viernes, 10 de julio de 2020
Enfoque/ Creado el: 2019-12-30 09:09

Un pueblo mágico

“San Agustín fue, ante todo, un centro ceremonial dedicado al culto a los dioses y al culto funerario. Lugar, además, de un gran asentamiento humano capaz de producir este arte monumental, de hombres que pensaban poco en sí mismos y más en los poderes sobrenaturales y en la vida de ultratumba”. (María Victoria Franco, Gloria María Uribe.)

Escrito por: Redacción Diario del Huila | diciembre 30 de 2019

Por: Darwin Méndez Losada

Atraído por los comentarios de algunos amigos, que me habían hablado de la experiencia que vivieron el año anterior, al visitar San Agustín, que, en el mes de diciembre, se convirtió en un verdadero pesebre, con viviendas, calles y personajes que rememoraban la época del nacimiento de Jesús de Nazaret, decidí viajar a este municipio para conocer personalmente este trabajo artístico, que participó en el año 2018 en los Récord Guinness, al pesebre más grande del mundo. Una atracción, que para mí tenía un valor cultural más que religioso.

Cualquier motivo es excusa para visitar este municipio, un pueblo mágico que atrae la atención de nacionales y extranjeros.  Aunque, debo admitir con tristeza, esta seducción la experimentan más los extranjeros, porque valoran, grandemente, la importancia arqueológica y cultural que tiene este lugar para la humanidad y no solo son restos de piedras aburridas, como le he escuchado decir a algunas personas nacidas en el Huila, al referirse al legado que encierra uno de los escenarios de mayor relevancia para los arqueólogos y la necrópolis de mayor extensión de América, cuya antigüedad de los vestigios de la civilización que existió, datan del 3.300 A.C.

En compañía de mi colega y amiga Yamileth Díaz Peña y su hermano Anderson, arribamos a San Agustín, con sus viviendas pintadas armónicamente de verde y blanco e iluminadas con luces de navidad.  Después de instalarnos en el hotel Alto de los Andaquíes, de propiedad de los esposos Alejandro Torrente y Sonia Constanza Caderón, un hospedaje agradable, rodeado de naturaleza, que permite un verdadero descanso, alejados del ruido y la contaminación, regresamos al centro poblado.  Ansiosos y un tanto fatigados, luego de caminar los 800 metros que separan el hospedaje del pueblo, llegamos al parque principal para observar el pesebre, tan nombrado por mis amigos, pero, lamentablemente, no lo encontramos.

En busca del pesebre

En el parque había varios stands con decorados alusivos a la Navidad, donde se vendían diferentes  productos de confiterías y artesanías; los vendedores vestían túnicas, sandalias y turbantes, pero no había rastros del pesebre; buscamos por algunas calles y ya inquietos por no encontrarlo, decidimos preguntar a los lugareños y policías dónde se hallaba  el motivo de nuestra visita, pero éstos, también un poco desanimados, nos explicaron que el pesebre, visitado el año anterior por mis amigos, no se había realizado este año; en su lugar, se montó uno interactivo al lado del templo, cuyo costo de ingreso era de 2 mil pesos.

Ante la noticia, desconcertante, por cierto, optamos por dejar el ingreso para el día siguiente y mejor disfrutar del ambiente siempre agradable de San Agustín, caminar por sus calles, apreciar los trabajos de artesanías y disfrutar de un delicioso café o una exquisita cerveza artesanal, bajo la luz de la luna y acompañados de una fresca brisa

Un lugar de ensueño

A la mañana siguiente, visitamos dos de los diversos lugares que tiene este municipio para mostrar; los destinos concertados fueron El Tablón y la Chaquira, que relativamente se encuentran cerca al poblado.  Por 6 mil pesos, un taxista nos llevó hasta El Tablón, donde se encuentra un museo etnográfico y 5 litoesculturas muy bien conservadas. Posteriormente, caminamos hasta la Chaquira, un lugar fantástico, desde donde se pueden apreciar varias cascadas y el río Magdalena, con sus aguas alborotadas, que al descender y chocar con las rocas produce un sonido apacible. Sobre la piedra volcánica se encuentra tallada la figura de una mujer, con sus brazos levantados mirando al oriente, como venerando lo que apreciaban sus ojos. Así mismo, se pueden contemplar algunos petroglifos con rostros humanos y de animales. 

