Si nada raro pasa, a la hora en que estas letras vean la luz se estarán apagando las últimas de la presidencia de Trump: Indultos en oferta, una anunciada alfombra roja para protegerle el calzado mientras camina por la pista rumbo al avión que lo llevará a La Florida, de pronto una salva de disparos… y quién sabe si se le ocurra dejarle a los Biden algo parecido a la inolvidable escena de la casa pintada en “La estrategia del Caracol”. Ojalá que no, pero con este orate de salida nunca se sabe. Todo es posible en la nueva “Banana Republic”, como lo dijo uno de sus mismos expresidentes.

Por estos lares igual o peor de bananeros andamos como en el mes 13 del 2020, con unos niveles de contagio al alza, vacunas que no llegan, feminicidios y asesinatos de líderes sociales, aumentos exagerados en peajes y nuevos encontrones entre líderes y partidarios de los movimientos de oposición que buscan convertirse en opción de poder ante las presidenciales del año que viene. Todo es malo y con posibilidades de empeorar. Una vez más: pónganse de acuerdo. Como lleguen a la primera vuelta separados, ojo y no hay segunda en la que unirse. En un necesario y fundamental ejercicio de nobleza, todos los líderes de centro e izquierda deberían sentarse el tiempo que sea necesario y llegar a acuerdos mínimos de programa y acción que apuntalen el enfrentar juntos al continuismo que pinta con cara de delfín, con cachucha, o ambas. Eso está claro; como claro es que cada insulto, cada muestra agresiva de intolerancia, cada desavenencia vuelta personal en el centro y la izquierda es música celestial para la derecha. Casi que tienen que esperar a ver el show de canibalismo mientras afilan las uñas. Muy fácil se la están dejando.

Y es el que panorama crispado de hoy no necesariamente será el de mañana. Tanta polarización va, ojalá, a terminar por aburrir. Cuando eso pase y los argumentos junto con las propuestas empiecen a ganarle en volumen a los improperios, es muy posible que una parte importante y decisiva de los ciudadanos electores se decante por quien o quienes hablen de oportunidades antes que de problemas. Ya probadas las amarguras del “votar verraco”, apostarle a lo opuesto suena lógico.

Que se calme un poco la tribuna digital y que cambien las razones por Twitter por una reunión de todos así sea por Zoom. Resulta difícil creer que Petro, Fajardo, Robledo Jorge y Robledo Ángela, De la Calle, Cepeda, Gaviria Alejandro, Lozano Angélica y otros que se me escapen no puedan amarrar por unas horas sus egos y dejar que los puntos comunes, que seguro los tienen, apuntalen un proyecto conjunto ciudadano, incluyente y socialmente responsable. De verdad resulta difícil digerir que las discusiones entre ellos les resulten más importantes que el objetivo común de construir una alternativa real de gobierno.

De un lado hablan mucho, pero poco dicen. Del otro lado no hablan. Ojo y se terminan quedando sin quien escuche.