Por: Ana Patricia Collazos Quiñones

Tinta fresca

Detrás del misterio del color está la vida misma. Gabriela Mistral en su poema Ronda de los colores, habla de su hermosura, locura y delirio. Y cómo no referirse así a los colores, cuando es el color un elemento básico de la comunicación, un lenguaje y una metáfora para dar significado.

Aunque no siempre se le concibe como elemento del diseño o de la comunicación, el color tiene tanto poder perceptivo que se iguala a la música. Su presencia juega un papel fundamental en la psicología humana y puede influir de manera positiva o negativa en el comportamiento, las emociones o las decisiones de las personas porque en su clasificación, se ha entregado una carga simbólica tan fuerte, que los colores cálidos pueden generar sensaciones relacionadas con el hambre o las tonalidades pastel trasmitirnos tranquilidad.

De este modo, los colores se convierten en un texto, que logra cumplir con el propósito de dar un mensaje o una idea y, por supuesto, de producir un efecto. Aunque todo comunica y todo significa, cabe resaltar que no todos los colores se asocian a los mismos significados, porque aquí cumplen un papel fundamental los referentes simbólicos y el contexto sociocultural de emisores y receptores en este proceso de comunicación.

Estos días grises por el efecto de las lluvias infinitas, también han sido días verdes por la esperanza de nuevas oportunidades a un año de la pandemia. En esa senda, han sido días anaranjados donde la creatividad saca lo mejor de nosotros, especialmente si de arte y cultura se trata. Pero, en medio de todo este arcoíris vital que son nuestros días, también hemos tenido días negros, aciagos, llenos de sinsabores y sombras. Sobre todo, para los que de una u otra manera hemos tenido relación con el alma mater de nuestra región.

Nosotros, los surcolombianos, gracias a la formación académica y sensible que tuvimos la oportunidad de recibir, en medio de los debates en las ágoras y con la poesía de la risa libertaria, muchos de nosotros hoy lamentamos la ausencia de la luz sobre este lienzo que es la realidad huilense. Los últimos acontecimientos apreciados en redes sociales, así nos lo muestran. Un panorama negro, donde ese color es la metáfora de la ausencia, de la negación, de la tristeza infinita.

Bien es sabido que, en la vida, no todo es de un color. Pero ante tanta neblina, ante tantos ojos cerrados por la desidia colectiva, ante tanta ceguera social en la que se ha desbocado el afluente académico más importante de nuestra tierra, no me queda otra opción que poner en blanco mi rostro y mi palabra. Esta vez, es el blanco la metáfora de la resistencia. Quizá para algunos sea una mirada estúpida porque no logre hacer cambios significativos en la realidad doliente. Pero, me queda la certeza de gritar con palabras lo que muchos callan con miedo.