Ernesto Cardoso Camacho

Es comprensible que la humanidad entera haya fijado sus ojos y expectativas sobre el nuevo año que comienza. Luego de la dolorosa experiencia vivida con la sorpresiva e inevitable pandemia originada por el virus Covid 19, la cual generó incertidumbre, confusión y hasta miedo; además de las consecuencias económicas, sociales y culturales que están removiendo todas las estructuras hasta ahora conocidas; la llegada del 2021 constituye una nueva expectativa y afianza la esperanza en que las vacunas que ya se han empezado a aplicar, logren controlar la fuerte expansión de los contagios y las numerosa muertes hasta ahora causadas.

No obstante, persiste la preocupación y la angustia por los rebrotes y nuevas cepas del virus que han aparecido en estas últimas semanas en Europa, las que se asegura muy probablemente se extenderán por todo el planeta.

En numerosos medios de comunicación se ha venido difundiendo por analistas y columnistas con sobrados conocimientos y experiencia, la teoría según la cual, esta pandemia que entre otras cosas algunos ahora llaman endemia; especialmente por las afectaciones en los sistemas de salud y los negativos impactos en la economía mundial, justificará la creación e impulso de “ un nuevo orden económico “ que habrá de generar la consolidación de la China comunista como la primera potencia, dado que es el país que menos ha debilitado su estructura productiva y exportadora.

Tal afirmación o hipótesis conduce a considerar que la principal nación afectada con esta nueva realidad sería la de Estados Unidos así como los líderes de la comunidad europea, Alemania, Francia, Italia y España; con secuelas importantes en Rusia, Japón y Turquía; pero con devastadoras consecuencias en los llamados países del tercer mundo, los que sufrirían las nuevas colonizaciones ya no territoriales sino económicas, políticas y culturales, en busca de sus recursos naturales, minerales y de materias primas.

Existen hechos que reflejan ciertas evidencias al respecto. El principal de ellos, es sin duda lo que viene ocurriendo en Estados Unidos con ocasión del debate presidencial y los acontecimientos posteriores a la elección del 3 de noviembre.

La agudización nunca vista de la polarización ideológica y política en la gran nación del norte, faro de las libertades civiles, de la democracia, de la economía de libre mercado y de las oportunidades a los migrantes; se ha visto reflejada en las posiciones adoptadas por los candidatos Trump y Biden; sin que hasta el próximo miércoles 6 se sepa con precisión que va a ocurrir, dado que es la fecha límite para que el Congreso avale o discuta los resultados hasta ahora conocidos y promulgados por el Colegio Electoral, donde el ganador ha sido el candidato demócrata.

En el fondo de dicha inédita polarización del sistema político norteamericano subyace la sensación de que China, Irán y Rusia, caracterizados sistemas antagónicos con el de E.U, influyeron en los resultados electorales para sacar del poder a Trump y lo que éste ha representado durante los 4 años de su gestión presidencial. El fortalecimiento del liderazgo económico, científico, tecnológico y cultural de la nación americana logrado por Trump, venido a menos con la expansión del virus que el propio presidente denomina como el virus chino, pero que además ha causado los devastadores efectos en todo el mundo, excepto en China.

Así esta hoy la geopolítica del mapa mundial. Lo que finalmente ocurra en la nación americana será determinante para la suerte futura de toda la humanidad. En consecuencia, este 2021 marcará la ruta que nos espera, razón por la cual, las expectativas oscilarán entre la incertidumbre y/o la esperanza.