Dicen que Séneca dijo alguna vez que “no hay viento favorable para el que no sabe a dónde va”, dicen otros que a quienes no conocen su dirección, cualquier camino le sirve. Hace unos días en una tertulia en Libertank, Juan David Aristizábal contó una anécdota que le ocurrió en una reunión del Foro Económico Mundial. Una importante profesora de Cornell, Lourdes Casanova, le preguntó ¿Para dónde va Colombia en el 2030?, luego le hizo la misma pregunta a una importante empresaria, después le preguntó a la entonces ministra de Minas y Energía, al ministro de Comercio y terminó con el Presidente de la República. Las cinco personas le dieron una respuesta completamente diferente. Al escucharlos a todos, se acercó de nuevo a Juan David con esta frase: “el fracaso de las naciones es no tener una visión”.

Hoy Colombia tiene una infinidad de desafíos que han despertado un profundo malestar social y una crisis de legitimidad y confianza en casi todas las instituciones públicas y privadas. El causante de todos estos problemas es la falta de visión de país. No sabemos dónde estamos, tampoco para dónde vamos y mucho menos hacia dónde queremos ir. En ocasiones nos creemos Chile con una estructura tributaria más similar a la de la República Centroafricana, en otras pensamos que somos Dinamarca, pero en diferentes lugares tenemos servicios públicos similares a los del Congo. Quisiéramos ser la Irlanda de este siglo, implementando políticas económicas similares a las que han llevado al fracaso a países como Argentina. Creemos que haciendo lo contrario a la receta de los países exitosos lograremos salir adelante. Como no sabemos para donde vamos, todos los caminos nos sirven.

La falta de visión no es responsabilidad únicamente de los políticos, la academia ha sido históricamente temerosa de salirse del estatus quo o lo políticamente correcto, y son contadas las excepciones de promoción de pensamiento crítico, y a algunos empresarios pareciera que todo les sirviera, siempre y cuando sus negocios vayan bien. Nos da miedo soñar, temor que justificado por la pérdida en la capacidad de conversar y de buscar acuerdos en la diferencia.

El país está pidiendo a gritos una imagen del futuro, queremos imaginarnos dónde vamos a estar en 10, 20, 50, 100 años. Nuestras conversaciones tienen que dejar de ser del pasado, de lo que dejamos de hacer, o de lo que hicimos bien, regular o mal. Tampoco, pueden ser únicamente del presente. Hoy vemos como nos sentamos a “dialogar” para buscar soluciones inmediatas que no son más que pañitos de agua tibia, en una fiebre que no cederá a menos que le demos el remedio adecuado. La sociedad entera debe pasar a pensar en el futuro, a construir el País que soñamos, a tener referentes de países exitosos, y construir un gran acuerdo para alcanzar ese sueño.

Si nos conformamos con la mediocridad, y aceptamos cualquier cosa, siempre habrá excusas para no hacer las reformas estructurales que nos permitirán tener un mejor país. Colombia necesita que despertemos de la pesadilla de nuestro pasado, y empecemos a soñar en el paraíso que puede ser nuestro futuro.  ¡A construir esa visión!