Por: Faiver Eduardo Hoyos

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Iniciamos una nueva semana del 2020, no es una semana cualquiera, es la última semana del año. Un año el cual no ha sido fácil y por el contrario, ha sido bastante atípico, lleno de muchas dificultades, perdidas y transformaciones, pero también un año que nos permitió encender nuevamente esa “llama familiar” que se había apagado en muchas familias hace algún tiempo.

Nuevamente como ya es habitual, los estoy acompañando con una nueva columna de opinión, pero a diferencia de las anteriores, esta tiene un tinte especial, es la última columna de un año que nos dejó muchas enseñanzas.

Hubo quienes perdieron algún familiar, amigo o a un ser querido arrebatados a manos de un enemigo que no percibimos, ni escuchamos, pero que sabemos que se encuentra acechando entre nosotros. Otros en cambio sufrieron las consecuencias de la pandemia, perdieron su empleo, sus ahorros, otros incluso quebraron sus negocios arriesgando la estabilidad económica de sus familias.

Pero como si no fuera suficiente tener que luchar contra una pandemia como el Covid, acá en Colombia tocó enfrentarnos contra una pandemia que no descansa y que en el peor de los casos es más letal y perjudicial que cualquier pandemia en la historia de la humanidad: la corrupción.

El coronavirus en suelo colombiano dejo al descubierto los graves problemas sociales que hoy se viven a diario en el país, de igual manera desquebrajó la economía de millones de colombianos que dependían de lo que consiguieran en su día a día y ante el confinamiento, muchos perdieron sus empleos y por ende la precariedad económica en el país se disparó.

Ante el poco apoyo por parte del Gobierno Nacional y la falta real de oportunidades laborales, la población colombiana en su gran mayoría, tuvo que buscar la manera de reinventarse en este año.

Me duele ver como muchos jóvenes profesionales ya graduados ante la falta de empleo deben recurrir a otra actividad distinta a lo estudiado para poder sobrevivir. Cuantos adultos mayores de edad avanzada vemos en la calle a diario, tratando de buscar lo mínimo para subsistir, o incluso niños trabajando para llevar algo de comer a sus casas.

El 2020 fue un año de batallas y retos, un año difícil que logró encender en muchas familias el significado de valores como la unión y la esperanza. De corazón les deseo un Feliz Año 2021, llenos de muchos éxitos y rodeados en familia. Que los proyectos de todos ustedes se cumplan, que haya mucha armonía, salud y paz en todo nuestro país.

PD: Quiero aprovechar este espacio para felicitar hoy 28 de diciembre en el día de sus cumpleaños, a mi señor padre Faiver Hoyos Hernández. Un hombre incansable y trabajador, un gran padre y un amigo de sus amigos. Muchas gracias a Dios y a la vida por permitirnos compartir un año más juntos en familia.