La hermosura del paisaje y la tranquilidad que irradia este cañón, le dan un toque místico y de éxtasis; la brisa, que golpea con fuerza, trayendo consigo el sonido del río, de los árboles, de las aves, de los cánticos de los ancestros que, posiblemente, llegaban a este lugar para venerar a los dioses por lo perfecta de la creación y de donde se inspiraron para realizar las majestuosas obras sobre la piedra y el barro, reconforta el espíritu y el cuerpo.  Hay energía circulando por todo el espacio, que viene de aquellas mujeres y hombres con una cosmogonía de lo universal, de la estrecha relación hombre – naturaleza.

Encontrando el pesebre interactivo

Recargados de la buena energía, regresamos al hospedaje y nos preparamos para pasear por las calles del pueblo, en la noche.  El interés de visitar el pesebre interactivo se había perdido, pero, ante la insistencia de Yamileth, devota de las tradiciones navideñas, decidimos ingresar.  Elaborados con madera, bahareque y cemento, se extendían diferentes edificaciones que semejaban viviendas y establos de la Nazaret de comienzos de la era cristiana. También había maniquíes con vestidos y decorados de la época de la invasión romana, en los territorios que hoy conocemos como Palestina e Israel.  No faltaban las representaciones de escenas bíblicas, con personajes que tuvieron relación con Jesús en su niñez y adultez; una escenografía muy bien diseñada, con luces de colores que adornaban el montaje.

En 20 minutos terminamos el recorrido, entre fotografías y comentarios.  Un pesebre muy bonito, pero muy distante a la idea que tenía antes de visitarlo.  El descontento nuestro, se reflejaba en los rostros de otros visitantes y de los propios agustinenses, que, tal vez, como nosotros, querían encontrar algo distinto. 

Con esto, no quiero menospreciar el gran trabajo artístico de este pesebre, ni del ambiente de alegría que se vive en el municipio, todas estas iniciativas potencializan el turismo y le dan a San Agustín otras alternativas o excusas para visitarlo, el problema es que nos hacemos imaginarios, propios o transmitidos, que, al confrontarlos con la realidad, nos dejan inconformes.

Después de la visita al pesebre, continuamos caminando por las calles, llenas de turistas de diferentes nacionalidades, con acentos diversos, pero, eso sí, todos fascinados con el encanto de esta tierra, que ha propiciado una mezcla cultural entre los pobladores y los extranjeros que decidieron quedarse a vivir, trayendo sus costumbres que se amalgaman con lo ancestral.

Muchos quisiéramos tener una vivienda en San Agustín, pero pocos son los afortunados, así que tristes por tener que partir y por una visita tan corta, regresamos a Neiva, reconfortados con el aliento de nuestros ancestros y con la idea de volver las veces que sea necesario.

Agradecimientos

Quiero agradecer a Jhon Freddy Figueroa y al Diario del Huila por la oportunidad que me dieron de poder compartir con sus lectores este trabajo periodístico, que ha querido mostrar lo extraordinario y atractivo que es nuestro departamento del Huila.  Mi gratitud a Linda Vargas, editora de prensa; a todos los amigos que, de una u otra manera, me apoyaron en este proyecto, acompañándome en los viajes y sugiriéndome lugares a visitar; a todas las personas que, generosamente, me recibieron en sus casas y empresas y compartieron conmigo su tiempo e historias.  Agradezco a mi familia que me ha apoyado en todo momento; a Anyi Muñoz, gran motivadora de mis proyectos, y, un agradecimiento especial a mi tía Elinor Casanova Losada, cómplice silenciosa de esta iniciativa, pero fundamental para que la ortografía y redacción estuvieran a la altura de los lectores, a quienes les doy las gracias por haber sacado un momento de su tiempo para leer las crónicas. 

A todos y cada uno, mil bendiciones y que el próximo año esté lleno de éxitos y muchos proyectos.