Por Adonis Tupac Ramírez Cuellar 

Hace dos días ha salido a la venta mi último libro titulado la soledad del cirujano, un libro que combina crónicas médicas y poemas en una edición de cara y cruz. Quiero compartir con Uds. una de las crónicas que hace parte del libro llamada “El Pirata”.

En el año 2006 y 2007 realicé mi formación en cirugía de cabeza y cuello en el instituto europeo de oncología en Milán, Italia, esto porque en el país no existía el programa y era abierto ocasionalmente. Quise ser cirujano de cabeza y cuello porque es una especialidad retadora que requiere una buena habilidad quirúrgica, gran conocimiento de la anatomía e involucra una de las zonas de mayor complejidad del cuerpo humano, que es el cuello donde realmente está todo: grandes vasos, sistema digestivo, sistema respiratorio, glándulas y sistema nervioso. En esa época no era muy seductora esta especialidad para los cirujanos generales y ese fue otro plus agregado, ya que siempre me gustó lo que a muchos no, y como decía uno de mis profesores: “la grandeza está en bailar con la fea, con la bonita todos quieren bailar”.

No me gustaba la pediatría y mucho menos la cirugía pediátrica porque soy muy sensible a los niños enfermos y el dolor que me produce verlos sufrir me rompe el alma y no podía manejarlo de forma adecuada. Así que pensé que siendo cirujano de cabeza y cuello estaba blindado y nunca tendría niños para ver ni atender. Qué equivocado estaba y una gran enseñanza tendría.

En febrero del 2009 recibí una llamada del oncólogo pediatra del hospital universitario donde trabajaba en ese momento. Me comentó que estaba tratando a un niño de 5 años con un retinoblastoma. El retinoblastoma es un tumor maligno intraocular que se desarrolla en la retina en población infantil. Se estima que ocurre en 1 de cada 9000 a 15000 nacidos vivos, con aproximadamente 5000 casos nuevos en el mundo al año. Esta patología se produce por una mutación genética en las células nerviosas de la retina, que ocasiona que estas crezcan y se multipliquen formando un tumor. En la mayoría de los casos esto ocurre de manera esporádica, ya que solo el 5% tiene un origen familiar hereditario. Este tipo de tumor afecta de igual forma a niños y niñas, sin preferencia por un grupo racial y puede presentarse en los primeros meses de vida con algunos casos reportados, incluso en adolescentes. Las estadísticas demuestran que la edad promedio son los dos años de vida y en un 60% de los casos se presenta en forma unilateral (afecta un solo ojo). Es importante enfatizar que este tipo de cáncer es tratable si se diagnostica con un examen oftalmológico oportuno. La probabilidad de sobrevida después del diagnóstico es del 95%. Si se detecta tempranamente se pueden instaurar tratamientos eficaces que en muchos casos pueden salvar el globo ocular.

Continuará en la próxima semana…