Diario del Huila

Vendiendo tinto, Mercedes se gana la vida

Jun 2, 2021

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DIARIO DEL HUILA, CRÓNICA

Por: Hernán Galindo

Empujando un carrito de supermercado en Surabastos, cargado de termos llenos de tinto y vasos desechables, caminando por andenes, visitando locales, atendiendo el llamado de clientes y foráneos, pasa el día Mercedes Espinosa, rebuscando la manera de recoger algún peso para llevar al hogar.

Es una labor dura para una mujer de 68 años, a quien ya se le nota fatiga y las huellas del paso de los años, pero no se queja ni protesta, aunque entiende ya es tiempo de que estuviera pensionada o descansando, como sucedería en otras sociedades más consideradas con las personas de la tercera edad.

Y es que Mercedes se dedica a las ventas ambulantes hace 24 años, después de haber pasado por varios oficios y tareas domésticas, tras un duro revés que sufrió en su relación de pareja.

“Cuando mi esposo me abandonó, se fue con otra, quedé con tres hijos que había que alimentar y darles estudio, en lo posible, sacarlos adelante”, cuenta Mechas, como la llaman con cariño en la Central Mayorista.

Y quien no sabe el nombre o se le olvida el apelativo pregunta por la señora de la ‘cachucha negra’, cuando se antoja de un tintico, manifiesta con gracia.

Historia de vida

Por obligación y necesidad, empezó a trabajar en casas de familia, lavando, planchando. Laboró en una trilladora de café en Granjas, en pesadas jornadas. Y después pasó a la cafetería del Sena Industrial, previo a aterrizar en Surabastos.

“Allá preparaba pasteles, empanadas, arepas, toda clase de comida rápida y frituras. Una señora que tenía un puesto aquí le gustó mi sazón y preparación, entonces me propuso venirme por un poco más de plata. Claro, uno va donde más le alumbre el sol…”.

Resultó que la nueva patrona era propietaria de la famosa Cigarrería la Rosa, en el microcentro de la ciudad, pero después falleció y Mercedes se quedó sin trabajo. Le tocó volver a arrancar.

“Por fortuna, con la liquidación y unos termos que me regalaron, inicié a vender tinto, con un carrito pequeñito”, cuenta esta luchadora que paga arriendo en una casita en Timanco, donde vive con un nieto porque los hijos “ya se vendieron solitos”.

No vende sólo tinto, tiene una carta bien surtida para atender a los clientes madrugadores y visitantes ocasionales de la plaza y bodegas.

Ofrece café en leche, chocolisto, capuchino, aromática, agua de panela, huevos cocidos, enyucados de pollo y carne y pan con mantequilla, que ella misma prepara con cariño y buen gusto, para eso tiene amplia experiencia y buenos resultados.

“Llego a trabajar a las tres de la mañana y vendo hasta las 8 y media, cuando empiezo a cobrar a quienes les fie o me deben plata”. A mediodía regresa a la casa, cansada de las cuadras caminadas y de empujar el carro de mercar.

Es la rutina que cumple de domingo a domingo, todas las semanas, todos los meses del año. “Yo no paro. La situación está muy dura para uno quedarse en la casa. Mientras Dios me de licencia, vida y salud vendré siempre a cumplir”.

Recuerda que empezó vendiendo el vaso de tinto a 200 pesos. Hasta hace poco estaba a $500, pero recién le subió el precio por el incremento en el azúcar y el café. “Todo sube, toco cuesta, todo vale…”, explica, con tranquilidad y amabilidad.

Cuenta que la gente la busca porque aprecian lo que hace: “Llámeme a la de la cachucha porque tiene un tintico muy rico, especial”.

Los termos multicolores los lleva en un carrito que empuja por su lugar de trabajo.

Toque personal

¿Y tiene un secreto la preparación? “Eso me preguntan, que cómo lo hago. Yo les digo que normal, como se hace cualquiera otro. Y como insisten, les respondo seria: vea, esa información vale plata. Claro, sí le digo a la compañera o voy regando por ahí el cuento pues mis ventas bajan porque otras ofrecen lo mismo y se merman mis ganancias. Es mi secreto, que aprendí de mi madre”.

Lo que sí confiesa es que trabaja con las marcas de café Sello Rojo y Colcafé, y que el producto lo endulza con azúcar, no con panela. Y le añade su secreto industrial…

El carrito que la acompaña o el puesto ambulante no le tiene nombre, pero si tuviera un establecimiento propio, donde vender sus productos, le pondría Las Delicias de Mechas, eso lo tiene claro, “es un nombre acreditado”, enfatiza, y se ríe con picardía.

Mercedes, quien está agradecida con la vida, con Dios, que la ayudó a superar el Covid, y con sus clientes, sueña…sueña con el negocio en la casa, para no moverse, porque a su edad es consciente de que corre mucho peligro en las calles por las motos y carros:

“Yo creo que será así. Porque yo creo en Dios. Quien no cree en Dios no cree en nada”.

Autor: WebMaster

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