Por: Jahir Lombana Coy

Las instituciones en Colombia deberán fortalecerse para poder confrontar la mala percepción que tiene la sociedad civil de ella.

La competitividad país para 2021 no variará mucho en cuanto a los desafíos del año que termina. Recién se publicaron los reportes de competitividad del Consejo Privado de Competitividad y del Foro Económico Mundial. Ambos coinciden que la pandemia favoreció la transformación digital, este pilar es uno de los principales para tener una competitividad sostenible. Las proveedoras de servicios TIC tuvieron que adaptar rápidamente las necesidades de sus clientes, para que al menos con el trabajo remoto se pudiera sostener una maltrecha economía. Esa seguirá siendo la clave para la competitividad 4.0.

Las instituciones en Colombia deberán fortalecerse para poder confrontar la mala percepción que tiene la sociedad civil de ella. La corrupción sigue siendo la principal preocupación de los colombianos frente a sus instituciones y eso no da garantía para poder progresar.

El pilar de infraestructura seguirá siendo el que jalone la economía, las vías 4G y la inversión en vivienda son motivadores de empleo y por ende de crecimiento. Pero, las acciones del corto plazo particularmente con vivienda, pueden, si no se es prudente llevar en el mediano plazo a burbujas inmobiliarias de las que otros países en crisis pasadas aprendieron. Bueno sería hacer un repaso de esas crisis con antecedentes más favorables que los de ahora.

En lo macro, al parecer continuaremos con autonomía entre gobierno y Banco de la República. Esas son buenas noticias para una banca multilateral e inversión extranjera directa que buscan credibilidad en la política macroeconómica, que, dicho sea, ha sido la de mejor desempeño en la competitividad país. La tarea sigue estando en la prudencia fiscal, la inaplazable reforma tributaria y el seguimiento del entorno internacional.

Los pilares relacionados con capital humano (educación y salud) por cuenta de la pandemia fueron los que más sufrieron, por un lado, la educación tradicional pasó del tablero a la pantalla y dio cuenta del rezago en acceso, ni qué decir de calidad. Algunas instituciones de educación superior pasaron el test, pero en primaria y secundaria, se perdió el año. La salud recibió recursos bajo alta presión para al menos cumplir con necesidades de la pandemia. Mostró que las falencias son inmensas en personal calificado y recordó que la infraestructura es insuficiente, aún para situaciones de emergencia. Los mayores presupuestos destinados a estos rubros seguirán en financiamiento y no en inversión. ¿Se tendrá que esperar el presupuesto del 2022?

En cuanto a los mercados de bienes y servicios, laboral y financiero, el único que puede vanagloriarse de haber pasado medianamente el año fue el financiero. No es secreto el apoyo del gobierno y del Banco de la República para mantener unas tasas de interés bajas con inyección de dinero en la economía.

Finalmente en cuanto al ecosistema de innovación, seguirá siendo una tarea pendiente, mientras no se resuelvan los problemas en los pilares básicos de la competitividad difícilmente se puede pensar en dinamizar los negocios y mejorar la capacidad de innovación, aunque por ahí se ven un puñado de emprendedores que van más rápido que el resto, ojalá y la legislación no los ataje sino que más bien los acompañe para poder al menos desde lo privado promover el mayor motor de crecimiento: la innovación. La reciente ley de emprendimiento si es bien llevada puede ir por el camino correcto.

La lista de desafíos es larga para el 2021, ¿quizás pendiente de cumplirse para el 202?…