La sociedad colombiana empezó a soportar desde el pasado 28 de abril la más grande explosión social, por los violentos bloqueos, taponamientos, saqueos y un vandalismo irracional, que afectaron la dinámica productiva. Lo anterior, provocó el más exagerado incremento de precios de los alimentos que conforman la canasta familiar, que inicialmente empezaron a presentar escasez, pero que posteriormente se normalizó su abastecimiento en los principales centros de distribución. Necesariamente los precios de éstos se incrementaron y todas las familias estaban ilusionadas que bajarían a los niveles de antes de la pandemia o que se conservaron durante la misma. Pero no ocurrió así.

Cuando adquirimos los bienes para el consumo diario de nuestros hogares, hemos tenido desagradables experiencias para el bolsillo, porque muchos precios de la mayoría de los alimentos se han venido incrementando de manera alarmante, que tienen en jaque al 80% de los trabajadores que ganan hasta dos salarios mínimos mensuales, reduciéndole progresivamente su capacidad de compra.

El sábado anterior, se celebró el Día Internacional de la Alimentación, una fecha promovida por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) para disminuir el hambre en el mundo. Pero en Colombia la realidad es realmente preocupante y triste. Según las cifras, más de 21 millones de personas no pueden comprar una canasta básica. Y a la canasta mínima, 7.470.265 no tienen acceso. Estos datos son muy preocupantes, dadas las condiciones socioeconómicas que presenta el país. Y si siguen subiendo los alimentos, las posibilidades de alimentarse bien, son cada vez más escasas en el país.

En el editorial del sábado anterior, expresábamos que el anuncio de la industria molinera en el país puede acabar de empeorar la situación de las familias colombianas. El alimento más importante de la mesa de las familias colombianas presenta un panorama incierto por el alza que se nos viene en las próximas semanas. El pan es considerado el alimento milenario por la tradición que posee desde el inicio de las civilizaciones, convirtiéndose en principal acompañante en la mesa cuando degustamos las comidas y deleitamos los paladares por su variedad en su fabricación y nutrición de los seres humanos.

Debemos estar preparados por el incremento en los precios, producto de algunos factores externos que provocarán esta oleada alcista y que perjudicará a los exiguos ingresos de más del 70% de la población consumidora de este alimento.

En Colombia, debido a la casi inexistente producción nacional de trigo que representa el 0,3%, se debe importar vía marítima el 99,7% del trigo que se utiliza para la producción de harina de trigo, principalmente desde Canadá́ y Estados Unidos. Algunas variables climáticas incidieron en la disminución de siembras, rendimientos de cosechas y producción a nivel mundial. Por ejemplo, la cosecha de Canadá́ se disminuyó́ en un 33% por el aumento en la temperatura.

Igualmente, a la situación crítica de aumentos de precios internacionales del trigo se suma la complejidad que se está́ presentando con el petróleo y el gas natural. Los movimientos internacionales de petróleo y gas han generado incrementos importantes para el periodo de junio de 2020 a septiembre de 2021 y el efecto dominó que está causando en las cadenas de suministro las dificultades que está afrontando el transporte de carga marítimo debido a los cierres parciales por brotes de COVID 19 que ha llevado a un aumento promedio del flete marítimo a nivel mundial por encima del 67% durante el último año.

Por tal motivo, el incremento es inminente: el pan subirá de precio y se venderá en un valor mínimo de $400 pesos. Los panaderos tomaron esta decisión debido al incremento de las materias primas para hacer el producto, que es uno de los principales en la mesa de los colombianos. Será un nuevo golpe para el bolsillo de los colombianos que ha visto este año repuntar con fuerza la inflación.