Para el oído nace la voz

Por: Ana Patricia Collazos Quiñones

De nuevo nos enfrentamos a otra jornada de expresiones colectivas donde el paro nacional sigue anunciando la necesidad de concertación y soluciones para una ciudadanía cansada e indignada. Las voces, los carteles con mensajes de reclamo, las marchas silenciosas, las consignas creativas, las canciones, los poemas, las velas por los muertos, los cuerpos caídos en la acera, las balas que hieren el anochecer, el miedo detrás de la cortina, la cortina de humo de los medios, el dolor de las madres que esperan sin saber que su hijo regrese, la bota militar que se niega a golpear y que golpea, la jovencita que grita tras la bandera, la bandera que cubre su cuerpo, su cuerpo que ha sido violentado por la fuerza, la fuerza de su suicidio y su adiós entre la huelga, el profe de yoga que medita desde el corazón, el corazón que lanzó los disparos, el viaducto que conectó su muerte con la lucha silenciosa, el alcalde que se asombra, el presidente que dice respuestas, las respuestas que no responden las preguntas, las otras respuestas que de palabras se tornan en disparos, los disparos que callan la gente, la gente que pide justicia, la justicia que no llega, la vida que continua en otro miércoles de café con noticias de vándalos que han roto los vidrios de otra calle, una calle donde caben los ciudadanos y los infiltrados, los que reciben plata para salir a gritar y para salir a dañar la imagen del que grita, la ciudad que soporta en el calor de esta tierra estival que explota lentamente y en silencio.

Pasan los días como escenas de una película de horror, donde los protagonistas están cerca, sabemos cómo se visten, como caminan, sabemos que son ciudadanos como nosotros, hablan como nosotros, sufren como nosotros, pero más que una película, parecen protagonistas de un monólogo teatral donde pocos escuchan, y nadie les responde.

Hoy más que nunca, la resistencia es un llamado al diálogo, a la comunicación entre ciudadanos y líderes, entre comunidades y sectores públicos, capaces de tomar las decisiones para que esta confrontación termine y se puedan sentar a la mesa, y hablar de frente, con transmisión por las redes sociales, con la participación de los artistas y de los maestros, y de los campesinos y de los obreros.

Ha llegado el momento de que el Estado escuche, entienda, sea creativo y genere espacios de transformación ciudadana como se ha podido hacer en otros países y en otras sociedades. Pero para ello, se necesita que nos escuchemos, no solo a nosotros mismos, sino entre nosotros y que el gobierno escuche.

La comunicación es un proceso entre dos partes que solo se hace realmente efectivo cuando hay retroalimentación, cuando hay respuestas que beneficien a los dos interlocutores. No cuando se calla al otro a la fuerza.