Diario del Huila

Una carta para Habana

Ene 7, 2023

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Tengo mucho miedo de empezar a escribir esta nota, no sé lo que va a salir ni qué combinación de letras van a hacer mis dedos al pasearse por el teclado de mi computador mientras mi cabeza se encuentra pensando en una sola cosa, la ausencia de mi hermanita perruna, la ausencia de mi hermosa Habana.

DIARIO DEL HUILA, DIARIO DE BORONDITO

Por: Nicolás Mota

Esta vez no me voy a centrar en alguna de nuestras experiencias, las cuales están casi que paralizadas por lo sucedido con Habana, aun no salgo de la tristeza y el asombro y no sé ni siquiera como empezar.

Ella llegó a nuestra casa en el momento en el que más la necesitábamos, ella nunca lo supo, llegó a un hogar destrozado por la pérdida de mi vieja después de luchar por una larga enfermedad y carcomida por la plaga del maldito aislamiento que sufrimos en el apogeo del COVID. Hubo discusiones, no todos estaban dispuestos a abrirle las puertas a esta hermosa perrita, un poco el miedo de la responsabilidad, un poco también por el estado en el que nos encontrábamos.

Así como unos no la querían, otros pensaban que, si era la solución, por ese entonces Kala; la perra de los Vitoviz, una border collie color chocolate con blanco se paseaba por las calles del condominio repartiendo belleza y felicidad por todos lados. Ella iba a ser tu gran amiga, siempre te iba a estar esperando para ir a corretearse, morderse y destrozar los jardines de nuestros vecinos; para que esto se cumpliera nos lanzamos y nos fuimos en búsqueda de nuestro ángel, fuimos en busca de ti, mi pequeña border collie blanca.

Empezó la historia de nuestra mascota, le construimos una jaula en el patio para que no se escapara y empezamos a ver videotutoriales sobre como entrenar a una mascota. Nos prometimos ser estrictos con ella para que fuera una perra educada, lo primero no lo cumplimos, pero lo segundo sí. En principio nos enfrentamos a lo habitual, pipi y popo por todos lados, sorprendentemente pocos destrozos y muchas ganas de enseñarle trucos pendejos que iban a ser muy útiles para tu faceta de modelo que iba a explotar Marx.

Iba pasando el tiempo con Habana y se iba ganando más nuestro corazón, a pesar de que era una cachorrita super odiosa, no le gustaba que la consintiéramos, es más, huía cuando lo hacíamos, poco a poco le fuimos ablandando, poco a poco se fue acostumbrando a estos simios lampiños que se le tiraban encima a darle besos y recibir tiernos mordiscos a cambio. 

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Fue creciendo y se dio cuenta que tenía que vivir viajando, no de la manera en la que lo hacemos ahora, sino entre Neiva y Bogotá. Acostumbrarse a los horarios de oficina de Daniel y a los paseos a buscar cualquier pendejada en las tiendas y chuzos de cerca a la casa del Gordo. Se iba quedando atrás el concepto de mascota y se iba tomando forma el de una parcerita, una hermanita chiquita que nos íbamos a cargar de un lado a otro. 

Con nosotros siempre

Nos hicimos algunos paseos a ríos que estaban cerca al principado huilense, descubrimos que le tenías mucho miedo al agua, tanto que lograste escapar algunas veces de nosotros y pegarnos unos buenos sustos, para al final darnos cuenta de que habías encontrado refugio en la parte de abajo de la camioneta. 

Luego llegó el momento de que conocieras tu casa en Bogotá. Muy fácil fue para ella la vida social perruna bogotana, dos veces al día verse con sus amigos, corretearse y abrir huecos en los parques. Ir conociendo infinidad de perros en las calles, recibiendo caricias y elogios por sus hermosos ojos color azul cielo, o como el color del agua de un glaciar, color alegría. Más fácil aún era trastearla, amaba el carro, la ventana, jugar a atacar motos, luego se fue animando a los carros, pero eso sí, les tenía muchísimo miedo a los camiones, esos la hacen esconderse del susto que le daba. 

Posteriormente llegó el momento en el que decidimos viajar, teníamos motos y le estábamos buscando la comba al palo para poder encaramarte en un bicharraco de esos y no dejarte atrás, solo llevabas un año con nosotros y no queríamos que te perdieras el viaje. Al final nos tocó dejar los bípedos atrás y montarnos en la vieja Mitsubishi montero, el tractor que nos había resistido ya algunas batallas. Te asignamos el puesto de atrás, el del baúl, ahí te dejamos tu sillita para que te sentaras cómoda, sin que ninguno de nosotros molestara tu juego con los carros. Insistieron mucho para que te quedaras en la casa, la finca e incluso la Guadalupana, pero nosotros tercos como siempre decidimos traerte. 

Fuiste feliz, muy feliz diría yo. Visitaste 5 países con nosotros, te conocieron decenas de personas que no te trataban como «el perro» sino como lo que eras, una integrante más de nuestra familia. Descubrimos que amabas la trucha, era tu plato favorito junto con el arroz blanco, los mimos que te daba Valen en la cama, embarrarte y untarte en popo que encontrabas en el campo, que amabas escarbar en la playa, le perdiste el miedo al agua y amabas correr entre los inmensos pastizales que encontrábamos en la hermosa cordillera de Los Andes. 

Tu partida

Hoy 4 de enero del 2023 nos toca despedirte en Mendoza, Argentina, mi Habana, un mal concepto médico nos impidió reaccionar a tiempo para encontrar una solución a un problema que tuviste, y nos pesa en el alma que esto esté sucediendo. Hoy te toca conocer a mi mamá y a los otros perritos de la camada que te antecedieron en nuestra familia, con el perdón de ellos, ninguno como tú.

Llegaste para aferrarte a nuestro corazón, a nuestra familia. Te dije muchas veces que no te quería extrañar, pero hoy y por algún tiempo más, me va a tocar hacerlo, me va a tocar vivir con el dolor de extrañarte. Podré consentir otros perros sin temor a que te acerques para alejarlos celosamente de mí y ya no sabre que hacer con la porción de comida que te guardo cada vez que como y me entristece mucho saber eso. 

Quiero agradecer a todas las personas que le dieron amor a mi hermanita durante el corto tiempo que estuvo en vida. Gracias a William y a la familia de cachorros por ayudarnos a prepararte para el viaje y por contestarnos a deshoras cada vez que nos preocupabas, los mismo a nuestro gran amigo Teto Donoso y mi tía Gloria por estar encima del proceso, igual a mis tías Motta, y Diaz que estuvieron tirando camándula y velas por la recuperación de la puerquita; al señor San Roque, que, aunque no pudo hacernos el milagro, sabemos que lo intento.

Sobra de más mencionar a mi papa, Cheo Motta, por ser la persona que no nos quiere dejar caer en estos terribles momentos que estamos viviendo. Lo mismo a mi cuñada, Maria del Mar Rivera por haber amado tanto a mi Habana en este par de años. Valentina Cuervo por haberla acogido como si también fuera parte de tu familia, a mi hermano Camilo y obviamente a Daniel que hacía el papel de papá mamón mientras estuviste con nosotros. 

Conocerán más de las andanzas de Habana durante el viaje, el plan ahora es llevarnos sus cenizas hasta el final, esparcirlas y dar por concluido tu ciclo. Fue tan fácil quererte y va a ser tan difícil curarnos. Gracias por devolver la alegría a la casa de los Motta Diaz, no fuimos lo suficiente como para pagarte en vida. Te amo Habana, te recordaré para siempre.

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