Por: Froilán Casas 

¡Cómo hay de confusión! Casi todo el mundo piensa que ser religioso expresa ser cristiano. ¡Qué pena! No. Todo cristiano tiene expresiones religiosas, pero no todo religioso es cristiano. Es más, con frecuencia muchas expresiones religiosas deforman al mensaje cristiano. No se preocupe, adentrémonos un poco más en el tema. La religiosidad es propia de todas las religiones, es una expresión de la cultural. Cada pueblo y cultura tienen sus propias expresiones religiosas, traducidas en ritos, símbolos y expresiones cultuales. Muchos cristianos, por su falta de formación en la fe, caen en un sincretismo, o mejor, digamos en criollo, en un sancocho y mezclan en sus expresiones un revuelto inimaginable. En buena parte se debe a una falta de formación sólida. Infortunadamente tenemos algunos predicadores que por ignorancia o por desobediencia, siguiendo sus propios caprichos y no raras veces para obtener a corto plazo utilidades económicas, cultivan estas costumbres que dan “resultados” a corto plazo. Una formación sólida exige tiempo. La fe cristiana, centrada en la persona de Jesucristo, exige un profundo cambio conductual. Una fe que no se traduce en la vida, le da razón a L. Feuerbach y a K. Marx = la religión es “aguardiente-opio” del pueblo. Muchos quieren una religión facilista, un “dios” de bolsillo que lo permita todo, como quien dice: el que peca y reza empata y vamos para adelante. ¡Lástima que hemos empobrecido el amor primero! A los cristianos de los seis rimeros siglos les importaba, antes que “recibir” los sacramentos, conocer a la persona y a la obra de Jesucristo. Para llegar a los llamados sacramentos de iniciación cristiana, a  saber: bautismo-confirmación y Eucaristía- solo se llegaba después de una larga y seria preparación, hasta ocho años. Por eso pudieron soportar tantas persecuciones del imperio romano. Con el correr del tiempo se destiñó el mensaje de Jesús: todo se convirtió en religiosidad; a saber: novenas, peregrinaciones, santuarios. Se sacralizaron cosas, lugares e instituciones. Santa Sede, Sagrada Congregación, santo hábito, santa regla, santa madre fundadora, etc., etc. Para la fe cristiana centrada en la Palabra de Dios, solo es santo el ser humano. El ser humano es sagrado. Es la única criatura que es “imagen y semejanza de Dios”. San Pablo nos dice que el “cuerpo humano es templo del Espíritu Santo”. Lo dice en un ambiente en donde se sacralizaban los lugares y las instituciones. Así era la cultura del imperio grecolatino. Afirmar que el cuerpo humano es templo del Espíritu Santo, era absolutamente nuevo e incluso inaceptable. ¡Qué tristeza, cómo se deforma el mensaje de Jesús! Cuántas personas tienen en sus carteras, billeteras, mesitas de noche, habitaciones, oficinas, etc., imágenes de santos y a la par, detestan al compañero de trabajo, tratan mal a quien viene a solicitar un servicio, viven denigrando del prójimo quitándole la honra y la fama, roban cuando pueden, etc. ¡Qué deformación de la fe! Las expresiones religiosas, en una sana visión cristiana, deben ser manifestaciones de la profundidad de la fe y no centrar la fe en esos símbolos. Si la fe cristiana no se traduce en la vida, es un placebo.