Por: Juan Felipe Molano Perdomo

Usted y yo soñamos un país más justo en todos sus aspectos, pero recuerdo cómo mis padres, amigos, familiares y yo mismo, hemos recurrido a los Bancos a buscar dinero para iniciar un proyecto o para saldar otra deuda, y no solo nos encontramos con la dificultad para adquirirlo como si el requisito  principal fuera demostrar que no necesitamos ese crédito, luego una serie de exigencias que irrumpen en la dignidad del necesitado, pero al final cuando nos dan la aprobación sentimos el alivio de haber ganado la guerra, cuando en realidad ni siquiera hemos dado la primera batalla, pues  en adelanta será el afán por no incumplir y dejar si es preciso otras prioridades.

Los créditos oscilan en sus intereses corrientes entre el 0.7 al 2.5 % mensual siendo el más bajo para créditos descontados por nómina de pensionados, los otros siguen siendo la forma de esclavitud moderna, que ya es hora de poner en cintura, tal cual y con los mismos métodos que logro la humanidad acabar con el racismo. Parecido entonces es nuestro sistema bancario, pues somos vistos como un número más, no como seres humanos que dadas las condiciones necesitamos de ese mercado crediticio para apalancar nuestras metas.

Nada más paradójico que el gobierno nos llevó a salvar el sector bancario, el mismo que durante más de 150 años ha explotado nuestra pobreza o no recuerdan el 4 por mil de 1999, incluidos sus deudores, contribuían para salvarlos, pero en cifras actuales ellos si han tenido utilidades en promedio por año de 17 billones a 48.8 billones de 2020 y no vemos como democratizan esos mismos recursos. Entiéndanme que no es siquiera que devuelvan ese dinero a los colombianos a través de donaciones, subsidios, o la responsabilidad social empresarial, no, es que como mínimo amorticen a cada uno de sus deudores en un cifra, para que sus créditos no sean impagables, que como mínimo durante unos varios años, pueden ser los mismos que se beneficiaron del 4 x mil, rebajen los intereses de los créditos ya puestos y los futuros por los menos durante una década, lo cual si podría servir para la reactivación económica.

Es por ello que este País, solo podrá cambiar, cuando los colombianos dejemos de pensar tonterías, y dejemos de idolatrar a los políticos que se acomodan a  cada gobierno que está comprometido con el sector bancario y no avalan la aprobación de leyes que sirvan a sus electores engañados, pues amigos, nosotros creemos que elegimos presidente, que se elige contralor, procurador o fiscal, miembros de altas cortes, no señores, ellos ya van elegidos por Sarmiento Angulo o Ardila Lule, los grandes constructores, los grandes banqueros, los dueños de los grandes medios de comunicación, los dueños de los grandes capitales, nosotros solo concurrimos a un remedo de democracia participativa y confirmamos el nombre que ellos han querido.

Cambiemos el Congreso de la República mínimo  un 70% y logramos aprobar leyes serias y realmente que sirvan a los ciudadanos, al empresariado en todos sus niveles; por ello propongo una fórmula de Orden Nacional, que consiste en aprobar una ley que imponga a los bancos una reducción entre el 0.3 y el 0.5% de los créditos ya puestos en el mercado, que imponga que los nuevos créditos solo pueden calcular sus intereses entre el 0.3 al 0.5%, y que se establezca que la fórmula de amortización del crédito sea aplicando en cada cuota el 80% a capital y el resto intereses. Acordémonos que quien suma nunca pierde, le vamos a seguir pagando a los bancos por sus buenos o malos servicios, pero ellos no seguirán teniendo exorbitantes utilidades, ganaran, seguirán creciendo, pero nos asfixiaran menos y reactivaremos la economía, pues su dinero estará puesto al cliente generándoles el 30% en el término del plazo de endeudamiento ciudadano.

Otra perla de los banqueros y a las cooperativas es que han creado a su al redor y parte de su objeto social, casa de cobros prejuridicos, o entregando este servicio a firmas privadas, quedándose adicionalmente entre el 5 y el 10% de intereses prejuridicos, es decir que no solo la recordación y acoso para el pago, lo cual no debe ser una constante de los deudores, se le suma más cargas económicas al ciudadano, cuando los bancos y cooperativas pueden con sus grandes utilidades crear dentro de su nómina dicha actividad del prejuridico y no cobrar por ese servicio.