DIARIO DEL HUILA, HISTORIA

 Por: Brayan Smith Sánchez

Fotos: Sara Lucia Alarcón

En el municipio de Palermo norte del departamento del Huila, doña Lucila Tovar conserva una tradición que ha perdurado desde generaciones en su familia, mediante la creación de escobas artesanales se ha sostenido durante toda su vida económicamente, a sus 60 años de edad se considera una mujer pujante y fuerte.

Los orígenes de la escoba, tal y como la conocemos se remontan a la era del Renacimiento, un momento histórico en el que se puede decir que se crearon o inventaron los primeros prototipos de este elemento tan fundamental y esencial en nuestra vida diaria.

En su inicio, era una herramienta muy sencilla basada en un manojo de ramas atadas con piola, que surgió ante la necesidad que veían las mujeres de aquella época de retirar del suelo todo aquello que molestaba o que ensuciaba las distintas superficies de sus hogares o lugares donde las empleaban.

Al repasar un poco sobre el origen de este elemento tan esencial y útil en la vida, es asombroso encontrar aún a mujeres que siguen estas prácticas, y que viven de ellas, de su creación y creatividad para realizarlas.

En el municipio de Palermo, zona norte del departamento del Huila un lugar que a simple vista se logra observar que derrocha paz, tranquilidad y cultura, a 10 minutos del centro poblado se encuentra una casa construida en bareque, llena de color y humildad, su propietaria es una admirable y generosa persona, doña Lucila Tovar. Cabe mencionar que su hogar, queda aproximadamente a 5 kilómetros, y que ella a diario con su ‘perrenque’ recorre a pie todos los días con sus escobas al hombro como toda una mujer guerrera, o cuando corre con suerte vecinos aledaños a ella, la transportan en moto.

Al llegar a su morada, doña Lucila nos recibe de una manera especial y acogedora, que hace pensar, que la conocemos de hace años o incluso que es familiar. Una mujer de 60 años, de contextura gruesa, dulce, de tez blanca y muy orgullosa de sus costumbres y el trabajo que ejerce y del cual según ella sobrevive y ha mantenido a sus hijos.

“Tenemos que disfrutar de la vida, hay que aprovecharla, gozarla y no amarrarse a una persona, lo único que se debe amarrar acá, son las escobas, y recuerde que el proceso es difícil, pero al final del camino encontrará una luz”, manifestó Lucila Tovar.

Al preguntarle, por su oficio tan peculiar, que es la creación de estas escobas, exclamó, que su abuela fue quien le inculcó esta actividad y que debido a la situación económica que ha tenido en su vida y el poco nivel educativo, más que una opción fue una obligación, o sino moriría de hambre, nos cuenta que a pesar que al principio le daba pena, aprendió a vender los productos en la galería central de Palermo, con orgullo y como lo manifestó, “sin tanta vaina”.

Nos relata de igual manera que de mañana en mañana y de sol a sol, forcejea durante más de 45 largos, agotables y tediosos años, recorre cada paraje llena de ansias por encontrar    la magia de sus ancestros y sostenibilidad.

Desde sus 15 años de edad, La Dama de las Escobas, de manera humilde y sencilla  en su larga vida realiza una grandiosa labor que es la transformación de manojos de diferentes plantas secas llamada Escoba de Pajarito.

Al preguntarle sobre cómo escogía cada una de las ramas para elaborar dichas escobas confesó que es una ‘ducha’ en este tema, con un tono seguro y vanidoso, manifestó que; su experiencia de más de 40 años le daba el privilegio de saber desde lejos las indicadas, que estas “Escobas de Pajarito” estaban llenas de secretos, energías, misterios y que ella los descifraba bastante bien.

Tiene muy claro cuándo puede tomar una planta, sus clases y beneficios, confiesa que algunas son medicinales, otras poseen nombres extraños y muy difíciles de pronunciar, entre las que se acuerda menciona unas tales como; la escoba de marrano, mechas de león o zancudo, para ella súper conocidas y básicas, para otras plantas nuevas y de extraño llamar.

Orgullosa y muy digna de su labor dice que gracias a su trabajo ha ayudado a limpiar bastantes casas, aromatizando y retirando las malas energías que hay en algunos lugares, expresando así, que estas ramas no son solamente para barrer.

Con su espalda un poco doblada, debido al estar en permanente agache, recolectando sus ramas, menciona, que en ocasiones la sed es inmensa, ya que, prefiere llevar poca agua, debido al peso que genera llevarla.

Doña Lucila, cada día que sale en busca de escobas va pensando en todas las razones presentes  para seguir adelante y luchar por su gente, por sus muchachos como llama a su familia, conformada por su hijo y sus dos nietos.

“Ellos son el motor de mi vida,   por ellos aun busco recursos, porque este trabajo es muy agotador y ya con tanta  dolencia es complicado”, recalcó.

Lo que más le ha afectado para conseguir las plantas es el cambio climático, la contaminación, por el verano algunas especies de plantas poco se reproducen, esa ha sido según ella la experiencia que más le ha dolido y marcado, vivir el cambio radical que afronta la naturaleza por culpa del ser humano.

Una tradición que se volvió su filosofía de vida son las escobas en la vida de esta mujer que barre sus días malos, recoge los buenos y al pasar de los años ha ido ordenando de a poco lo que ha ido encontrando en su camino, hoy en medio de las dificultades vive feliz, sonriendo y sacando la basura con sus escobas ancestrales.

Un uso que perdura; las escobas artesanales

La Dama de las Escobas, de manera humilde y sencilla en su larga vida realiza una grandiosa labor, que es la transformación de manojos de diferentes plantas secas llamada Escoba de Pajarito.