Este lunes 1 de noviembre celebra la Iglesia la solemnidad de todos los santos. Y el martes 2 de noviembre la conmemoración de todos los fieles difuntos. Los santos son aquella pléyade de hombres y mujeres que hicieron de su vida una ofrenda agradable a Dios y que le permiten a la Iglesia proponerlos como modelo para todos los creyentes. Personas que, habiendo encontrado a Dios en sus vidas, todo lo convirtieron en ocasión para alabarlo, servirlo y hacer de la voluntad de Él su propio plan de vida. Todos los fieles difuntos, por su parte, nos los hacen presente la Iglesia para que agradezcamos a Dios su vida y para que les ayudemos con la oración a apresurar su encuentro con su Padre y Creador.

¡Cómo se ha vuelto de diferente la mirada sobre los hombres y mujeres que deben ser admirados y qué distinta es hoy la mirada sobre la muerte! ¿Quiénes son hoy admirables? Nos publican todos los días las listas de las personas más ricas, los deportistas y estrellas de la farándula…. más ricas. Nos embuten de todos los modos posibles unos seres estrambóticos que se hacen famosos diciendo o haciendo toda clase de extravagancias en redes. Nos quieren hacer caer de rodillas ante los que provocan la muerte por una u otra razón o ante quienes la buscan sin ser llegada todavía su hora. Ya no se asume el tránsito hacia la eternidad como un paso en fe y confianza, sino que se rompe la existencia con variados pretextos. Y los seres “admirables” de hoy subyugan y fascinan multitudes enteras y los mercaderes de la muerte venden con enorme facilidad sus cachivaches. ¡Vivir para ver!

No obstante todo, ni la santidad pierde su brillo ni la muerte bien asumida su majestad. Porque la santidad es el reflejo de Dios que puede brillar con más fulgor en la vida de algunas personas y la muerte viene siendo un llamado que, para el creyente, y aún para la razón pura, es a la vez punto de llegada y punto de partida a una nueva dimensión de la vida. La debacle espiritual, o quizás de vacío espiritual, del mundo contemporáneo, así como la adicción a la muerte como una cosa más, no logran opacar ni el brillo de la santidad ni la grandeza de la muerte. Al contrario, entre más se tiende a negar a las dos, ambas se hacen más elocuentes y, en últimas, salvan a la humanidad del absurdo, fuerza esta que como un hoyo del universo pareciera querer tragarse todo.

Mañana lunes, día de todos los santos y el martes, día de los difuntos, oportunidades para mirar alrededor y descubrir que hay santos y santas cerca de nosotros y para recordar a las personas que con amor y profundo sentido abrieron las sendas de la vida que hoy nosotros recorremos.

Invitación: El martes, día de los difuntos, la Arquidiócesis de Bogotá ofrecerá una eucaristía por quienes han fallecido a causa de la pandemia del covid-19. Será transmitida por los canales Cristovisión y Teleamiga, a las 10 a.m.