Temo que en algunos años los periódicos y medios audiovisuales de información (o fábricas de falacias) se reduzcan a la publicación y análisis de memes o todo tipo de construcción multimedia en la emisión diaria de sus noticias. La banalización en la que han caído los medios, motivados seguramente por la rapidez de las redes sociales, pero también por la trivialización de la información, ha reducido el espectro noticioso a la inmediatez de la primera impresión, a sus efectos y a la reacción de los espectadores o consumidores frente a esa tendenciosa pincelada del hecho o fenómeno coyuntural. Tiene más profundidad un corcho, dijo un amigo periodista refiriéndose a la forma en que era abordado un hecho. Y es que las noticias, en la mayoría de los casos, adolecen de análisis e interpretación en la estructura significativa de los mismos. Los medios tradicionales de información, concretamente radio y televisión, sólo informan sobre tal acontecimiento, sin detenerse en las variables que pudieron generar ese hecho.

La radio, la televisión, incluso la prensa, han modificado sus formatos y sus contenidos con la idea de llegar de manera más eficiente a las audiencias. Es decir que el propósito ya no es sólo formar, enseñar e informar, sino vender, impactar y ganar adeptos o seguidores, lograr likes y reproducciones. El fin último no es la noticia ni la información, sino la impresión y las impresiones que ella suscite. Y las impresiones se logran a partir de un tratamiento rápido, trivial, superficial, anodino, liviano, como el corcho que señala mi amigo.

Hace unos años los colegas escritores y periodistas Amparo Inés Osorio y Gonzalo Márquez Cristo (q. e. p. d.) se pusieron una cita en un hotel bogotano con el gran filósofo francés Jean Baudrillard. Cuando llegaron al hotel, se encontraron con la sorpresa de que en el hall se concentraba un gran número de periodistas, fotógrafos, camarógrafos y luminotécnicos. Amparo y Gonzalo no pudieron ocultar su sorpresa. ¿Tenía tanta audiencia Baudrillard? Unos cuantos minutos después se dieron cuenta de que quien llamaba la atención de los reflectores no era el filósofo francés, sino Aura Cristina Geithner, la actriz del momento. Por supuesto que Jean Baudrillard pasó desapercibido en Colombia. Lo mismo pasa con líderes sociales, defensores del medio ambiente, pintores, poetas (la poesía no se vende porque no se vende) escultores, emprendedores. Son seres sin importancia para los grandes aparatos reproductores de la monotemática agenda periodística del país. Y así pasa todos los días. Se les da voz y resonancia a unas cosas, todas las semanas las mismas, y se callan otras, casi siempre aquellas que generan malestar o juicio crítico. Desde este punto de vista podríamos decir que los grandes medios son excluyentes y clasistas. Eso no ha cambiado a lo largo de los últimos cincuenta años. Pero lo que más preocupa es la presencia del meme en los noticieros. Por supuesto que no es el meme que conocemos (imagen y texto), sino un meme hecho de palabras, un concepto banal, absolutamente tendencioso, caricaturesco, falto de profundidad e interpretación ética y filosófica. Los «voceros» de la realidad, aquellos que asumen la voz de ella, no hacen sino emitir juicios engañosos y sesgados, disfrazándolos de convincentes y profundos. Y de eso es de lo que se alimentan las audiencias: todos los días se les llena el juicio de falacias, de mentiras muy bien construidas, de una orientación periodística muy bien maquillada y disfrazada de verosimilitud y fiabilidad.

La discriminación es una costumbre nacional que se da por motivos de raza, sexo u orientaciones políticas. En este punto, aunque suene descabellado, podríamos decir que la discriminación también se da desde los medios de información, ya no por raza (quien sabe) o religión, pero sí por sus ideas políticas, filosóficas o artísticas. Incluso desde algo mucho más grave: «Eso no vende», «Eso no genera ningún impacto», «Eso no es descollante o novedoso», «Ese escritor es un don nadie».

Creo que es muy prudente y acertado que los medios de información del país (radio, prensa, televisión, medios alternativos y digitales) se acerquen al gran filósofo griego Plutarco y piensen en la formación e información de sus audiencias desde esta perspectiva: «El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender».