Categorías: Opinión

Y los animales opitas?

Por Fernando Bermúdez Ardila
Escritor e historiador
Nominado premio Nobel de Paz 2010

El desarrollo intelectual, la educación, cultura, sensibilidad, responsabilidad y decoro de un pueblo, se miden en mayor o menor grado por el respeto que estos tengan por todos los seres vivos que nos han acompañado a lo largo de los cientos de miles de años. Desde que andábamos colgados de las ramas de los árboles hasta nuestros días.

Con ellos y en su compañía aprendimos a cazar, soportar las tragedias, las inclemencias del clima, a darnos calor los unos con los otros, cuidarnos mutuamente, presentir el peligro, pelear juntos y protegernos.

El perro, más que un socio en nuestro crecimiento, ha sido nuestro hermano y compañero al que ingratamente le hemos pagado.

El caballo, literalmente compañero de 1000 batallas, aporto más qué el hombre en las conquistas y guerras, soportando el peso de las monturas y jinetes. Poniendo el pecho a las lanzas y flechas, sacrificando sus vidas por el desquicio de la humanidad.

Los gatos, esos hermosos felinos qué el universo nos dio para que entendiéramos lo que era consentir un pequeño tigre, que durante tanto tiempo cuidaron bodegas, casas y embarcaciones infestados de plagas; curiosos por naturaleza se dieron cuenta qué era mejor huir que morir.

Desafortunadamente los animales son maltratados, abandonados, asesinados, utilizados como vehículos de tracción y explotados hasta su muerte; existen jinetes y hombres que son verdaderas bestias.

Alguien dijo qué no era bueno humanizar a los animales, yo personalmente los quiero, amo, adoro y hablo con ellos, pero es imposible humanizar unos seres qué no tienen en su corazón ni en su cerebro la capacidad de asimilación de la maldad de la especie humana.

La declaración universal de los derechos de los animales proclamado en Londres en 1978, acogido por la UNESCO y la ONU, ha obligado a los gobiernos a tomar cartas en los asuntos qué tienen que ver con todos los seres vivos. En Colombia, se ha legislado al respecto y es una obligación de todos los municipios reemplazar los llamados “cosos” por centros de bienestar animal, a sabiendas de lo que deben hacer, los alcaldes rebuznan divinamente, pareciera que hablaran, pero no hacen nada, ni se les entiende.

En nuestro país está penalizado con cárcel el maltrato a los animales, para ello la fiscalía creo el grupo especializado para la lucha contra el maltrato animal “GELMA” rimbombante el nombre, pero, me pregunto yo: ¿el mal no se debería atacar desde la raíz? Si tengo razón, por qué no se han iniciado investigaciones por prevaricato por omisión a los alcaldes que han evadido su responsabilidad para construir los centros de bienestar animal aprobado por la ley 2054 de 2020, claro está, que los alcaldes tienen tres años para construirlo a partir de la expedición de la ley, pero mientras tanto, ¿los animales deben padecer el maltrato?

Al gobernador y a los alcaldes del Huila les pregunto nuevamente: ¿y los animales opitas?…

El que entendió…

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