DIARIO DEL HUILA, CIUDAD

Por: Hernán Galindo

Los cambios y la dinámica que generan las medidas que tienden a modernizar la ciudad ha obligado a muchas personas en Neiva a reinventarse o a adaptarse a las nuevas circunstancias dentro de las medidas que las administraciones de turno han ido implementando para dar nuevos usos al suelo.

Uno de los sectores que se ha visto afectado es el de los vendedores de perecederos que debieron cambiar su forma y sitio de trabajo tras la desaparición de la Galería Central o plaza de mercado, en el microcentro de la ciudad, lo mismo que las llamadas plazas satélites en el norte y sur de la capital del Huila.

Curiosamente, un grupo de neivanos de quienes hoy batallan por adaptarse y no desaparecer están instalados a un costado de la Plaza Cívica Los Libertadores, en la calle séptima entre carreras segunda y tercera, en medio de toldos, sombrillas de todos los colores, carretas y oferta de distintos productos y elementos, principalmente de alimentos diarios.

“La idea de las administraciones por reubicarlos ha sido buscar recuperar espacio público y andenes de vendedores informales que se paseaban a diario por calles del centro o disponían regueros de comida en lugares de tránsito de personas o afectando el ingreso a almacenes que pagan impuestos y contribuciones”, señaló Francy Arriaga, veedora cívica de la zona.

Angélica Gómez vicepresidenta de la organización de vendedores de perecederos

Angélica Gómez vicepresidenta de la organización de vendedores de perecederos

Problema social

Lo que ellos piden, según le dieron a conocer al Diario del Huila, es que la Alcaldía, gremios o autoridades les entreguen proyectos de reconversión laboral que permita a los ambulantes tener otra forma de subsistir.

“Con lugares acordes para la venta de perecederos o nos dediquemos a otra labor. No hay que olvidar que muchos de quienes recorren diariamente a sol y sombra sus carreteras por la ciudad, a veces con hijos y padeciendo enfermedades y problemas en la casa, o están asentados junto a la Plaza, son víctimas de la demolición sin planeación de la galería, donde trabajaban directamente o con sus familiares”, manifiesta, casi con rabia, Petronia Busquillo, mujer con rasgos indígenas y piel tostada por la brisa y el calor.

En diálogo con Angélica Gómez, vicepresidenta de la Asociación de Vendedores de Perecederos, reubicados en el área en mención, cuenta que “nosotros llevamos aquí mucho tiempo. Primero, estuvimos junto a Centro Sur, en la segunda con tercera, y ahora estamos aquí”, para significar que la lucha que llevan es de años.

Y continúa: “A través de diálogo, en una tira y afloje con los alcaldes y las administraciones de turno a lo largo de más de 20 años (tiempo cuando pasó a la historia la Galería), no nos había permitido trabajar, ahora parece las cosas cambiar. Habíamos (sic) 65 y sólo quedamos 35 o 30. No recuerdo exactamente, pero unos se han alejado, otros se han reubicado, otros se han ido o simplemente han fallecido”.

Doña Angélica, como le dicen quienes se arriman a curiosear por la entrevista, es una mujer de la tercera edad, como la mayoría de quienes a través de esta organización laboran en este sector.

Venden los productos de plaza, pero también se puede conseguir toda clase de pescado

Venden los productos de plaza, pero también se puede conseguir toda clase de pescado

“Aquí somos luchadores, nadie nos ha organizado, hemos ido de tregua en tregua con las administraciones municipales. Un alcalde nos recibe y asistimos a reuniones. Hacemos una mesa de concertación, dialogamos de espacio público. En fin, luchamos con los organizadores y llegado a algunos acuerdos, sin ningún tipo de compromiso en largo tiempo, pues cada gobierno que llega nos ha organizado o pone sus condiciones”, explicó.

El tener que desplazarse continuamente durante años los ha llevado prácticamente a la quiebra y la situación ha empeorado por la emergencia de la pandemia y los cierres prolongados de la ciudad.

“Muchos hemos debido regresar a la calle, ir de barrio en barrio con carretas ofreciendo los productos, pero siempre nuestra ilusión es poder trabajar de manera tranquila, en un espacio estacionario”, aporta Mirta Leguízamo, que tuvo una venta de panadería en la Galería, se desplazó a Mercaneiva, pero no tuvo igual éxito en ventas y público.

Soluciones planteadas

Son ahora 30 puestos, legalizados, autorizados, que están activos en donde se puede encontrar productos básicamente de la canasta familiar y específicamente perecederos.

Se ofrece venta de papa, yuca, cebolla o los tomates y los aguacates al igual que frutas y verduras. Aunque no hay venta de carne, sí se puede comprar pescado, ya que a un costado de la carrera octava con segunda se ubican los pescadores que ofrecen allí una gran variedad.

“Tenemos muchas necesidades, hay muchas personas mayores, ya cansadas, y además la mayoría somos mujeres cabeza de familia. Toda la vida hemos trabajado duro, pero la mayoría estamos quebrados o no tenemos ahorros. Por eso, las oportunidades o ayudas que nos ofrecen con intermediación de los bancos nos resultan imposible de aceptar. No es posible clasificar para esos créditos” continúa la vicepresidenta Gómez.

“Sin la economía popular la ciudad no existiría, es el corazón de Neiva”, explica Pedro Rocha, estudiante del bachillerato del colegio Inem, un joven de 17 años, hijo de una de las vendedoras, Graciela, de 42 años, quien se interesa en la reunión.

“Para ellas, para nuestra gente en la calle no hay crédito, no hay asistencia técnica, no hay acompañamiento, el Estado se vuelve su enemigo. La postura política de las administraciones municipales debería ser acompañarlas, no perseguirlas”, afirmó, recibiendo aplausos de las presentes que lo escuchan.

“Aunque por ahora se han acabado los atropellos, las carreras, las persecuciones y amenazas gracias a los acuerdos a los que se ha llegado con las autoridades y las administraciones no estamos exceptos de otros problemas como la inseguridad, por la cercanía con sitios dedicados a la prostitución y al consumo de estupefacientes que nos aleja la clientela”, se quejan.

Como una solución definitiva plantean que, así como le dan auxilios o tregua a la tercera edad, los desplazados, los inmigrantes, especialmente a los venezolanos, los tengan en cuenta con propuestas sociales y económicas.

Indican que “hay gente que se quiere reubicar, pero nos ofrecen que va a haber ayudas con un banco, pero nada se concreta. Con el banco siempre nos toca pagar altos intereses que nos revientan, es muy berraco responder”.

En otras palabras, lo que piden con justicia, es que fortalezca la economía popular, se apoye la formulación de planes de negocios, entrega de créditos subsidiados y haya asistencia técnica post crédito a todos los vendedores que voluntariamente quieran salirse de la calle.

“Le pedimos a todos los alcaldes, a Gorky, y al que llegue, que no nos abandonen, porque vamos de mano en mano con la administración. Ahora, aunque estamos reconocidos, tenemos Cámara de Comercio y Rut, somos vendedores ambulantes de todas maneras para todo el mundo y siempre seremos piedra en el zapato como vendedores de perecederos y callejeros”, dice Lupe, que vende fruta

Para que los comerciantes puedan pagar los créditos y progresar, los proyectos productivos (comerciales, artesanales, de industria doméstica, servicios, etc.) deben ser rentables y gozar del apoyo y acompañamiento de lo público, de los gremios, de la academia y de la ciudadanía. Es decir, un pacto con los vendedores informales de la calle.