí, no compensa en nada el esfuerzo.

Este productor es casado y tiene dos hijos los cuales debe atender y sostener porque los pedidos no dan espera. Es por esa razón que en varias ocasiones Franklin se ve constreñido a buscar trabajo en otras actividades, lo cual tiene un costo elevado porque empieza su labor cafetera a echar para atrás y la finca a deteriorase.

El bulto de abono a la fecha está por el orden de los 100.000 pesos y en toda la canasta de insumos el incremento registrado es del 30 por ciento en promedio, es decir que los agro-insumos son un palo más en la rueda de la caficultura. Hay otros productos que pasaron en cuestión de días a 74.000 pesos después de estar en 61.000 pesos.

Ni que hablar de los jornales que subieron alarmantemente sus tarifas puesto que uno de guadaña no se baja de 60.000 pesos por día, un recogedor de café marca en promedio 30.000 pesos más la alimentación lo cual sube a 40.000 pesos y los salarios o jornales de las cocineras y otros trabajos que igual cobran y valen mucho dinero a la hora de liquidar esas obligaciones. En el caso de Pérez hay diez trabajadores en campo para garantizar una buena recolecta.

“Yo he pensado en irme de la caficultura y si en este momento me compran la finca, la vendo a ojo cerrado y me pongo a hacer moto-taxismo porque ese trabajador vive mejor que el agricultor, que debe levantarse desde las cuatro de la mañana y trabajar hasta las seis de la tarde en medio de soles intensos o bajo aguaceros y barro. Ese que trabaja relajado y mantiene con la camisa al hombro está mucho mejor que el que le mete las manos a la tierra, ese que vive en ranchos pues no ganan ni para una modesta casa”, dijo.

“El pequeño caficultor lleva del bulto”

Lamentablemente el que más lleva del bulto es el pequeño caficultor y en estos entornos de caficultura se hace perentorio trabajar desde el alto gobierno para evitar que más familias abandonen una actividad loable que engrandeció el nombre de Colombia.

Luego de caminar bajo la intensidad del sol de aquella brillante y radiante tarde, salimos para la Asociación de Organizaciones Cafeteras de Alta Calidad del municipio de Teruel, ASOCAT. En este sitio todo es orden y conocimiento sobre el café de ayer, el de hoy y el de mañana porque sencillamente el mercado va cambiando y la idea es no depender de la Bolsa de Nueva York, sino producir un café especial de alta calidad y con todo el valor agregado para dar por terminada esa sumisión con los especuladores.

El presidente de ASOCAT, Porfidio Chaca, aseguró que los precios de hoy dan tan solo para sentarse a llorar porque no es justo que un grano que se produce con tanto esfuerzo sea remunerado a tan bajo valor. Así las cosas, el “Paraíso Cafetero del Huila”, paradójicamente vive su propio infierno.

Manifestó su malestar porque hay unos tipos de café como los robusta de Brasil que gozan de mejor precio que los colombianos de alto valor agregado que se pagan a razón de 725.000 la carga de 125 kilos, es decir un trabajo a perdida, teniendo en cuenta que los costos de producción suman más de 850.000 pesos.

Otro dolor de cabeza es el de los insumos, relató, y expuso que no por que el dólar baje, bajan automáticamente los precios de los agroquímicos y fertilizantes que por más baja que esté la divisa siguen pegados al techo haciendo casi que imposible llevar un cultivo con todas las exigencias de las buenas prácticas agrícolas.

Chaca destacó el trabajo de la Federación Nacional de Cafeteros, pero indicó que es urgente una mayor participación del Huila que ya hace parte de los grandes jugadores nacionales para propender por unas acciones al unísono que redunden en beneficio para una caficultura que debe estar unida y fortalecida para enfrentar los grandes retos y las enormes injusticias.

“El café especial es una de las salidas para conjurar el lío de los precios porque al paso que vamos y con ese trabajo en valor agregado el café pergamino será una pasilla más. El asunto es cambiar el chip de la caficultura para romper esas ataduras y lograr mejores resultados económicos por la vía de la calidad”, aseveró el señor Chaca.

Añadió que al paso que va la caficultura ésta terminará en el piso y lo grave del tema es que las multinacionales y los fondos privados que juegan a su acomodo con el trabajo de los caficultores se van a quedar sin materia prima y sin un café de calidad para sus mezclas.

Otra inquietud de la cooperativa es la importación de café para la industria porque muchos venden café de Brasil, de Centroamérica, de Perú y de otras latitudes al amparo de la marca Café de Colombia y ese asunto es muy delicado según la asociación porque hay de por medio publicidad engañosa y una jugada nada vertical con los caficultores colombianos que regalan su café mientras los granos extranjeros entran y suplen hasta la marca y el origen.

Esa situación de pagar con los más malos precios el mejor café del mundo está llevando a que muchos bajen la productividad y vendan micro-lotes de café especial para obtener unas ganancias abundantes y justas. Apuntó que resulta increíble que Nueva York y su mercado bursátil que no sabe de siembras ni de sufrimiento sea quien ponga precios, como si el factor humano no jugara un papel determinante.

“Si Dios fuera cafetero, los señores de la Bolsa de Nueva York y los de los fondos privados estarían más que condenados porque un país que vive de las siembras cafeteras no pueden aguantar hambre o dañar su calidad de vida, solo porque a los señores de la gran bolsa se les da la gana”, puntualizó.

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