viernes, 20 de septiembre de 2019
Contexto/ Creado el: 2019-09-05 10:49

Una vida al servicio de la Iglesia

Tenía 100 años y seis meses al momento de su fallecimiento. Obispos de la Conferencia Episcopal Colombiana, decenas de sus fieles, especialmente de Manizales, lamentaron la noticia.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 05 de 2019

 

A los 100 años de edad murió José de Jesús Pimiento Rodríguez, arzobispo emérito de Manizales y quien era hasta el momento de su deceso, el cardenal de más edad de la Iglesia Católica.

Su fallecimiento se presentó el martes  en la casa San José, en el municipio de Floridablanca, área metropolitana de Bucaramanga, a causa de un infarto indicaron familiares.

Confirmado su deceso la Conferencia Episcopal de Colombia lamentó el fallecimiento del cardenal y elevó plegarias por el alma del cardenal.

En lo que corresponde al departamento del Huila, se destacó por sus buenas acciones en pro de los más necesitados a lo largo y ancho del territorio huilense en donde aún hay quienes le recuerdan.

Su vida

José de Jesús Pimiento Rodríguez nació en el municipio de Zapatoca (Santander) el 18 de febrero de 1919, hijo de Agustín Pimiento y Salomé Rodríguez de Pimiento. Con una vocación sacerdotal que nació a temprana edad, inició su formación eclesiástica en el Seminario de San Gil donde estudió filosofía de 1936 a 1937, y que concluyó en el Seminario Mayor de Bogotá donde hizo estudios en teología de 1938 a 1941.

Fue ordenado sacerdote para su diócesis el 14 de diciembre de 1941 por monseñor Ismael Perdomo Borrero, arzobispo de Bogotá de aquel entonces. A la edad de 36 años fue nombrado obispo auxiliar de Pasto por el papa Pío XII. En 1964, San Pablo VI lo nombró obispo de Garzón.

Durante este tiempo monseñor Pimiento participó en las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II como padre conciliar, y posteriormente fue escogido como delegado participante para las II y III Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano, realizadas en Medellín (Colombia, 1968) y Puebla (México, 1979) respectivamente; de nuevo sería escogido para tal función para la IV Conferencia General realizada en Santo Domingo (República Dominicana, 1992).

El 22 de mayo de 1975 el papa Pablo VI lo trasladó a la arquidiócesis de Manizales, donde ejerció su ministerio pastoral 21 años. Durante este tiempo se dedicó a la aplicación de los decretos del Concilio Vaticano II, enfocado especialmente hacia la pastoral familiar, la juventud y la sociedad, sin dejar de lado la educación y la academia.

En 1996, San Juan Pablo II aceptó su renuncia y se mudó al Urabá antioqueño para ejercer su servicio pastoral como misionero en la Diócesis de Apartadó.

Un hombre de carácter

Presidentes, congresistas, dirigentes políticos y empresariales, catedráticos y fieles le escuchaban cada año, no sólo por sus enseñanzas y sus duras críticas a la realidad nacional, sino también por el exquisito uso del idioma.

En 1991, por ejemplo, en plenas discusiones sobre la nueva Constitución, como arzobispo de Manizales, le pidió a la clase dirigente del país que revisara su mentalidad y sus comportamientos “porque la crisis social que vivimos es básicamente una crisis de dirección, de valor y de responsabilidad, para establecer el orden, la justicia, la dignidad y el valor de la vida y de las personas”.

Invitó ese año a los constituyentes a que respetaran el valor de la familia y lo aseguraran dando determinaciones que tuvieran en consideración la naturaleza del matrimonio.

En 1995 dijo, entre otras cosas, que nuestra sociedad está constituida sobre proyectos políticos personales y de grupos, sobre proyectos económicos de acaparamiento y ambiciones desmedidas, y sobre indisciplina social desbordada. “Así, se ha creado un clima de injusticia, de emulaciones equívocas, de despotismos de grupos de poder, de explotación de los débiles, de leyes y códigos impracticables, que traen como consecuencia la pérdida de la paz, violencia generalizada, criminalidad desbordada, subversión armada, impunidad, narcotráfico, injusticia social institucionalizada”.

