Los indicadores emitidos en los boletines proferidos por el Ministerio de Salud, se nota un preocupante crecimiento del número de contagios durante los últimos días a nivel nacional. Es preocupante el porcentaje creciente de ocupación de las UCI en algunas regiones del país, y con el agravante de que cada es mayor el número de usuarios haciendo cola en los diferentes centros hospitalarios, que no encuentran la oportunidad de ser atendidos en los niveles de urgencias, que se encuentran colapsados. Los jóvenes son los más acuden.

El Covid-19, ha empezado a pasar factura por el desbordamiento en la indisciplina social y su comportamiento irracional que han tenido durante los últimos días. Es preocupante el llamado que hacen los médicos intensivistas y anestesiólogos del país con respecto a la escasez de medicamentos fundamentales para el cuidado de los pacientes hospitalizados en las UCI, lo que puede agravar la situación generada por la pandemia.

Mientras el mundo pone las esperanzas en una vacuna, estas condiciones en el país exigen un refuerzo ineludible de las medidas de bioseguridad de la población y la acción decidida de las autoridades locales y departamentales para aplicar otras estrategias cuando sean necesarias, sin dejar de lado las sanciones para quienes pongan en riesgo a los ciudadanos con actitudes negligentes.

Aquí no hay nada que permita decir que Colombia ya se liberó de la pandemia. Y si bien la comunidad en general es la llamada a cuidarse de manera colectiva, hay que decir, sin ningún esguince, que lo que pase en términos sanitarios en las regiones es responsabilidad directa de sus gobernantes. Existen herramientas suficientes para que actúen.

Y es que, si bien es, desde luego, un alivio saber que ya se acerca la vacuna, a la luz de la dinámica propia del virus, todavía está muy lejano el día en que se logre cantar victoria. Y en este lapso se pueden perder aún muchas vidas. Así mismo, hay que hacer desde ya, un llamado para que la vacunación no sea imán de protagonismos de quienes, desde su respectiva posición, quieran ganar notoriedad, obstaculizando el avance de los profesionales de la salud en su vital tarea.

Esperemos que los usuarios a estas vacunas no estén detrás de un político o un funcionario público para buscar que sea un beneficiado de esta política pública de vacunación contra el Covid-19. No sobra decir que la priorización en las primeras fases de vacunación debe estar blindada de corruptela, politiquería y amaños y, en cambio, definida en rigurosos parámetros epidemiológicos y de derechos humanos. Hay mucho en juego.