lunes, 12 de noviembre de 2018
Opinión/ Creado el: 2018-09-12 08:59

Un cristiano, un buen ciudadano

Escrito por: Froilán Casas
 | septiembre 12 de 2018

Si hay algo que le ha hecho tanto mal al mensaje cristiano, es reducir la fe a la sacristía o a actos de culto meramente. Jesucristo, nuestro único referente no fue una persona rara que huyó del mundo, fue verdaderamente un hombre común y corriente pero que a la vez tenía un sello de especial calidad. Su porte era impactante, ¿por qué? Por su conducta. La fe no se puede reducir a un asunto privado y menos para mostrarla en unas costumbres religiosas. ¡Noooh! Por favor, la fe es para mostrarla en la vida diaria, en la conducta. Eso sí  es convincente. De lo contrario le damos la razón a Marx: “opio del pueblo”. La fe no es para guardarla en el cuarto de San Alejo, la fe se visualiza en su conducta. La fe se anuncia por atracción, no por proselitismo. No hay cosa más molesta que uno vaya en un bus o se encuentre en un sitio público y se acerque uno de esos fanáticos a amargarnos el momento ofreciéndonos tablas de salvación sin ton ni son; han hecho del Evangelio un buen artículo de mercadeo.

¡No, por favor! Nuestro Maestro nos enseñó que los demás nos conocerán como sus seguidores si lo mostramos amándonos. No nos salvamos por lo que decimos, sino por lo que hacemos o dejemos de hacer en favor de los otros. El divorcio entre la fe y la vida es uno de los mayores escándalos que le presentamos los cristianos a la humanidad. Dejemos tanta retórica barata y mostremos al Señor Jesús en nuestra conducta. A mí me fastidian los proselitismos religiosos. He visto tantos predicadores que llevan una vida contraria a aquello que predican, sin ninguna autoridad moral y, sin embargo, tienen en su base de datos a una enorme membresía, -claro, detrás de esas estadísticas viene un jugoso diezmo y, ¡gloria a Dios! , parecen encantadores de serpientes y hay tantos ingenuos que los siguen. Pero no es menos grave un extremo en la cultura de la ciudad secular,  cultura sin Dios, en donde se pretende sacar a Dios de  la vida pública. La frase de John Locke: “la religión es un asunto privado”, sí que ha permeado en la cultura actual. Un gobierno laico no es el que masacra y destruye las creencias, sino el que las respeta.

Conviene distinguir entre gobierno laicista y gobierno laico. Queremos un Estado laico, no un Estado laicista: que los gobernantes respeten las creencias de los gobernados, además fueron éstos quienes los eligieron. Un cristiano es un hombre que tiene que ser un excelente ciudadano, paga los impuestos con pulcritud, respeta las reglas de un Estado de Derecho, respeta las reglas de convivencia ciudadana, a saber: conduce respetando las señales de tránsito, llega puntual a la oficina, en su negocio no explota a los clientes, por el contrario los atiende como a Jesucristo, es un excelente cónyuge, excelente hijo, excelente empleado. Su carta de presentación es el servicio. Su lema es: Deber antes que vida. Un cristiano es una persona confiable. Si fuéramos buenos cristianos, este país habría cambiado hace mucho tiempo.

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