Agregó también en esa Semana Mayor que “estos males no los resuelve ni la guerrilla porque es violencia sin causa, ni el narcotráfico porque es corrupción total, ni el Estado fingidamente democrático porque es la debilidad misma como sistema”.

Eran homilías contundentes. En julio del 2017 fue nombrado Miembro Honorario de la Academia Colombiana de la Lengua, “en reconocimiento a su ministerio orientado al bien común y destacando las buenas maneras de hablar y escribir manifiestas en sus cartas pastorales, homilías, alocuciones y sermones”.

Cuando el papa Francisco visitó a Colombia en el 2017 fue invitado a la reunión con el clero en el palacio arzobispal, pero sólo pudo darle la mano y no charlaron de ningún tema. “Él vive muy ocupado de los niños, enfermos, necesitados, para qué lo acosaba yo más”

Nombrado cardenal

“En el Ángelus del domingo 4 de enero de 2015 el papa Francisco anunció la celebración de un consistorio público para la creación de 20 nuevos cardenales provenientes de diversos países, que se llevó a cabo el 14 de febrero del mismo año en la Basílica de San Pedro; cinco de ellos, cardenales no electores en un eventual cónclave –por superar los 80 años de edad– entre los cuales se encontraba monseñor Pimiento, de 95 años”, según informó en su momento la Conferencia Episcopal Colombiana.

El 28 de febrero de 2015, monseñor Pimiento recibió en la catedral, de manos del cardenal arzobispo de Bogotá Rubén Salazar Gómez el birrete, el anillo cardenalicio y el pergamino con el Título otorgado por el papa, en una ceremonia presidida por el Primado de Colombia y el entonces Nuncio Apostólico en Colombia Monseñor Ettore Balestrero.

En una entrevista con el diario colombiano El Tiempo, el Cardenal Pimiento relató que su decisión de ingresar al sacerdocio “no fue improvisado”. “Mi mamá me llevaba todos los días a misa a las 5 de la mañana, yo me lo pasaba dormido allá. Pero eso me aficionó a la Eucaristía, sin saberlo. A los 8 años tal vez, fui acólito y eso me acercó más al Santísimo”, afirmó.

 “Ahí fue como creciendo la vocación. Eso prueba que Dios lo va llevando, sin darse uno cuenta, a comprender que ahí está Él”, aseguró el Cardenal.

El cardenal se destacó por su aporte a la paz del país desde lo académico y con acciones orientadas a sensibilizar sobre el bienestar común y el desarrollo.

Su pelea con Belisario Betancur

Es quizá en esta época donde sus declaraciones causaron escozor entre las personas que no le entendían su mensaje. Alegó con el presidente Belisario Betancur por el nombramiento de una gobernadora que no daba “buen ejemplo a la ciudadanía” y les solicitó a las muchachas que no usaran minifaldas, “porque eran cuerpos del Espíritu Santo” y con esas prendas podrían escandalizar o crear malos pensamientos.

No obstante, emprendió grandes obras para Manizales como el Centro de Evangelización y Catequesis de la Arquidiócesis, la Casa Juvenil y la Casa de orientación a la Juventud, el reforzamiento estructural de las torres de la Catedral de Manizales averiadas por el terremoto de 1979, y la remodelación del Seminario Menor en 1979.

En búsqueda de ayudas

Su participación como trabajador en búsqueda de las ayudas solidarias a los damnificados por la erupción de volcán Nevado del Ruiz en noviembre de 1985 fue perseverante, al promover unas 100 soluciones de vivienda localizadas en el Municipio de Chinchiná, en las veredas de Papayal, Los Cuervos y La Guayana de Villamaría, y las aldeas agrícolas La Paz y el Encanto.