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Cuatro crisis

Abr 25, 2022

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Por: Juan Camilo Restrepo

Con el título “Cuatro crisis que marcaron a Colombia” (editorial Planeta), se presenta esta semana mi libro sobre cuatro crisis en las que me correspondió participar desde la primera línea, y sobre las lecciones que le dejaron al país.

La primera de estas crisis fue la de 1982-1983 durante el gobierno de Belisario Betancur, cuando nos correspondió hacer frente a una inmensa conmoción bancaria y financiera y que necesitó intervenir varias empresas del entonces Grupo Grancolombiano, y nacionalizar entidades como el Banco de Colombia.  Para salvar el ahorro de millones de cuentahabientes.

En el primer capítulo se relatan los antecedentes y pormenores de la crisis que se inicia con el llamado “tequilazo” mejicano de 1982, y que entre nosotros estuvo caracterizada por malos manejos del ahorro por parte de quienes no cumplieron con las obligaciones que las normas fijaban -entonces y ahora- para el buen manejo de los ahorros captados del público.

De aquella época data el famoso decreto 2920 de 1982 que fue la base jurídica que se utilizó para nacionalizar por primera vez en Colombia entidades financieras. También proviene el Fogafin, que fue la entidad que se organizó -de la misma manera que se había hecho en Estados Unidos durante la crisis de los años treinta del siglo pasado- en beneficio de los ahorradores las entidades golpeadas por un desfallecimiento profundo de liquidez y por falta de confianza. Como se vivió a comienzos del gobierno Betancur.

El segundo capítulo analiza las causas y las soluciones que se pusieron en marcha para superar la grave crisis del apagón durante la administración de César Gaviria. Así como las múltiples reformas que se implementaron en aquella época para modernizar el sector energético. Una de ellas fue la política de masificación el uso del gas natural en los hogares del interior del país, que ha sido una verdadera revolución silenciosa en Colombia.

El tercer capítulo del libro está dedicado a desmenuzar las causas y las políticas que se implantaron durante la época en que fui ministro de hacienda de la administración Pastrana Arango para hacer frente a la crisis financiera y bancaria de “finales del siglo” (1998-2000). Esta crisis, que se enmarca en lo que se llamó la crisis del “sudeste asiático”, tuvo profundas repercusiones tanto en América Latina como en Colombia. Y se expresó en una aguda insolvencia de muchas entidades financieras, a diferencia de la que había ocurrido durante el gobierno de Betancur que fue una crisis de iliquidez generalizada y de malos manejos del ahorro.

El manejo que se le dio a crisis durante la administración Pastrana salvó la confianza en el sistema de pagos, pero en ningún momento buscó privilegiar banqueros. Su objetivo primordial fue proteger los ahorros de más de 15 millones de cuenta habientes que entonces tenía el sistema y que se hubieran visto comprometidos seriamente si hubiéramos llegado a una cerrazón generalizada de intermediarios con fines liquidatarios.

La cuarta y última crisis que analiza el libro tiene que ver con las negociaciones del acuerdo de paz durante la administración Santos, y muy especialmente aquellas que me correspondió liderar como jefe del equipo gubernamental con el ELN, en el Ecuador, entre 2017 y 2018.

La ausencia de paz es finalmente una modalidad de crisis. Por eso el último capítulo está dedicado a este tema. Me detengo con especial cuidado en la manera como el ELN razona y negocia para que, si algún día se reinician las negociaciones con este grupo alzado en armas, los futuros negociadores no comiencen de cero y encuentren una memoria documentada de lo que fueron aquellos diálogos en el Ecuador que, aunque no concluyeron en un acuerdo formal de paz, permitieron recoger enseñanzas útiles para entender cómo es el ADN negociador de este grupo alzado en armas.

El libro también explica cómo mientras el ELN no comprenda que debe respetar el DIH (al cual está obligado así sea un grupo alzado en armas) será imposible concluir una negociación de paz con ellos. Si el ELN no respeta el DIH terminará dejándolo el tren de la historia y continuará reducido a ser un grupo terrorista repudiados por los colombianos.

El viejo adagio chino según el cual las crisis son oportunidades no ha perdido vigencia. Las cuatro crisis que se rememoran en este libro así lo demuestran.

Autor: WebMaster

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