Hace 23 años, Liliana Cáceres recuerda cómo un 28 de noviembre de 1997, la ilusión de su amado y de medio país, se venían al piso como los trapos que salían de su barriga. Cáceres fingió un embarazo por nueve meses, pero no uno común, uno que fue capaz de maravillar al mismo García Márquez.

La historia

La historia de Liliana comenzó el día en que su prima le presentó a Alejandro. Con 15 años, la inocencia torpe, la dificultad de los márgenes sociales y las necesidades de una mujer que había salido de la casa de sus padres en busca de una vida propia, el cariño de un hombre se convirtió en todo.

Pero el idilio solo duró tres meses. Alejandro y su vida cambiaron cuando Lorena, su mejor amiga, se enamoró del mismo hombre que ella consideraba el amor de su vida y que ella misma le había presentado. Entre reclamos, golpes y desplantes, Liliana se enteró que su mejor amiga estaba esperando un hijo de su amado. Una noticia que la sacudió.

Como última esperanza para no perder el cariño de Alejandro, y con la intención de que Lorena no entrara a la casa de su suegra, decidió inventarse un embarazo.

El invento

Al quinto mes, decidió ponerse un vestido de baño de una sola pieza en el que comenzó a meter trapos y chiros para asemejar a una barriga normal, se vistió con prendas largas y anchas y se bañaba mientras todos estaban dormidos en la casa de su suegra.

Por esos días, una noticia le dio la vuelta al mundo, la estadounidense Kenny McCaughey tuvo un embarazo poco común en la historia: siete hijos fueron producto de su parto el 19 de noviembre de 1997. Debido al excesivo tamaño de su barriga y a los comentarios de vecinos y conocidos, Liliana fue convencida que esa tenía que ser su historia. Una historia extendida por su prima que trabajaba con un reconocido periodista de la ciudad.

El chisme que comenzó como un rumor en las precarias calles de Nueva Colombia, se extendió por toda la ciudad de Barranquilla, causando una conmoción entre los incrédulos y los asombrados.

La noticia

Entre mentiras y engaños, Liliana Cáceres recuerda en el programa La Red cómo fue llevada con engaños al Hospital Universitario de esa ciudad donde un médico le practicó una ecografía en la que supuestamente veía la formación de varios fetos. El médico que le hizo el examen fue el encargado de hacer el anuncio público por primera vez en Colombia, de la mano de un periodista inescrupuloso, sobre una mujer iba a tener nueve hijos en un solo parto.

“Yo tuve un trauma cuando supe que había muchas personas de muchas partes del país me iban a dar ayuda, yo quería hablar. Fue muy duro, yo no sé si en ese momento quería quitarme la vida, no sé si quería enterrarme en una parte y no salir más de ese hueco. Me imaginaba tantas cosas que yo quería desaparecer”, aseveró Cáceres a La Red.

El 28 de noviembre de 1997, hace 23 años exactamente, Alejandro, su familia, Barranquilla y el país se enteraron de un engaño que pasó de la indignación a la burla.

Con la idea de hospitalizarla, Liliana Cáceres recuerda en el programa la lucha que tuvo con los médicos que la querían examinar. Luego de hablar con la psicóloga y contarle verdad y luego de entrar en un estado del que se recuerda se puso “como una loca”, fue esposada a la camilla y sedada.

“La psicóloga me alzó la camisa mientras yo estaba esposada, comenzó a sacarme los trapos y les abrió la puerta a los periodistas para que me vieran. Ella me ayudó a darme la fama, pero fue una fama que me perjudicó”, afirmó Cáceres en La Red.

La verdad

Luego que esta noticia ocupara páginas en los medios nacionales, y espacios en el noticiero de medio día, Liliana cuenta que salió de la clínica a escondidas en compañía de su papá huyendo de la prensa, de los barranquilleros por “burlones”, de su familia, que sufrió la vergüenza pública y de sus amigos.

Con el tiempo pudo rehacer su vida junto al Caribe que inspiró a Gabo, el mismo que la invitó a un taller de crónicas para contar su historia y que se asombró de su ingenio.

Liliana Cáceres ahora trenza y masajea para ganarse la vida y para sacar adelante a sus hijos, los de verdad, y a su nieto. Con 39 años es consciente que su mentira, que la mentira que le hubiera gustado que fuera verdad, la alejó para siempre del amor de su vida.

“Una mujer enamorada es capaz de hacer cualquier locura”, sentenció.